Turquía reparte 337 cadenas perpetuas entre los acusados del golpe de 2016

Fethullah Güle, acusado también en el juicio, no ha asistido por no haber conseguido Ankara su extradición

Ciudadanos turcos en las calles después del golpe militar. (Twitter)
Ciudadanos turcos en las calles después del fallido golpe militar en 2016. (Twitter)

(EFE).- Tres años y medio después del fallido golpe de Estado que sacudió Turquía en 2016, los jueces han puesto fin este jueves a uno de los mayores juicios contra los responsables, con sentencias de cadena perpetua para 333 militares y cuatro civiles.

En el macrojuicio había 475 acusados, casi todos militares, de los que solo 70 han sido absueltos, mientras que los demás han recibido condenas de diversa gravedad, en su mayoría cadena perpetua, informa la agencia turca Anadolu.

Entre los reos más destacados hay 25 pilotos militares que en la noche del golpe, el 15 de julio de 2016, despegaron con cazabombarderos de la base aérea de Akinci, cerca de Ankara, que los militares sublevados habían convertido en su cuartel central.

Entre los reos más destacados hay 25 pilotos militares que en la noche del golpe, el 15 de julio de 2016, despegaron con cazabombarderos de la base aérea de Akinci

Once de estos pilotos lanzaron bombas sobre la ciudad, una academia policial, el Parlamento y un cruce cercano al palacio presidencial, matando a 68 personas, a lo que se añaden otros nueve civiles muertos en otros enfrentamientos, lo que lleva el total de víctimas en Ankara a 77.

Por ello, cada uno de esos pilotos como otros acusados considerados máximos responsables de la operación, han recibido 79 cadenas perpetuas agravadas, una por cada víctima, más una por "intentar derrocar el orden constitucional" y otra por "intento de asesinar al presidente".

El jefe de Estado, Recep Tayyip Erdogan, no se hallaba aquella noche en Ankara sino en un hotel de la ciudad costera de Marmaris que fue asaltado por un comando golpista horas después de que el mandatario lo hubiera abandonado.

La máxima pena también se ha impuesto a cuatro civiles, considerados 'imames' o miembros de alto rango de la cofradía del predicador Fethullah Gülen, exiliado desde 1999 en Estados Unidos y considerado por Ankara instigador del golpe, extremo que el anciano teólogo siempre ha negado.

El propio Gülen está acusado en este juicio pero al no haber conseguido Turquía su extradición, su causa ha sido apartada hoy, junto a la de otras cinco personas en busca y captura.

El propio Gülen está acusado en este juicio pero al no haber conseguido Turquía su extradición, su causa ha sido apartada hoy, junto a la de otras cinco personas en busca y captura

El juicio arrancó en agosto de 2017 y de los 475 acusados, 365 se hallaban en prisión preventiva y 104 en libertad condicional, a lo que se añaden los seis fugados.

En total, 291 acusados han sido condenado hoy a una o varias cadenas perpetuas agravadas y 46 a la perpetua simple, según el recuento de la agencia Anadolu.

Otros 19 militares han recibido condenas de entre 12 y 16 años por "colaboración con el intento de derrocar el orden constitucional" mientras que 41 fueron sentenciados a penas de entre 6 y 9 años por ser "miembros de una organización terrorista armada", en referencia a la cofradía de Gülen.

La lectura de la sentencia, después de tres años y medio de sesiones, ha tenido lugar en el centro penitenciario de Sincan, en Ankara, donde las medidas de seguridad son extremas hoy.

Tras el fallido golpe de Estado, cuyos máximos dirigentes militares nunca han confesado públicamente su adhesión a Gülen, el Gobierno turco lanzó amplias purgas en la Administración y el sector educativo

La cofradía de Gülen, fundada en los años 70, empezó a colocar a sus miembros en la Administración, la Judicatura, la Policía y, con enorme sigilo, en las Fuerzas Armadas, creando una red que sus críticos han definido como un "Estado paralelo" dedicado a tomar el poder para convertir Turquía en un país islámico confesional.

Tras la victoria del partido islamista Justicia y Desarrollo (AKP) en 2001, bajo la batuta de Recep Tayyip Erdogan, el movimiento gülenista se alió con el Ejecutivo para marginar a los poderosos sectores laicos, pero este pacto se rompió en 2013, dando lugar a una encarnizada lucha de poder entre gülenistas y AKP.

Tras el fallido golpe de Estado, cuyos máximos dirigentes militares nunca han confesado públicamente su adhesión a Gülen, el Gobierno turco lanzó amplias purgas en la Administración y el sector educativo, despidiendo a más de 130.000 empleados y deteniendo a más de 100.000 personas.

Alrededor de 50.000 personas, la inmensa mayoría civiles, pasaron a prisión preventiva, aunque el año pasado, solo 28.000 quedaban entre rejas.

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