"Rusiáfrica", el nuevo órdago geopolítico de Putin

Moscú quiere volver a una relación como la que ya hubo en tiempos de la URSS y finalizó con su caída

Putin junto a los líderes africanos en la cumbre de Sochi. (EFE)
Putin junto a los líderes africanos en la cumbre de Sochi. (EFE)

(EFE).- En un mundo multipolar donde las grandes potencias buscan expandir su influencia, el presidente Vladímir Putin ha lanzado un nuevo órdago geopolítico: la vuelta de Rusia a África tras la retirada que provocó la caída de la Unión Soviética.

El regreso del gigante ruso al continente se oficializó a bombo y platillo los pasados 23 y 24 de octubre en una histórica cumbre en la ciudad balneario de Sochi, a orillas del mar negro, donde Putin agasajó a 43 presidentes y miles de empresarios de África.

"El desarrollo de las relaciones con los países africanos y las organizaciones regionales es una de nuestras prioridades de política exterior", remarcó el líder del Kremlin en el foro, que se difundió en la red social Twitter con la llamativa etiqueta "#Russiafrica".

Putin despachó en plena cumbre a Sudáfrica dos bombarderos supersónicos Túpolev Tu-160, un imponente aparato que los rusos llaman «cisne blanco» por su color y líneas suaves

"Vemos a Rusia como un socio fiable del continente africano", replicó el jefe de Estado de Egipto, Abdelfatah al Sisi, presidente de turno de la Unión Africana (UA), quien copresidió la conferencia.

A modo de recordatorio por si alguien olvidaba la celebración del cónclave de Sochi, Putin despachó en plena cumbre a Sudáfrica dos bombarderos supersónicos Túpolev Tu-160, un imponente aparato que los rusos llaman «cisne blanco» por su color y líneas suaves.

Era la primera vez que el avión de combate más grande del mundo, capaz de disparar misiles nucleares, tomaba tierra en África. Todo un golpe de efecto del "zar" ruso para enviar un mensaje muy claro: la revitalización de los lazos de Rusia con el continente.

Ni mucho menos, la cumbre respondió a una decisión repentina del Kremlin. Numerosos países africanos mantuvieron estrechas relaciones con la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) durante la Guerra Fría (1947-1991) y, de hecho, muchos líderes políticos del continente se educaron en aquel periodo en instituciones soviéticas.

La URSS apoyó entonces los movimientos de liberación africanos durante la descolonización y prestó a los nuevos Estados ayuda financiera y militar, a fin de inculcarles su ideología comunista y contrarrestar la influencia de EE UU y otras potencias occidentales.

Con el derrumbe de la Unión Soviética en 1991, Rusia heredó sus lastres y África cayó en descuido hasta la llegada del nuevo milenio, cuando el ascenso al poder de Putin coincidió con el resurgir del continente.

La URSS apoyó entonces los movimientos de liberación africanos durante la descolonización y prestó a los nuevos Estados ayuda financiera y militar, a fin de inculcarles su ideología comunista

El punto de inflexión se produjo en 2014 a raíz de las sanciones occidentales impuestas a Rusia por la anexión de Crimea, un revés que forzó a Moscú a buscar nuevos socios y mercados en un orden mundial cada vez más cambiante y polarizado.

En el punto de mira del Kremlin apareció África: un continente con 1.200 millones de habitantes (la mitad, menores de 25 años) y un producto interior bruto (PIB) conjunto que se prevé que aumente de dos billones de dólares actuales a 29 billones antes de 2050.

"Rusia y África atraviesan un periodo de crecimiento dinámico y rápido avance tecnológico. El papel político de África también está en alza. Como decimos en Rusia, África es el continente del futuro", explica a Efe el embajador ruso en Kenia, Dmitry Maksimychev.

Por eso, añade Maksimychev, "es bastante natural para ambos aspirar a un nuevo tipo de cooperación cualitativamente basada en la igualdad, el respeto y la ganancia mutua".

Casi treinta años después del desplome de la URSS y más allá de las sonrisas y la camaradería exhibidas en Sochi, el redescubierto amor de Moscú por África suscita una pregunta intrigante: ¿Qué quiere realmente Rusia del continente?

Como ya sucediera en la época colonial o en la Guerra Fría, África emerge de nuevo como un tablero donde las grandes potencias mueven sus fichas en una disputa estratégica por los recursos naturales y el influjo sobre las voluntades de sus políticos.

En ese teatro regional, Rusia persigue "reafirmar su poder en el escenario mundial y necesita el apoyo de los países africanos, que forman el mayor bloque de voto en la ONU", señala a Efe el profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad del Estado de Nasarawa en Nigeria, Jideofor Adibe.

