Sin gas licuado y "encendiendo la leña, como nuestras abuelas"

En las zonas rurales muchas familias vuelven al carbón para cocinar los alimentos y calentar el agua

Gas licuado
Este jueves en el punto de venta de Estancia y Lombillo, del Municipio de Plaza de la Revolución, la cola para comprar gas licuado se armó en cuanto el camión de Cupet descargó las balitas. (14ymedio)

Pasada la una de la tarde del pasado jueves, Eloísa y Miguel preparaban el almuerzo de los nietos que estaban a punto de regresar de la escuela cuando los movilizó un ruido que sintieron en su ventana. Era el camión del gas licuado. El estruendo de las balitas chocando unas contra otras puso a correr a todo el barrio y en unos minutos se armó la cola en el punto de venta de Estancia y Lombillo, en Nuevo Vedado.

Ambos bajaron las escaleras del edificio sin pensarlo dos veces y a los pocos minutos ya estaban, libreta en mano, pidiendo el último en la cola. "Apagué la cocina y bajamos corriendo porque después de escuchar lo que dijeron en la televisión uno no se puede dar el lujo de perder una entrega. Nosotros somos cuatro, antes nos llegaba cada 21 días y nos alcanzaba para lo justo, ahora llegará cada 32. Hay que inventar con eso, no hay de otra", comenta Eloísa.

Ahora,"para que dure más", hay "pequeños lujos" que ya no se podrá dar, explica. "Nada de pollo asado en el horno, ni hornear mi pan, que tanto me gusta. El gas quedará solo para cocinar lo básico, lo del día a día". Eloísa tenía poco más de 30 años cuando el Período Especial llegó a su vida y dice que le "estresa" cualquier evento que le recuerde aquellos tiempos en los que crió a sus hijos en medio "de tantas necesidades".

En la cola también está Justo. En una carretilla trae 12 balitas, es el mensajero de muchas familias que trabajan todo el día y le pagan para que esté al tanto de los productos racionados que se venden por la libreta de abastecimiento. "Llevo dos días viniendo, ayer pasé toda la tarde esperando el camión pero no llegó. Me fui con las manos vacías", dice.

La empresa estatal Unión Cuba-Petróleo (Cupet) y el Ministerio de Energía y Minas anunciaron que los inventarios existentes actualmente en la Isla "no cubren el consumo"

"Mis clientes están en ascuas desde que en la televisión dieron la noticia de la escasez que hay con el gas y de las nuevas medidas para la venta. Todos me pusieron a correr y aquí estuve desde antes que llegara el camión, listo para comprar", explica el hombre, que tiene el número uno de una fila de unas 14 personas.

La empresa estatal Unión Cuba-Petróleo (Cupet) y el Ministerio de Energía y Minas anunciaron que los inventarios existentes actualmente en la Isla "no cubren el consumo, por lo que han existido afectaciones" en la venta del gas licuado a la población. Según su página web, esta empresa está encargada de "asegurar el suministro de combustibles y lubricantes" y "cumplir la importación de combustible en los niveles pactados por los contratos de suministro".

Desde que comenzó a venderse de forma liberada este producto en 2013, en paralelo al sistema "racionado", se convirtió en la forma de energía con más rápido crecimiento en los hogares de Cuba. Hoy representa aproximadamente el 60% del consumo total, según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información.

A finales de año no solo se reguló la entrega racionada del gas licuado sino que también se paralizó la entrega de nuevos contratos debido a un "aumento de la capacidad".

Hace cuatro meses, Raúl García Barreiro, titular de Energía y Minas explicó que, en el contexto de la "nueva coyuntura energética", aunque en agosto y septiembre hubo problemas con el servicio de gas licuado, todo el suministro para la población estaba "garantizado durante todo el año".

Sin embargo, recién arrancado 2020 ya se ha anunciado la necesidad de tomar "medidas de reducción del consumo" del gas licuado hasta que exista "un suministro estable" y se ha hecho un llamado a los cubanos para adoptar medidas de "ahorro" y el "uso eficiente" de esa fuente de energía.

En la cola algunos mensajeros con sus carretillas cargaban hasta doce balitas para sus clientes. (14ymedio)
En la cola algunos mensajeros con sus carretillas cargaban hasta doce balitas para sus clientes. (14ymedio)

Tras el anuncio de este lunes, muchos han perdido las esperanzas. Es el caso de Abel Cartaya, en Matanzas, que preguntó al ministro de Energía a través de Twitter las razones por las que no se le ha permitido realizar un contrato de gas licuado.

