Las dos colas de Santa Clara, una para remesas y la otra para gastarlas

El cubano ha vivido siempre con hambre, con miedo a tener el refrigerador vacío, como pasaba en el Período Especial

Habitantes de Santa Clara hacen fila en el Banco Popular para depositar dinero en las tarjetas y poder adquirir bienes mediante la plataforma digital tuenvío.cu. (Laura Rodríguez Fuentes)
Habitantes de Santa Clara hacen fila en el Banco Popular para depositar dinero en las tarjetas y poder adquirir bienes mediante la plataforma digital tuenvío.cu. (Laura Rodríguez Fuentes)

Aún en confinamiento, cada mañana en el centro de Santa Clara se forman dos largas filas. Una corresponde a la oficina de Western Union, donde se reciben las remesas, la otra a la tienda Praga, de la cadena Cimex , que pertenece a las Fuerzas Armadas y donde se gastan las divisas convertidas en CUC.

En estos días, la fila de Western Union es tan larga que para alcanzar los primeros turnos es necesario amanecer en el lugar.

María de la Caridad Cueto, que pertenece al grupo de personas vulnerables al virus por su diabetes, se ha visto obligada a salir de la casa a recoger el dinero que le envía su sobrino para poder alimentarse.

Aunque ha venido dos veces a la sucursal de la empresa de remesas de Santa Clara, se ha ido sin cobrar los 120 CUC que le mandaron desde Miami debido a la cantidad de personas que desde temprano solicitan el servicio y se hacinan en el lugar.

Aunque ha venido dos veces a la sucursal de la empresa de remesas de Santa Clara, se ha ido sin cobrar los 120 CUC que le mandaron desde Miami debido a la cantidad de personas que desde temprano solicitan el servicio

"Allá él trabaja mucho y nunca le pido nada, pero esta vez tuve que aceptárselo", dice Cueto mientras espera junto a otras 30 personas en fila para acceder a la oficina.

"La primera vez estuve dos horas y nos dijeron que se había caído la conexión. Ayer vine también, pero me arrepentí porque había demasiada gente. Yo soy diabética y no puedo estar tanto tiempo sin comer algo ni tomar agua", lamenta.

Maribel Santana, cocinera de 35 años y que perdió su empleo en un restaurante debido a la pandemia, sí consiguió cobrar su envío, pero no tuvo tanta suerte en la otra cola, la de la tienda Praga.

Después de recibir 75 CUC, volvió con el monto íntegro a su casa. "Vine a la tienda Praga y no había nada en las neveras", dice. "Solo latas de melocotón y otras cosas muy caras que no resuelven ni forman parte de un plato de comida. Chucherías, solo chucherías y de las más caras", protesta.

Santana fue cocinera de varios negocios por cuenta propia de la ciudad. Con el cierre del restaurante en el que trabajaba quedó cesante y sin ningún ahorro para mantenerse en este tiempo. Lo que tenía lo había invertido en una reforma para ampliar una de las habitaciones de la casa y que su hija, de 11 años, tuviera mayor privacidad.

"La suerte es que me ayudan de afuera, pero el dinero es papel y el papel no se come", dice Santana. "El cubano ha vivido siempre con hambre, con miedo a tener el refrigerador vacío, como pasaba en el Período Especial. Lo que me queda ahora guardado lo voy a comprar en harina de pan para hacer croquetas y venderlas crudas en mi barrio para ir sobreviviendo", cuenta.

"La suerte es que me ayudan de afuera, pero el dinero es papel y el papel no se come", dice Santana

Uno de los motivos que explica el desabastecimiento generalizado en las tiendas de Cimex, Praga o TRD Caribe es el incremento de los acaparadores y revendedores.

Más de veinte personas se llegaron a juntar en una fila a las 8 de la mañana frente a la tienda de Cimex ubicada en la carretera entre Santa Clara a Sagua.

Todos se conocían entre sí. Forman parte de un oficio practicado en Cuba en momentos extremos de crisis o temporada ciclónica: el de las coleras, mayoritariamente mujeres que antes se que se dedicaban a la venta de ropa importada o de comida en merenderos particulares.

Una muchacha de poco menos de treinta años, que lidera el grupo, sostiene una libreta en la que va anotando los nombres de los presentes en la fila y les entrega un papelito con un número que determina "el orden de llegada".

La dependienta de la tienda sale del establecimiento para explicarle a la multitud que allí no ha llegado nada, "ni aceite, ni pollo, ni puré de tomate, ni jabón". A voces, le pide al tumulto que se disipe y amenaza con llamar a la policía, que no se ha presentado allí durante horas.