Como ya sucediera en la época colonial o en la Guerra Fría, África emerge de nuevo como un tablero donde las grandes potencias mueven sus fichas en una disputa estratégica por los recursos naturales

Esa estrategia ya hizo saltar las alarmas en la Casa Blanca a finales del año pasado, cuando el entonces asesor de Seguridad Nacional del presidente Donald Trump, John Bolton, acusó a Rusia de "vender armas y energía a cambio de votos en las Naciones Unidas".

La cooperación militar y de seguridad es una poderosa carta que juega Rusia, principal proveedor de armamento a los países africanos (35%) por delante de China (17%) o EE UU (9,6%), según datos del Instituto Internacional de Paz de Estocolmo del periodo 2012-2016.

Los tentáculos militares del Kremlin -que planea establecer una "base logística" en Eritrea, punto estratégico del Cuerno de África- incluso han colocado al exespía ruso Valery Zakharov como asesor de Seguridad Nacional del presidente de la inestable República Centroafricana (RCA), Faustin-Archange Touadéra.

En la RCA también entrena al Ejército centroafricano la fuerza de seguridad privada Wagner Group, supuestamente propiedad del oligarca ruso Yevgeny Prigozhin, llamado "el cocinero de Putin" por su amistad con el mandatario y sus negocios de restauración.

Esa sigilosa organización paramilitar, presente en una veintena de países africanos, fue foco de la atención mediática en julio de 2018, cuando tres periodistas rusos fueron asesinados en dicha república mientras investigaban la labor de sus mercenarios (Rusia insiste en que allí sólo tiene instructores militares).

Además, Wagner ha sido acusada de intervenir en conflictos como los de Ucrania o Libia como presunto agente de Moscú que opera en zonas donde el Kremlin no puede -o no quiere- desplegar soldados para proteger sus intereses.

Al igual que otras potencias, Rusia codicia la riqueza natural de África y empresas rusas han redoblado sus actividades mineras en países como RCA, República Democrática del Congo, Angola o Zimbabue, a la caza de oro, diamantes, cobalto y coltán, entre otros recursos.

Al igual que otras potencias, Rusia codicia la riqueza natural de África y empresas rusas han redoblado sus actividades mineras en varios países

El sector del petróleo y el gas también ha captado el interés de gigantes energéticos rusos como Gazprom o Lukoil, que poseen negocios en países como Nigeria, Uganda o Angola.

Un ámbito en el que Moscú se desmarca de sus competidores es la oferta de conocimiento y experiencia en materia de energía nuclear a naciones del continente, donde el boom demográfico acarrea la necesidad de responder mejor a una creciente demanda energética.

Así, la agencia atómica rusa Rosatom ha firmado memorandos y acuerdos para desarrollar energía nuclear con hasta dieciocho países africanos, incluidos Egipto, Ghana, Kenia, Zambia, Ruanda y Etiopía.

"Rusia ganará favores en África a través de más acuerdos energéticos", augura la jefa para esa región de la consultora de riesgos Verisk Maplecroft, Indigo Ellis, porque Moscú "ofrece inversión sin ataduras" frente a "los turbios préstamos de China" y los créditos "condicionales cada vez más escasos de Occidente".

Aunque el volumen de comercio entre Rusia y África pasó de 5.700 millones de dólares en 2009 a 20.000 millones de dólares en 2018, el Kremlin continúa siendo un actor económico relativamente menor en comparación con China, la Unión Europea (UE) o Estados Unidos.

El Kremlin continúa siendo un actor económico relativamente menor en comparación con China, la Unión Europea (UE) o Estados Unidos

"Yo creo que eso es demasiado poco", admitió Putin en Sochi, donde abogó por duplicar "como mínimo" el volumen comercial "en los próximos cuatro-cinco años".

Pese al ferviente deseo del "zar", Rusia "no dispone de los recursos financieros de China -primer socio comercial del continente desde hace una década- para construir infraestructura en África ni tampoco puede permitirse donar dinero", recuerda a Efe Kevin Kelley, corresponsal del periódico keniano Daily Nation en Nueva York.

Pero Rusia, matiza el profesor Adibe, sí comparte con China una "incomodidad con el actual orden de seguridad euroatlántico", de ahí que ambas potencias en África confraternicen en "un escenario en el que juegan a eso de el enemigo de mi enemigo es mi amigo".

¿Deberían preocuparse entonces potencias occidentales como EE UU y la UE ante la pujanza africana del Kremlin?. "Sí", contesta a Efe Jakkie Cilliers, cofundador del Instituto de Estudios de Seguridad (ISS) de Sudáfrica.

Porque Rusia -remacha Cilliers- "socava el imperio de la ley y los procesos de democratización que apoya Occidente".

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