El ébola deja más de 5.000 muertos en el Congo y se abre paso hacia otros países
Salud
La epidemia acumula más de 10.000 contagios. El recorrido de un enfermo que viajó por tres países antes de morir en Kenia revela las dificultades para contener el virus
La Habana/La epidemia de ébola que golpea a la República Democrática del Congo (RDC) ha superado los 5.000 muertos y continúa extendiéndose por África, mientras las autoridades sanitarias intentan contener un virus que ya ha cruzado varias fronteras. Desde que se declaró el brote, el pasado 15 de mayo, se han confirmado 10.351 contagios y 5.026 fallecimientos, según los datos del Instituto Nacional de Salud Pública congoleño, actualizados hasta el 29 de octubre.
La cifra supone una tasa de letalidad del 48,6%: prácticamente uno de cada dos pacientes diagnosticados ha muerto. Otros 2.788 han logrado recuperarse y 1.101 permanecen hospitalizados o en aislamiento. La enfermedad afecta principalmente a las provincias orientales de Ituri y Kivu del Norte, donde los conflictos armados, las dificultades de acceso a los servicios médicos y los retrasos en el diagnóstico complican la respuesta sanitaria.
El brote es ya el segundo más mortífero registrado en el mundo, solo por detrás de la epidemia que devastó África occidental entre 2014 y 2016, cuando murieron unas 11.000 personas. La variante responsable de la crisis actual es Bundibugyo, para la que todavía no existen vacunas ni tratamientos específicos aprobados.
El hombre siguió desplazándose mientras su enfermedad permanecía sin identificar
Pero las estadísticas no cuentan por sí solas cómo una enfermedad puede abrirse paso a través de miles de kilómetros. Para entenderlo basta seguir el recorrido de un hombre que, a comienzos de octubre, llegó enfermo a Nairobi después de atravesar la República Democrática del Congo y Uganda.
Su viaje había comenzado mucho antes. A finales de agosto se encontraba en Buta, en el norte congoleño, y durante los primeros días de septiembre trabajó en la zona de Aketi. Después se trasladó a Likati acompañado de su hermano. Allí comenzó a sentirse mal y recibió tratamiento en su domicilio. Los síntomas persistieron y, entre el 17 y el 19 de septiembre, fue ingresado en un centro sanitario de Bondo.
El hombre siguió desplazándose mientras su enfermedad permanecía sin identificar. Voló a Kisangani, donde volvió a buscar atención médica, y posteriormente a Beni, en el este del Congo. Desde allí cruzó por carretera la frontera con Uganda, pasó por Kampala y llegó al aeropuerto de Entebbe.
El 3 de octubre abordó un avión con destino a Nairobi. Aterrizó alrededor de la una de la tarde y fue trasladado en un automóvil particular al Nairobi Hospital, donde quedó aislado. Dos días después murió. Las pruebas confirmaron que estaba infectado por el virus de Bundibugyo.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconstruyó su itinerario en un mapa que recoge 14 etapas, desde finales de agosto hasta su entierro, el 6 de octubre. La sucesión de localidades, hospitales, carreteras y aeropuertos muestra la complejidad de rastrear los contactos de una persona que ha recorrido varios países antes de recibir un diagnóstico.
En Kenia se identificaron ocho contagios adicionales relacionados con el primer paciente. Entre los infectados había cuatro familiares y cuatro trabajadores sanitarios. Hasta el 26 de octubre, el país acumulaba nueve casos y dos fallecidos, aunque las autoridades no habían detectado una transmisión comunitaria más amplia.
La expansión ha encendido las alarmas de la OMS y de los organismos sanitarios de la Unión Africana, que esta semana reclamaron una respuesta coordinada
La epidemia también alcanzó Uganda, donde se registraron 20 casos confirmados, incluidos 15 importados del Congo, y dos muertes. La OMS declaró terminado aquel brote el 26 de agosto. Nigeria, por su parte, confirmó en octubre un contagio relacionado con la crisis regional.
La expansión ha encendido las alarmas de la OMS y de los organismos sanitarios de la Unión Africana, que esta semana reclamaron una respuesta coordinada. La vigilancia de las fronteras, el seguimiento de los contactos y la identificación temprana de los enfermos se han convertido en prioridades para evitar que el virus encuentre nuevas rutas de propagación.
En el Congo, sin embargo, el problema comienza mucho antes de llegar a un aeropuerto. Numerosos enfermos fallecen fuera de los centros de tratamiento, sin haber recibido atención especializada. Las dificultades para detectar los casos a tiempo favorecen que la infección continúe circulando entre familiares, cuidadores y comunidades enteras.
Mientras se desarrollan vacunas experimentales contra la variante Bundibugyo, los equipos sanitarios dependen principalmente del aislamiento, la atención de apoyo y la localización de contactos. Cada diagnóstico tardío puede abrir una nueva cadena de transmisión.