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La Rusia de Putin se parece cada vez más a la de Iván el Terrible

Crónica

Al igual que ocurre con Stalin, las autoridades están intentando rehabilitar la imagen del tirano medieval ruso

El presidente ruso, Vladímir Putin, en una imagen de archivo. / EFE/Vyacheslav Prokofyev
EFE

02 de abril 2026 - 07:08

Moscú/El zar Iván IV, más conocido como el Terrible, vivió durante la segunda mitad de su mandato en un monasterio (1564-1581), desde el que dirigió la Opríchnina, una campaña de terror y expolio que a muchos les recuerda lo que está ocurriendo durante los últimos años en Ucrania.

Al igual que ocurre con Stalin, las autoridades están intentando rehabilitar la imagen del tirano medieval ruso, quien no fue incluido en el famoso monumento a los mil años de la historia de Rusia erigido en 1862, ya que el entonces monarca ruso, Alejandro II, lo consideró indigno de dicho honor.

Los historiadores consideran que la primera parte del mandato de Iván el Terrible fue positiva para el Estado moderno ruso forjado por su abuelo, Iván III, ya que creó una burocracia estatal y limitó el poder de la nobleza. A esto hay que añadir el comienzo de la conquista de Siberia y la victoria sobre los canatos por el control de la cuenca del Volga.

Durante dos meses se ausentó de Moscú con el argumento de que no podía gobernar rodeado de enemigos y traidores

Durante sus primeros años en el poder puso los cimientos del futuro imperio ruso, ya que creó un consejo estatal integrado por nobles y religiosos (Rada) y un protoparlamento feudal (Asamblea de la Tierra), compuesto por burócratas, burgueses, comerciantes y ciudadanos.

Con todo, el zar que había comenzado con un reformista se tornó en un dictador sanguinario, a lo que contribuyeron las paranoias y manía persecutoria que sufría desde pronta edad –asumió el trono con tres años–, y la repentina muerte de su esposa Anastasia en 1560.

De un día para otro –el 3 de diciembre de 1564–, abdicó y se retiró a una monasterio situado en la región de Vladímir, conocido como Alexándrovskaya Slobodá.

Durante dos meses se ausentó de Moscú con el argumento de que no podía gobernar rodeado de enemigos y traidores. Sólo aceptó volver cuando los nobles y clérigos se lo pidieron encarecidamente, aunque no abandonó el monasterio.

La Opríchnina contó también con una guardia pretoriana, en la que regía una disciplina religiosa y una obediencia ciega a las órdenes del zar

Iván IV puso como condición el que se le concediera la prerrogativa de perseguir sin restricciones legales a los que él considerara traidores y el derecho a confiscar las tierras y propiedades de sus enemigos sin injerencia de los boyardos o de la iglesia.

Dicho y hecho. El déspota creó un Estado dentro del Estado con capital en un monasterio protegido por un imponente Kremlin. Para ello se sirvió de la Opríchnina (1565-1572).

Aunque a veces ese concepto ha sido comparado con una policía secreta como el KGB, en realidad consistió en un territorio de Rusia donde se impuso un estado de excepción que permitía adoptar arbitrariamente medidas de represión y expropiación contra la nobleza hereditaria y la Iglesia, a los que consideraba sus mayores enemigos.

La Opríchnina contó también con una guardia pretoriana, en la que regía una disciplina religiosa y una obediencia ciega a las órdenes del zar, que alcanzaron su punto culminante con el asesinato de miles de personas en la rebelde ciudad libre de Veliki Nóvgorod (1570).

La campaña de Livonia, que se prolongó durante 25 años, acabó en una humillante derrota por el control de la región báltica

La comparación con lo que ocurre ahora en la campaña militar lanzada en Ucrania por al actual líder ruso, Vladímir Putin, es inevitable, ya que los historiadores consideran que la expropiación de la nobleza sirvió para financiar el esfuerzo militar en Livonia, pero esa guerra por lograr una salida al mar Báltico fue un absoluto fracaso.

La campaña de Livonia, que se prolongó durante 25 años, acabó en una humillante derrota por el control de la región báltica –Rusia perdió todos los territorios que había conquistado– y la ruina económica para el Estado.

Ésta y otras derrotas –los tártaros atacaron y quemaron Moscú; nació el reino Polonia-Lituania y se forjó la intervención militar aliada de Polonia, Suecia y Dinamarca– condujeron a la debilidad del Estado ruso.

Como consecuencia, el Segundo Estado Ruso que nació con la liberación del yugo mongol desapareció durante la Smuta (Tiempos Turbios, 1598-1613), en la que los polacos incluso tomaron Moscú.

El exiliado escritor ruso Vladímir Sorokin pronosticó en su distopía El día del Opríchnik –libro dedicado al siniestro líder de la Opríchnina, Maliuta Skurátov– que en 2027 un zar absolutista reinaría desde el Kremlin un país rodeado por una Gran Muralla y con una lengua plagada de palabras chinas.

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