Hurón Azul, diez años de la caída en desgracia de una paladar

Desde que el restaurante pasó a gestión estatal su nombre fue desapareciendo de las guías turísticas y ha perdido su pasada reputación

Antes y después de la esquina donde estaba ubicada la paladar Hurón Azul. (14ymedio)
Antes y después de la esquina donde estaba ubicada la paladar Hurón Azul. (14ymedio)

A pocos metros de la populosa Rampa, en el Vedado habanero, está la poco transitada calle Humboldt, antes repleta de decenas de turistas y comensales nacionales que llegaban en busca de la paladar Hurón Azul, intervenida por las autoridades y reconvertida en un restaurante estatal.

"Hace diez años nos mataron este barrio", afirma con convicción Eduardo, un jubilado que asegura haber ganado "bastantes propinas" cuidando los vehículos de quienes venían a deleitarse en uno de los negocios gastronómicos más importantes de La Habana de principios de siglo.

Ahora, la fachada azulada con motivos mercantes que atraía las miradas está cubierta por un andamio y dos constructores tapan con cemento los viejos ornamentos. "Se está haciendo una remodelación capital para reabrir pronto con nuevas ofertas", explica con desgano uno de ellos a 14ymedio.

En diciembre de 2008 la Dirección Técnica de Investigaciones (DTI) abrió un expediente contra el propietario de Hurón Azul, Juan Carlos Fernández García

Desde que el restaurante pasó a gestión estatal su nombre fue desapareciendo de las guías turísticas y entre los clientes el lugar ha perdido toda la reputación de "buena mesa y agradable atmósfera que una vez tuvo", recuerda Eduardo. La cuadra también ha sufrido esa caída y actualmente, opina, "no se mueve ni un peso".

En diciembre de 2008 la Dirección Técnica de Investigaciones (DTI) abrió un expediente contra el propietario de Hurón Azul, Juan Carlos Fernández García, entonces de 47 años. En él se fueron acumulando acusaciones por presuntas ilegalidades realizadas en el negocio, haber "adquirido varias viviendas" y tener un "elevado nivel de vida".

En la Cuba de aquellos años estaba estrictamente prohibido comprar y vender casas, tener más de 12 sillas en un restaurante privado y despachar platos a base de langosta o camarones. Algunas de esas restricciones fueron abolidas poco después con las llamadas "reformas raulistas", pero para Fernández García era demasiado tarde.

"Empezaron a investigar y preguntar a los vecinos, hasta que un día nos despertamos y había un montón de patrullas allá afuera", cuenta una vecina de los pisos superiores del edificio. "En cuanto vimos a la policía sabíamos que era contra Juan Carlos, porque el negocio había prosperado mucho y era cuestión de tiempo que se le tiraran", comenta.

"Lo que más molestó a las autoridades fueron los viajes al extranjero que hizo con su esposa para importar insumos, además de una exposición que financió como mecenas de arte en homenaje a Carlos Enríquez

En una presentación en Power Point hecha por la policía y filtrada a los medios independientes a mediados de 2009 se veía el interior de la paladar con un mayor número de mesas que las permitidas. Fernández García había ido comprando parte de las casas colindantes y logró ampliar el espacio, inicialmente pequeño.

"Lo que más molestó a las autoridades fueron los viajes al extranjero que hizo con su esposa para importar insumos, además de una exposición que financió como mecenas de arte en homenaje a Carlos Enríquez. Cuando algún dirigente vio su cara en la televisión se escribió su desgracia", cuenta el escultor y pintor, Mario, nombre ficticio para este artículo por temor a represalias.

Fernández García había desarrollado un interesante sistema para atraer a artistas plásticos hacia el lugar. "Le entregabas una obra y él la tasaba en cantidades de comidas y comensales. Era bueno para todas las partes, el pintor podía invitar a una buena comida a sus amigos y la pieza se exhibía en el lugar", recuerda Mario.

"En cinco de las viviendas ocupadas se constató la presencia de cientos de obras de artes", escribieron los investigadores en el informe elaborado tras el operativo. "Una parte importante de estas obras eran de diferentes artistas contemporáneos, quienes en muchos casos las entregaban en consignación para amortizar los gastos", agrega el texto.

"La primera vez que vine, en 2007, era una paladar y nos atendieron en la cava de vinos. Fue una noche espectacular", recuerda. "Después de eso volví con unos turistas hace unos cuatro años y tuve ganas de llorar"

Durante la redada cayeron en manos de las autoridades dos paladares más que, según los oficiales, también eran propiedad de Fernández García. El próspero empresario terminó en la cárcel y el Hurón Azul comenzó una nueva etapa, caracterizada por las mesas vacías y la inestabilidad en el servicio.

En la aplicación A la mesa, una herramienta que reúne un extenso listado de sitios para comer en toda la Isla, no aparece incluida la antigua paladar reconvertida en local estatal. "La comida es mala, el arroz recalentado y los trabajadores siempre parecen cansados", resume su experiencia Yudiel, un guía turístico de 42 años que hace rutas independientes.

"La primera vez que vine, en 2007, era una paladar y nos atendieron en la cava de vinos. Fue una noche espectacular", recuerda. "Después de eso volví con unos turistas hace unos cuatro años y tuve ganas de llorar, la mayoría de los cuadros de las paredes ya no estaban y había una peste a grasa recalentada por todas partes".

Encima del local un improvisado cartel de "Se vende" anuncia que los propietarios de los altos quieren buscar un nuevo sitio. "En este barrio había varias casas de renta, guías, profesores de español y hasta masajistas, que todos vivían de lo que se movía alrededor de esta paladar", evoca Eduardo el parqueador.

"Hay muchos buenos restaurantes en esta zona y los turistas prefieren visitar locales privados, porque los estatales no tienen las mismas condiciones", asegura una mesera del cercano Toke, un local privado muy frecuentado por visitantes extranjeros. "El Hurón Azul era un referente, todos nos inspiramos un poco en él, pero ahora solo quedan los recuerdos".

A ese hombre lo que debieron fue nombrarlo ministro de Turismo, no meterlo en prisión", era uno de los comentarios más escuchados. Otros, criticaban lo que consideraron "acaparamiento" y lujo

En las calles habaneras, el caso del Hurón Azul provocó todo tipo de opiniones. "A ese hombre lo que debieron fue nombrarlo ministro de Turismo, no meterlo en prisión", era uno de los comentarios más escuchados. Otros, criticaban lo que consideraron "acaparamiento" y lujo. Hoy, los criterios siguen divididos.

En estos años otros dueños de restaurantes han sido, al igual que Fernández García, procesados por irregularidades. Muchos han emigrado en busca de nuevos horizontes y un puñado sobrevive a pesar de las constantes dificultades.

Desde agosto pasado, las autoridades lanzaron un proceso de reordenamiento del "cuentapropismo" y paralizaron temporalmente la entrega de licencias a restaurantes privados y casas de renta turísticas, entre otras actividades, para frenar ilegalidades, "desviaciones" y "corregir deficiencias".

Casi un año después no hay señales de cuándo volverán a entregarse estos permisos, pero "el que es emprendedor lo lleva en la sangre y ya Juan Carlos Fernández García salió hace años de la cárcel y lleva un negocio en La Habana", cuenta Eduardo. "Levantó una paladar en la calle 26 a la que le ha ido muy bien".

Este diario intentó obtener una entrevista con él, pero el antiguo propietario del Hurón Azul evita ahora los medios. Sabe que sobresalir tiene un alto costo.

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