Los cubanos atascados en Colombia piden un "puente humanitario" hacia Panamá

'14ymedio' sigue en directo la salida en lancha de un grupo de migrantes hacia el pueblo fronterizo de Capurganá

"Han estado saliendo muchas lanchas ilegales, pero nosotros no tenemos dinero para pagarlas, por lo que nos tocó quedarnos en la playa", dice un migrante cubano en Colombia, a la espera de poder llegar a Panamá. (Captura)
"Han estado saliendo muchas lanchas ilegales, pero nosotros no tenemos dinero para pagarlas, por lo que nos tocó quedarnos en la playa", dice un migrante cubano en Colombia, a la espera de poder llegar a Panamá. (Captura)

La vida de más de un millar de migrantes atrapados en Necoclí, Colombia, discurre en carpas entre hambre y enfermedades por las pésimas condiciones de salubridad, mientras este jueves un primer grupo ha logrado zarpar a bordo de una lancha con destino a la frontera panameña. Al llegar a Capurganá intentarán conseguir el apoyo de las autoridades locales para crear un "puente humanitario" que les permita llegar al país vecino sin tener que cruzar a pie la inhóspita selva del Darién.

"Han estado saliendo muchas lanchas ilegales, pero nosotros no tenemos dinero para pagarlas, por lo que nos tocó quedarnos en la playa", cuenta a 14ymedio Emanuel Novoa, un habanero que llegó desde Uruguay a este punto fronterizo del departamento colombiano de Antioquia, donde comparte destino con decenas de cubanos (23, según fuentes oficiales, aunque se comenta en el pueblo que son en realidad bastante más).

La suerte le ha llegado este jueves, cuenta en directo a 14ymedio Novoa, ya que ha podido finalmente subirse a una lancha que lo está llevando a la frontera panameña por 65 dólares, en lugar de los 400 que llegaron a pedirle los coyotes. Desde el pueblo turístico de Capurganá, donde llegará dentro de unas horas, estará apenas a 45 minutos de lancha del puerto panameño de Puerto Obaldía. Sin embargo, el cruce de la frontera podría complicarse.

El cierre fronterizo entre Colombia y Panamá por la pandemia, anunciado el pasado 15 de enero, hecho que cientos de migrantes se hayan acumulado en Necoclí, la mayoría procedentes de Haití, Cuba y distintos países africanos. El creciente campamento improvisado ha alarmado a las autoridades, que, finalmente, empiezan a tomar decisiones para evitar lo que es potencialmente un grave foco de propagación de epidemia.

"Han pasado este tiempo durmiendo en carpas, hacinados o a la intemperie, sin agua, sin comida para los niños. Las personas mayores incluso han tenido diarrea y vómitos"

"No fue hasta la llegada de la prensa aquí en Necoclí que nuestra historia comenzó a cambiar, sobre todo por el corresponsal de Telemundo 51", confiesa Novoa, de tan solo 26 años. "Solo entonces vimos una luz al final del túnel con respecto a la venta de tickets por parte de la empresa del Gobierno que se dedica a trasladar a turistas hacia el otro lado del Golfo de Urabá".

El martes, las autoridades colombianas en coordinación con las panameñas, iniciaron la venta de los boletos y este jueves está previsto que comience el tránsito legal de los migrantes en lanchas.

Daniel Muñoz, el reportero de Telemundo 51 que "obró el milagro", cuenta a este diario la dura experiencia que han vivido los migrantes. "Han pasado este tiempo durmiendo en carpas, hacinados o a la intemperie, sin agua, sin comida para los niños. Las personas mayores incluso han tenido diarrea y vómitos".

Según el periodista, la supervivencia de la mayoría ha dependido en buena parte de la ayuda de los residentes más cercanos. "Para cocinar juntan maderas, trozos de árboles, papeles o basura. Y lo que pueden preparar es lo que los pobladores les regalan, como plátanos maduros y verdes, o el aceite usado, que para los migrantes es una bendición, porque es lo único que tienen para, al menos, freír un huevo", agrega Muñoz.

Necoclí ha registrado un bajo nivel de contagios de covid-19, explica el reportero, pero la situación en el asentamiento es extrema, entre otros factores, porque el municipio no tiene agua potable. "Imagínense cómo se puede estar transmitiendo el virus en el lugar, cuando nadie usa mascarilla, ni se puede lavar las manos ni usar ningún gel".

Los migrantes albergan la esperanza de que, debido a la pandemia, Colombia y Panamá creen un puente humanitario, como han pedido varios legisladores, pero las autoridades no se han manifestado al respecto y es algo que nunca ha sucedido.

Sin embargo, Novoa insiste: "No vamos a pasar por los diferentes campamentos del Darién, eso fue lo que nos explicaron las autoridades, que nos llevarán hasta una ciudad panameña para no tener contactos con residentes".

Según su versión, los migrantes cubanos serían trasladados primero a Capurganá (en Chocó, Colombia) y de ahí a otros puntos, "pero siempre asesorados por guías del Gobierno colombiano que nos van a apoyar por el camino y nos irán recibiendo de un sitio a otro".

"Me fui de Cuba por la falta de oportunidades, por la situación económica, la represión; pero sobre todo buscando un futuro mejor y buscando libertad"

Novoa era maestro en Cuba, donde cursaba el tercer año de Educación Especial en el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona, pero el 31 de enero de 2020 decidió salir de la Isla para mejorar su futuro. "Llegué a Surinam y pretendía quedarme allí, pero me di cuenta de que en ese país había mucho desempleo y un nivel de vida muy bajo".

Eso lo llevó hasta Uruguay, su segunda parada. "Me tocó atravesar Guyana y Brasil. Me encontré en el trayecto a policías muy corruptos", afirma el joven, al que incluso estafó un cubano que lo llevó con el coyote que iba a viajar. "Ya en Brasil, con la ayuda de unos amigos venezolanos que conocí, llegué a Uruguay, donde estuve diez meses".

Su objetivo, en todo caso, era ir a EE UU, hacia donde salió el pasado 15 de diciembre tras reunir algo de dinero y organizar una caravana con otros 14 compatriotas. El grupo viajó por trochas y bordeando retenes migratorios de Brasil, Perú y Ecuador, hasta llegar a Ipiales, en el sur de Colombia. De ahí, negociando con "policías corruptos", continuó la ruta en bus por Cali y Medellín, hasta arribar a Necoclí.

En el improvisado campamento de la población hay también embarazadas y niños pequeños. Surayma Bosque, una de las integrantes del grupo impulsado por Novoa, viajó junto a su esposo y sus dos hijos, de 6 y 3 años.

"Me fui de Cuba por la falta de oportunidades, por la situación económica, la represión; pero sobre todo buscando un futuro mejor y buscando libertad", asegura Bosque. En Uruguay, donde no tuvieron oportunidad de encontrar trabajo, no les fue bien y se lanzaron a esta aventura, ahora en pausa.

"Es sacrificado para mis hijos y para mí, pero creo que va a valer la pena para llegar a nuestro destino y poder ofrecerle un mejor futuro a ellos. Por eso estamos luchando todos los cubanos que vamos camino a EE UU", dice con seguridad.

La habanera, de 33 años, sabe que se ha embarcado en un "largo viaje donde suceden muchas cosas" pero de algo está convencida: "De no poder entrar a EE UU me quedaré en México. Regresar a Cuba no es una de mis opciones. Y tengo fe en que lo vamos a lograr".

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