Para Alicia Alonso, funerales bajo estricta vigilancia y con poco público

Al filo de las diez de la mañana de este sábado no se veía una cola de gente esperando en las cercanías del Gran Teatro de La Habana

Se ha instalado un escáner de seguridad en la entrada lateral del Gran Teatro de La Habana "Alicia Alonso". (14ymedio)
Se ha instalado un escáner de seguridad en la entrada lateral del Gran Teatro de La Habana "Alicia Alonso". (14ymedio)

La despedida de la bailarina Alicia Alonso, fallecida el pasado jueves en La Habana a los 98 años, se está pareciendo mucho a sus últimos momentos. Si la reconocida intérprete de Giselle estuvo parte de su vida arropada por el poder y rindiendo pleitesía al oficialismo cubano, sus funerales tienen la pompa del adiós a un jefe de Estado o a un líder político, pero sin la presencia popular que se esperaría de tan larga existencia artística.

Al filo de las diez de la mañana de este sábado no se veía una cola de gente esperando en las cercanías del Gran Teatro de La Habana, que desde hace varios años lleva el nombre de la Prima ballerina assoluta, y que ha sido el lugar donde fueron depositados sus restos para que "el pueblo" le rinda un último homenaje. Apenas una veintena de curiosos quedaban en el lugar a esa hora y la mayoría eran periodistas oficiales y corresponsales extranjeros.

Lo que sí se nota bastante alrededor del teatro es la presencia de un enorme aparato de seguridad que incluye carros patrulleros, elementos de la motorizada policial, ambulancias, equipos de los bomberos y, algo sorprendente, una puerta de entrada con un escáner de seguridad similar al que se encuentra en los aeropuertos, algunos edificios de Gobierno y las instituciones estratégicas de un país.

La extensa explanada frente al teatro, desde la calle San Martín hasta Neptuno, permanecía cerrada con barreras

La extensa explanada frente al teatro, desde la calle San Martín hasta Neptuno, permanecía cerrada con barreras. La entrada principal quedó reservada para personalidades y el resto debe entrar por el Boulevard de San Rafael, donde eran más visibles aún las medidas de seguridad. Todo el aparataje, se ve aún más desproporcionado debido a la poca afluencia de público.

La artista que fue aclamada en los escenarios y ensalzada en los obituarios oficiales que han colmado los medios en los últimos días, llevaba muchos años sin conectar con el público cubano, que la veía más como un ser distante, elevado a las cimas del Parnaso cultural y separada completamente de la cotidianidad de la Isla. De muchas formas, había sido endiosada y santificada mucho antes de morir.

De manera que a las cinco de la tarde cuando se proceda a la inhumación en el cementerio de Colón de La Habana, para muchos será como cerrar la última página de un libro que lleva en su lomo el título de Siglo XX. Con la muerte de Alicia Alonso, uno de las artistas más importantes de esa centuria, llega a su fin también una era de liderazgos inflamados y de figuras sobredimensionadas.

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