La nueva vida de la Finca de los Monos

En su nueva etapa, la extensa propiedad tiene un pequeño campo de golf, un área para observar aves y un parque de recreo 

La Finca de los Monos, en La Habana, vive un renacer después de años de desidia y deterioro. (14ymedio)
La Finca de los Monos, en La Habana, vive un renacer después de años de desidia y deterioro. (14ymedio)

Una larga fila con muchas caras expectantes se aglomeraba el pasado fin de semana a las afueras del recién inaugurado Palacio Tecnológico en la antigua Finca de los Monos , situada en el municipio habanero del Cerro. El amplio terreno, que vivió años de deterioro y desidia, ha sido restaurado por los 500 años de la capital cubana y ahora ofrece varias actividades, entre ellas un área de robótica que gestiona la Empresa de Informática y Medios Audiovisuales.

Situado en una vasta extensión de terreno entre la Avenida de Santa Catalina y la Calzada de Palatino, el nuevo parque viene a llenar un vacío recreativo para una zona de la ciudad densamente poblada. Ahora, por un costo de 10 CUP los adultos y la mitad del precio los niños, el público puede acceder en las tardes al recinto.

Con siete caballerías de extensión, la Finca de los Monos, también conocida como La Quinta de Las Delicias, perteneció a Rosalía Abreu Arencibia

Con siete caballerías de extensión, la Finca de los Monos, también conocida como La Quinta de Las Delicias, perteneció a Rosalía Abreu Arencibia. La acaudalada mujer tuvo en el lugar la reserva de monos cautivos más grande del mundo, además de una colección de aves exóticas y grandes mamíferos como un elefante, un tigre y un oso pardo, traídos de Asia y África.

Sus más de 200 primates de 40 especies distintas, entre ellos un chimpancé nombrado Jimmy que Abreu solía vestir y llevar de paseo, fueron los que dejaron una mayor huella en la memoria de los habaneros. Incluso, al morir la señora y cuando sus animales fueron trasladados a la Carnegie Institution y al Jardín Zoológico de Filadelfia, el sitio siguió siendo recordado como la Finca de los Monos.

En su nueva etapa, la extensa propiedad tiene un pequeño campo de golf, un área para observar aves, un parque de recreo construido a partir de gomas recicladas y una representación de un batey indígena. En la construcción principal hay dos salas de cine y más adelante también habrá un cibercafé.

Pero la atracción principal es, por el momento, una aeronave que simula un viaje de La Habana a Santiago de Cuba, y que tiene en su interior una heladería. Las familias hacen largas filas a las afueras y preguntan a través de las rejas cuáles sabores quedan y si ya se terminó el chocolate. La antigua propiedad de Rosalía Abreu ha recuperado su bullicio, aunque ahora suene bien diferente.

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