"Nosotros vamos a hacer la cola, pero ellos tienen que abastecer", reclaman los clientes

Una avalancha de compradores intentó conseguir comida, en medio de un Viernes Santo marcado más por la ansiedad que el recogimiento

Todos en la larga fila llevan en la cara un trozo de tela, pero pocos guardan la debida distancia. (14ymedio)
Todos en la larga fila llevan en la cara un trozo de tela, pero pocos guardan la debida distancia. (14ymedio)

"De aquí no me voy hasta que compre algo", dijo en tono categórico una señora a las afueras de una tienda habanera. El anuncio oficial del cierre este sábado de los centros comerciales y la cancelación del transporte público desató una avalancha de compradores que intentó conseguir previamente comida, en medio de un Viernes Santo marcado más por la ansiedad que el recogimiento.

"No importa si es picadillo, hamburguesa o pollo pero tengo que salir de aquí con algo en las manos, porque en mi casa no hay nada que comer", repitió la señora cuando la incertidumbre recorrió la fila. "No, no se sabe, todavía no han abierto y nadie sabe qué es lo que hay dentro", aclaraba un hombre a los curiosos que pasaban y preguntaban por los productos a la venta en esta tienda de El Cerro.

La confusión marcó toda una jornada que, desde 2012, ha sido feriada en Cuba tras la visita del papa papa Benedicto XVI a la Isla, cuando las autoridades decretaron festivo el Viernes Santo. La tradición de pasar el día en familia se ha ido recuperando poco a poco después de décadas de estricto ateísmo, pero ante el avance del coronavirus la gente ha preferido optar por hacerse con productos básicos.

La desazón, las aglomeraciones y hasta las peleas no fueron privativas de los barrios más populares de la capital cubana. Hasta en el tranquilo Nuevo Vedado, en el municipio de Plaza de Revolución, frente a cada tienda se alargaba una cola, una escena que no es extraña en la Isla pero que en las últimas semanas se ha vuelto aún más repetida.

Ante el llamado de las autoridades a mantener la disciplina en las filas, evitar el contacto físico y no caer en el alarmismo, la respuesta de muchos cubanos ha sido exigir un mejor abastecimiento en la red de tiendas estatales, para evitar que la falta de suministro dispare la ansiedad y el "sálvese quien pueda". Pero la economía nacional está lejos de poder satisfacer ese reclamo.

En una curva de la calle Tulipán un tumulto se alargaba este viernes mientras un policía intenta inútilmente que entre los clientes se guardara la distancia de un metro y medio. (14ymedio)
En una curva de la calle Tulipán un tumulto se alargaba este viernes mientras un policía intenta inútilmente que entre los clientes se guardara la distancia de un metro y medio. (14ymedio)

En una curva de la calle Tulipán, próxima a la avenida 26, un tumulto se alargaba este viernes mientras un policía intenta inútilmente que entre los clientes se guardara la distancia de un metro y medio. "Esto no va a ser el mismo relajo de ayer, tienen que separarse aunque lleguen a Boyeros", decía el oficial y señalaba hacia la otra avenida a más de 300 metros del lugar.

"Nosotros vamos a hacer la cola pero ellos tienen que abastecer", gritó en respuesta al policía un señor de gorra deportiva azul con la palabra Cuba escrita. "Podemos ponernos a un metro y medio, traer los nasobucos, no gritar, no hacer un molote, pero eso de qué sirve si cuando logramos entrar no hay nada", añadió. "La gente está así porque no sabe qué va a comer mañana".

"Ahora mismo no se pueden hacer compras que alcancen para un mes porque en las tiendas todo está racionado a dos productos por persona, nos dicen que nos quedemos en casa pero cada tres días hay que coger la calle", comentó a 14ymedio Eduardo Antonio, que llegó a la cola a las seis de la mañana. 

"Las tiendas están peladas, esta cola de aquí es para comprar pollo pero aún no ha llegado, la dependiente dice que están esperando el camión que abastece pero que puede llegar lo mismo al mediodía que a las tres de la tarde", añade el señor a las nueve y media de la mañana. Todos en la larga fila llevan en la cara un trozo de tela, pero pocos guardan la debida distancia.

Una empleada del mercado explicó a este diario que solo pensaban abrir al público una vez que llegara el pollo. "Solo se venderán los cárnicos que entren hoy", advirtió a los ansiosos compradores, una decisión que generó un amplio malestar en los clientes, especialmente aquellos que venían buscando conservas enlatadas, pastas o cereales.

"Solo quiero comprar vinagre y mayonesa, por qué no me van a vender lo que necesito si llevo horas en esta cola", reclamó una mujer. La empleada solo atinó a encogerse de hombros. "Ahora mismo en lo que llega el pollo bien que pudieran ir vendiendo los otros productos que tienen allí, pero no, aquí siempre estamos yendo a los extremos, no es fácil", sentenció la cliente.

A pocos metros de la tienda, un mercado agrícola vendía tomate, cebolla, ají, mangos, frijoles y plátanos. (14ymedio)
A pocos metros de la tienda, un mercado agrícola vendía tomate, cebolla, ají, mangos, frijoles y plátanos. (14ymedio)

A pocos metros de la tienda, un mercado agrícola vendía tomate, cebolla, ají, mangos, frijoles y plátanos. Con una cola de solo ocho personas, el lugar tiene cerrado su tarima de venta de productos cárnicos desde hace más de una semana porque la libra de cerdo se ha disparado con la pandemia y la imposición de precios topados desde hace un año impide a los productores comercializar su mercancía con tarifas más elevadas. 

"A mí nunca me van a ver en esa cola para el pollo”, comenta una joven que espera para hacerse con unas verduras. “Prefiero comer arroz con vegetales y un plato de frijoles antes que perder cinco horas de mi vida en una de esas colas y enfermarme". Antes de entrar al local, cada comprador debe lavarse las manos con mezcla de agua y cloro.

A pocos metros, hay otra larga fila frente a una pequeña tienda. En medio del barullo se oye un grito. "Alejense que va a salir un extranjero, no sé cómo entró ese hombre aquí", repite una empleada mientras en la cola hay quienes ponen los ojos como platos y algunos salen corriendo. Una ocasión que otros aprovechan para entrar al mercado, donde en las neveras solo hay picadillo de pavo proveniente de Canadá.

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