Cartaya cuenta a este diario que hace un año pudo obtener la propiedad de su casa parcial, aunque aún está "en construcción" y que desde el primer instante fue con la libreta de abastecimiento a realizar el contrato de gas. 

"En las oficinas donde se realizan los trámites, me informaron de que estaban paralizados los contratos hasta nuevo aviso. El pasado año fui en tres ocasiones y me respondieron lo mismo. La pasada semana hablé con el dependiente del punto de gas que está ubicado al fondo de mi casa, le realice la misma pregunta y la respuesta fue similar a las otras. No me dicen fecha alguna", detalla a 14ymedio.

En ese punto de venta de gas licuado que Cartaya visitó, la "orientación" que tienen los empleados es organizar la venta "cada 60 días", según le informó este martes uno de los trabajadores. 

"En estos momentos está paralizada la contratación de venta liberada, ya que el país no cuenta con los medios necesarios para la misma", le explicaron desde Cupet

"En estos momentos está paralizada la contratación de venta liberada, ya que el país no cuenta con los medios necesarios para la misma, llámese manguera, regulador, cilindro o balita, el producto que en esos momentos está en déficit por el bloqueo. Las balitas con que cuenta el país en estos momentos están destinadas a garantizar el servicio a los clientes que ya tienen contrato", le explicaron desde Cupet.

En Santiago de Cuba, en los barrios de Altamira, Ciudamar, Antonio Maceo y Versalles, aunque "está el comentario en la calle por lo que salió en el noticiero" todavía tienen abastecimiento y nadie está sin gas, según comentó a este diario un residente en esa zona.

"El asunto es que todo esto le recuerda a la gente lo que pasó en el Período Especial cuando no había con qué cocinar. Algunos tienen hornillas, ollas reinas o arroceras, pero hay quien no tiene ni eso y es lógico que cunda el pánica. Nadie quiere volver a tener que cocinar con carbón o leña, es inhumano", agregó.

En otras localidades cercanas a la capital, como Candelaria o San Cristóbal, "nadie tiene contrato", comentó una residente de Artemisa vía telefónica. "Solamente lo tienen las personas mayores con algunos problemas de salud o los enfermos. Ahora mismo estamos buscando cómo llenar la que tenemos de repuesto antes de que crezca el desespero de la gente y se pierda el producto, porque todo el mundo ya vio lo que se dijo en el noticiero", agregó la mujer, que dijo que en su casa alternan entre la hornilla eléctrica y la balita para que dure más. 

"Lo que yo veo que avanza es la coyuntura energética, más nada, tampoco entiendo cómo se puede ahorrar el gas licuado. Si hay que cocinar , hay que cocinar, el agua hay que hervirla para no enfermar, en fin, volveremos a la leña… bueno, el que tenga patio. Y el que no tendrá que buscar carbón que tampoco está fácil de adquirir por ahí", lamenta.

Ivón y Nadia Linares, dos hermanas residentes en el municipio Güira de Melena, se preparan para volver a los años en que la mayor parte de los alimentos de la casa se cocinaban con leña. Radicadas en una zona agrícola pero con escasa vegetación maderable en la provincia de Artemisa, las dos mujeres tienen que caminar largas distancias para recoger fragmentos de ramas y troncos.

"Los que van a salir ganando son los que venden carbón que ya han subido el precio del saco", opina una artemiseña. (14ymedio)
"Los que van a salir ganando son los que venden carbón que ya han subido el precio del saco", opina una artemiseña. (14ymedio)

"Los que van a salir ganando son los que venden carbón que ya han subido el precio del saco, ahora es muy difícil que te encuentres uno por debajo de los 50 pesos", lamenta Ivón, quien dice haberse acostumbrado a cocinar con la balita de gas licuado. "La guardaba para cocina los frijoles, el arroz, calentar la leche de los niños y dejaba la leña para hervir las toallas, calentar agua para el baño o cocinar las viandas".

Nadia no cree que la electricidad sea un sustituto al gas licuado. "La cuenta eléctrica sube mucho si se cocina con la hornilla y además aquí todos los equipos que teníamos se han ido rompiendo poco a poco", detalla la mujer en referencia a una pequeña cocina, un calentador de agua muy rústico y un dispositivo para calentar agua que les vendieron a los residentes de su comunidad durante los años de la llamada Revolución Energética impulsada por Fidel Castro.

"En este barrio a casi nadie le queda una hornilla eléctrica funcionando", aclara la mujer. "Aquí estamos cocinando como cocinaban nuestras abuelas, encendiendo la leña, echando mucho aire a la candela para que se mantenga y con todos los calderos tiznados de hollín, es lo mismo que hace cien años".

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