EE UU gestionó mal la crisis del "síndrome de La Habana"

Una cadena de malas decisiones impidió llegar a la verdad, según un informe del Departamento de Estado

La bandera de Estados Unidos es izada frente a su embajada, en el Malecón de La Habana
Apertura de la ambajada de Estados Unidos en el Malecón de La Habana

Una gestión atropellada y caótica por parte de la Administración Trump del caso conocido como "síndrome de La Habana" comprometió, quizá para siempre, el acceso a una mayor información que permita esclarecer los hechos acontecidos en la Embajada de EE UU en Cuba entre finales de 2016 y principios de 2017 durante los que una veintena de funcionarios destinados en la Isla sufrieron daños cerebrales.

La conclusión aparece en un informe del Departamento de Estado que se realizó en 2018 y que ha sido desclasificado ahora a petición de la organización Archivo de Seguridad Nacional y filtrado a The Washington Post.

El documento, de 35 páginas, desglosa una cadena de errores que han supuesto una pérdida de información incalculable por los que posiblemente nunca llegue a saberse la verdad. Los especialistas del Departamento de Estado pidieron, de acuerdo con el texto, cautela a la hora de actuar a medida que fueron conociendo la situación de los funcionarios afectados. Esa prudencia permitía, a su juicio, obtener más datos sin levantar la liebre, pero el presidente tomó la decisión de acusar al Gobierno cubano sin que se hubiera podido previamente recabar pruebas. Después, ordenó la evacuación del 60% del personal y dejó vacantes un sinfín de puestos que habrían facilitado la investigación sobre el terreno.

Los especialistas del Departamento de Estado pidieron, de acuerdo con el texto, cautela a la hora de actuar a medida que fueron conociendo la situación de los funcionarios afectados

El informe señala concretamente como un error el hecho de no haber nombrado un grupo de trabajo, incluyendo un "responsable general" para la gestión de la crisis, además de mantener a personal en funciones.

"Como resultado, el esfuerzo integral de todo el Gobierno para identificar el mecanismo de las lesiones y los perpetradores, para comprender a las personas potencialmente afectadas, para tratar y rehabilitar a los empleados lesionados. . . nunca emergió ", indica el texto.

"Muchas comunicaciones relacionadas con los incidentes no viajaron en los canales habituales del Departamento de Estado y, por lo tanto, puede haber documentación que no se haya puesto a disposición", dice el informe, que lo atribuye a la precipitada reducción de personal que fue ordenada en septiembre de 2017 por el Secretario de Estado Rex Tillerson.

El texto sostiene que este movimiento "no parece haber seguido los procedimientos estándar del Departamento de Estado y no fue precedida ni seguida por ningún análisis formal de los riesgos y beneficios de la presencia física continua de empleados del Gobierno de Estados Unidos en La Habana", aunque tal evaluación es requerida por las reglas del Servicio Exterior, reza el documento.

Además, "el excesivo secretismo" de la CIA, que no quiso compartir información con el Departamento de Estado, "retrasó" la coordinación de una "respuesta adecuada".

Según el Post, a la salida de Tillerson de su cargo, Mike Pompeo tuvo conocimiento del documento clasificado, pero en vez de asumir el error decidió ahondar en él asegurando que se detectó que los "sistemas y procedimientos de seguridad del departamento eran en general adecuados y correctamente implementados". Además, ningún empleado del Gobierno había incurrido en errores o mala conducta, lo cual era técnicamente cierto, pues el informe critica al Ejecutivo y no a sus funcionarios.

El pasado enero se hizo público un informe del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades elaborado en diciembre de 2018 que indicaba que de las 95 personas cuyos síntomas eran compatibles con el síndrome de La Habana, 49 fueron descartadas, 31 eran casos posibles y 15 eran confirmados. De este último grupo, 9 (el 60%) tuvo una mejoría y los seis restantes se mantuvieron sin cambios.

Además, "el excesivo secretismo" de la CIA, que no quiso compartir información con el Departamento de Estado, "retrasó" la coordinación de una "respuesta adecuada"

El caso del "síndrome de La Habana", también conocido como "ataques acústicos" afecta a empleados de la embajada canadiense en Cuba y a estadounidenses en sedes diplomáticas de Moscú y varias ciudades chinas. Los síntomas de esta afección incluyen pérdida de audición, zumbidos en los oídos, vértigo, dolores de cabeza y fatiga, un patrón consistente con una leve lesión cerebral traumática.

Cuba se ha desligado en numerosas ocasiones de estos hechos que han sido atribuidos a armas de distinta índole, siendo las microondas las más consistentes. Las últimas investigaciones apuntan a la posibilidad de que Rusia esté en el origen de estos ataques.

Pero la falta de pruebas no ha permitido a día de hoy a EE UU presentar una hipótesis clara. El informe ahora público decía: "El mecanismo de la causa de las lesiones es actualmente desconocido. Desconocemos el motivo de estos incidentes, cuándo comenzaron realmente, o quién lo hizo".

Casi tres años después, poco antes de las elecciones, Pompeo admitió: "Es una situación muy complicada, y todavía no hay un análisis completo del Gobierno de Estados Unidos que definitivamente nos diga con precisión cómo llegaron a ser". La verdad podría no conocerse nunca.

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