La joven que reparte los turnos está ejerciendo un oficio ilegal que le puede costar una multa de 3.000 pesos o, incluso, la cárcel. Pero, al parecer, no teme a la policía.

No tiene trabajo y se dedica a organizar colas en los mercados aledaños a su zona de residencia. Aunque no ofrece entrevistas grabadas, ni facilita su nombre, sí accede a explicar el procedimiento de su "negocio".

Cuenta que cuando algún camión cargado de mercancía se acerca a una tienda de Cimex o TRD Caribe, las coleras avisan a sus contactos y amigos para que se dirijan al lugar con varios de los integrantes de su núcleo familiar a hacer cola.

Los productos más buscados suelen ser el aceite vegetal de cocina, el detergente y los paquetes de pollo congelado.

"Las anotaciones se realizan el día anterior, en dependencia del producto, porque siempre una se entera de lo que va a entrar ese día", dice la mujer. "Aunque veas a una sola persona, siempre vienen cinco más detrás, porque les marcamos los turnos a nuestra gente".

La mayoría de quienes alcanzan los primeros números se dedican al acaparamiento y la reventa de productos e, incluso, se anuncian en grupos públicos de redes sociales y proponen su entrega a domicilio a precios muy altos.

Debido al éxodo de jóvenes a otras provincias del país o al extranjero en busca de oportunidades, la provincia de Santa Clara es la que tiene más adultos mayores, que se han visto forzados a salir a la calle a conseguir el plato diario de comida. (Laura Rodríguez Fuentes)
Debido al éxodo de jóvenes a otras provincias del país o al extranjero en busca de oportunidades, la provincia de Santa Clara es la que tiene más adultos mayores, que se han visto forzados a salir a la calle a conseguir el plato diario de comida. (Laura Rodríguez Fuentes)

Para proteger su identidad, muchos recurren a perfiles falsos en Facebook y, tras un pedido confiable, llevan los productos a las viviendas de Santa Clara. Generalmente, piden que se les ordene mediante Messenger y no suelen publicar su número telefónico.

Los números de la fila también pueden ser vendidos a usuarios que no forman parte del denominado sindicato de las coleras, en caso de que les sobren o que alguna de esas amistades no logre llegar a tiempo al lugar.

Según otra de estas mujeres que también quiso mantener el anonimato, pertenecer al sexo femenino las hace menos vulnerables ante las fuerzas policiales.

"Ningún policía se mete en esto, porque si nos dan un golpe mal dado se les forma tremendo rollo", explica esta colera, que se siente protegida por la multitud. En caso de agresión, los presentes pueden filmar y tomar fotos para denunciar la detención.

Miguel Díaz-Canel ha pedido en varias ocasiones actuar con severidad contra las actividades ilícitas de reventa de productos. "Son personas que nos están complejizando la situación", sostiene.

Sin embargo, más allá de la denuncia y algunas detenciones publicitadas por los medios oficialistas, las autoridades no toman habitualmente medidas efectivas para evitar la reventa.

Con la regulación del mercado, la única opción para comprar alimentos de manera libre quedó reducida a los vendedores ambulantes y, sobre todo, a las Tiendas de Recuperación de Divisas (TRD), como Cimex y Caribe.

"Ningún policía se mete en esto, porque si nos dan un golpe mal dado se les forma tremendo rollo", explica esta 'colera', que se siente protegida por la multitud. En caso de agresión, los presentes pueden filmar y tomar fotos

Pero, a partir de abril dejaron de vender aquellos productos que no estuvieran en las categorías de alimentos, aseo, higiene, limpieza, así como los productos para los recién nacidos y bebés, como pañales y biberones.

En Santa Clara, las vitrinas de estas tiendas solo exhiben algunos alimentos envasados o enlatados como mayonesa, aceitunas y conservas frutales.

Ninguno de estos productos resuelve el dilema actual del cubano para llevar a la mesa el plato tradicional consistente en arroz, frijoles y algún cárnico. Además, alcanzan precios exorbitantes para cualquier salario promedio cubano: una lata de atún que cuesta más de 75 pesos (tres dólares), un kilo de jamón a seis CUC y un huevo a 45 centavos de CUC.

Un documento reciente publicado por la Oficina Económica y Comercial de España en Cuba, calcula que las tiendas de Cimex y Caribe operan con "unos márgenes comerciales de un 180% a un 240% del costo del producto, lo que da lugar a un nivel de precios de consumo bastante superior al existente en España".

Estos márgenes comerciales, impuestos por el Ministerio de Finanzas y Precios, tienen un objetivo muy claro: permiten al Estado "recuperar" las divisas que reciben los cubanos de sus familiares en el exterior.

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