Júbilo, esperanza e incertidumbre: las reacciones de los cubanos en España ante la captura de Maduro
Reacciones
Para quienes huyeron de la represión, ver pancartas que presentan al dictador como "víctima" resulta ofensivo
Madrid/La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el pasado 3 de enero no solo ha sacudido la geopolítica latinoamericana. Al otro lado del Atlántico, el impacto se siente en las comunidades de cubanos y venezolanos que viven en España, así como entre los españoles que mantienen vínculos estrechos con Cuba, familiares, afectivos o económicos. Más allá del ruido mediático, el termómetro social revela un mosaico de reacciones que van del júbilo a la incertidumbre.
En Madrid, la Puerta del Sol fue escenario de una celebración espontánea de ciudadanos venezolanos que se enteraron de la captura de Maduro casi en tiempo real. Cientos de personas –sin convocatoria formal– se congregaron con banderas, música y consignas de “¡Venezuela libre!”. Hubo abrazos, bailes y lágrimas. Varios cubanos residentes en la capital española se sumaron a la celebración de quienes llevan años huyendo del colapso económico y la represión, repitiendo la frase: “¡Cuba es la próxima!”.
También se produjeron manifestaciones entre grupos de izquierda en apoyo al dictador venezolano. Los actos de “solidaridad” con Maduro, convocados en nombre del “derecho internacional”, han provocado una reacción inmediata y airada entre venezolanos y cubanos residentes en España. Las comunidades exiliadas denuncian la ausencia de venezolanos en esas concentraciones, así como la falta de empatía hacia las millones de personas afectadas por el régimen chavista. Para quienes huyeron de la represión, ver pancartas que presentan a Maduro como víctima de una agresión externa resulta ofensivo, porque sienten que se invisibilizan deliberadamente el hambre, la persecución política y el colapso institucional que los obligaron a abandonar su país.
Entre los cubanos en España, la reacción ha sido igualmente dura, aunque atravesada por una amarga sensación de déjà vu. Muchos reconocen en esas movilizaciones el mismo discurso que durante décadas justificó la represión en Cuba bajo la coartada del “antiimperialismo”. Las manifestaciones pro-Maduro representan, para ellos, una negación explícita de su propia experiencia frente a regímenes que, en nombre de una supuesta soberanía, han violado sistemáticamente los derechos de su propio pueblo.
A la ansiedad por un posible colapso energético se suma la inquietud del empresariado español con intereses en la Isla, especialmente en el sector turístico
Pero incluso dentro del júbilo se filtra la cautela. En conversaciones con este diario, varios venezolanos en España subrayan que la euforia no despeja las dudas. “Es un momento histórico, pero no sabemos si esto se traducirá en un cambio real hacia la democracia”, afirma uno de ellos, que pidió anonimato. La permanencia de figuras del chavismo en posiciones de poder y el nombramiento de Delcy Rodríguez como presidenta interina alimentan el temor de una continuidad con otros nombres o una escalada de violencia interna que complique cualquier transición.
Por su parte, una gallega residente en Cuba, vinculada a sociedades culturales, expresó sus temores en declaraciones recogidas por El Correo Gallego. Su alarma “concreta” es el petróleo. Las termoeléctricas de la Isla dependen del crudo y, con un suministro ya limitado, perder envíos preferenciales desde Venezuela –o verlos aún más reducidos– “podría empeorar todavía más la situación actual”. También evocó el fantasma de 1962 y el temor a otra crisis de los misiles: “Tenemos un ojo mirando al cielo”, afirmó.
A la ansiedad por un posible colapso energético se suma la inquietud del empresariado español con intereses en la Isla, especialmente en el sector turístico. Cadenas hoteleras y gestores temen un empeoramiento de la operatividad por los apagones, la falta de combustible, una mayor caída del turismo y el riesgo de sanciones secundarias de Estados Unidos por sus vínculos con empresas estatales cubanas controladas por el aparato militar.
Entre los cubanos de la diáspora, la lectura también va más allá de Venezuela. Una interrupción significativa del suministro podría traducirse en más apagones, mayor escasez de combustibles y una precariedad aún más severa para sus familiares en Cuba. El temor principal es que el régimen –acostumbrado a sobrevivir a costa del deterioro cotidiano de la población– prolongue la pobreza como estrategia de supervivencia.
“Si todo esto se basa únicamente en el petróleo y los recursos, nadie irá por Díaz-Canel, porque ya en Cuba no tenemos ni azúcar”
Al mismo tiempo, el momento ha reavivado debates internos sobre el futuro político de la Isla. En redes sociales se observa una polarización creciente: desde quienes respaldan cualquier vía de cambio –incluso impulsada militarmente desde fuera– hasta quienes rechazan de plano cualquier escenario que no sitúe en el centro la democracia y los derechos humanos. Algunos activistas temen que el aparato militar del régimen cubano –paranoico y desmoralizado tras su desastre en Caracas– se “desquite” aumentando la represión dentro de la Isla.
No faltan quienes expresan su escepticismo. “Si todo esto se basa únicamente en el petróleo y los recursos, nadie irá por Díaz-Canel, porque ya en Cuba no tenemos ni azúcar”, confiesa a este diario un cubano que lleva más de 30 años viviendo en España. Recuerda haber vivido un momento de esperanza similar cuando el régimen perdió de golpe a sus aliados de Europa del Este en los años noventa. “Es cierto que el Gobierno actual en la Isla es más mediocre y ahora están con la moral en el piso, después de la fragilidad demostrada frente a las tropas norteamericanas en Caracas”, añade.
Para muchos, la captura de Maduro ha sido un rayo de esperanza tras años de represión y crisis. Para otros, un recordatorio de que los cambios abruptos rara vez ofrecen garantías inmediatas. Cubanos, venezolanos y españoles con lazos transatlánticos coinciden en algo: se encuentran ante un punto de inflexión, donde la historia parece avanzar más rápido que la capacidad de analizarla. Entre la celebración y la incertidumbre, el futuro vuelve a ser una pregunta abierta.