Animales muertos, heces y plásticos cubren el río Quibú a su paso por La Habana

Vecinos denuncian una delicada situación epidemiológica y ecológica provocada por la acumulación de desechos sólidos

"Río Quibú, nadie lavó en tus orillas", coreaba en los años ochenta el trovador Frank Delgado. Tres décadas después el panorama no ha mejorado en los alrededores del río que atraviesa los barrios del oeste de La Habana.

Los vecinos denuncian una delicada situación epidemiológica y ecológica provocada por la gran acumulación de desechos sólidos que arrastra el río.

"Te puedes encontrar cualquier cosa, desde un puerco muerto flotando, hasta armarios, sillas, mesas o heces cuando hay inundaciones", dice una habitante de la parte baja de la cuenca, muy cerca de la zona costera.

A lo largo de su recorrido, cuentan los pobladores a 14ymedio, el río recibe varios desagües y la basura que tira la gente. Además, aseguran que un proyecto que se inició en 2006 para ampliar la desembocadura del río y evitar las inundaciones "no se ha terminado" y no se ha hablado más de él.

"Te puedes encontrar cualquier cosa, desde un puerco muerto flotando, hasta armarios, sillas, mesas o heces cuando hay inundaciones", dice una habitante de la parte baja de la cuenca

Algunos de los vecinos insisten en la necesidad de retomar la idea del dragado para evitar la acumulación de basura y aseguran que cada año plantean este tema a distintas instituciones y organismos responsables, además de ser un asunto recurrente en las asambleas de rendición de cuenta de la comunidad.

El biólogo Isbel Díaz asegura que "no hay un proyecto para higienizar el río de modo integral" y, aunque en algunos lugares se hacen trabajos de saneamiento, esto no "representa nada cuando el río se adentra en la ciudad". Para Díaz el hecho de que no exista un proyecto con este objetivo tiene que ver con que las aguas transcurren "por un lugar que es de los menos privilegiados" y que "están más lejos del ojo del turista".

La cuenca del río Quibú se ubica dentro de la Ciudad de La Habana y pasa por los municipios de Marianao, Playa, La Lisa y Boyeros, sumando 16 Consejos Populares que en la mayoría de los casos se componen de poblaciones en situaciones económicas muy precarias, como los barrios de Siboney, Buena Vista, Zamora, Santa Felicia, Pogolotti, Balcón de la Lisa, San Agustín, Alturas de la Lisa, El Cano y Wajay.

De acuerdo con algunos estudios científicos realizados en la última década, las principales actividades económicas que se realizan en sus alrededores están relacionadas con la agricultura y la investigación científica. Según varios trabajos universitarios de la Universidad de La Habana (UH), los problemas ambientales del Quibú han sido evaluados como de "gran envergadura" y el río está considerado como uno de los más contaminados de la ciudad.

Una tesis de maestría de la UH sobre manejo de zonas costeras, publicada por Edgar Alexander Amaya Vasquez en 2015, sostiene que el origen de la contaminación de la cuenca del Quibú es de origen tanto doméstico como industrial, entre estos últimos se menciona la presencia de metales pesados, detergentes, plaguicidas, aceites y productos petroquímicos. La contaminación del río, cuyo nivel es superior a la establecida por la Norma Cubana de Calidad Sanitaria, se extiende a buena parte de la zona costera, utilizada con frecuencia por los bañistas.

Según varios trabajos universitarios de la Universidad de La Habana (UH), los problemas ambientales del Quibú han sido evaluados como de "gran envergadura"

Habitantes de la ribera del río cuentan que los focos de mosquitos son frecuentes y que muchas personas se han contagiado ya de enfermedades como el zika o el dengue. "Los patios están llenos de mosquitos y ratones, hay que tener siempre puesto veneno porque si no se te cuelan para dentro de la casa", aseguran. A medida que el río se acerca a la desembocadura en sus orillas se acumulan todo tipo de desechos sólidos, pomos y jabas de plástico, así como zapatos viejos, un escenario ideal para la proliferación de insectos y roedores.

Díaz advierte que, aunque el agua del río no se bebe, sí se utiliza para otros fines como la agricultura, de manera que la contaminación puede llegar "al sistema digestivo del ser humano por una vía indirecta".

En febrero de 2017 entró en vigor la Ley de las Aguas Terrestres en Cuba, que regula entre otras cuestiones el vertimiento de residuales líquidos y sólidos en las aguas del país pero todavía está por evaluar el impacto que ha tenido en el medio ambiente esta legislación.

Este diario no ha encontrado una sola persona o empresa que haya sido multada por verter al río basura o desechos sin tratamiento, lo que ha contribuido a crear una situación de impunidad para los responsables de la contaminación.

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