Consejos a la prensa independiente para protegerse de la Seguridad cubana

Un manual publicado por el Institute for War & Peace Reporting es una "caja de herramientas" imprescindible para los reporteros de la Isla

Entre otros, el manual da consejos sobre qué hacer en caso de sufrir una agresión física. (Captura)
Entre otros, el manual da consejos sobre qué hacer en caso de sufrir una agresión física. (Captura)

¿Cómo evaluar los riesgos? ¿Qué hacer ante una agresión física? ¿De qué forma se protege mejor una información? Estas son algunas de las interrogantes a las que da respuesta el Manual de Seguridad Holística para Periodistas de Cuba, recientemente publicado por el Institute for War & Peace Reporting (IWPR). Con un lenguaje sencillo, el documento es una "caja de herramientas" imprescindible para los reporteros de la Isla.

Por décadas, la prensa independiente cubana ha vivido innumerables atropellos y ha debido adaptarse a frecuentes situaciones difíciles y peligrosas. Esa larga experiencia ha servido de fuente principal para el IWPR a la hora de redactar el actual manual, presentado en formato PDF e inspirado en el día a día de todos esos reporteros que han optado por narrar su país al margen de los medios oficiales.

Junto a las vivencias recogidas entre estos protagonistas de la información libre, el texto también ha apelado a los consejos de expertos y de varias organizaciones internacionales comprometidas con la libertad de expresión y la protección de periodistas. De ahí que el resultado final sea un compendio de recomendaciones muy enfocadas a la realidad cubana, con sus peculiaridades y su particular contexto jurídico.

En sus páginas se integran consejos para la seguridad física, psicológica, digital y legal, pero también sugerencias de cómo actuar en momentos de peligro. "El objetivo del manual es fortalecer las capacidades de prevención, autoprotección y seguridad para ejercer cualquier actividad informativa en la Isla", aseguran sus editores, a lo que habría que agregar que se trata también de un texto marcado por el civismo y la ética periodística.

En sus páginas se integran consejos para la seguridad física, psicológica, digital y legal, pero también sugerencias de cómo actuar en momentos de peligro

Responder a la represión con más promoción de la transparencia y con un trabajo más profesional son algunas de las prácticas que promueve el documento de 112 páginas. Esto resulta un verdadero desafío frente a un Gobierno que prefiere tener "un país mudo, sordo y ciego", según denunció en su reunión de Colombia, en julio pasado, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).

En una sociedad hipervigilada y con una Seguridad del Estado cada vez más dedicada al espionaje informático, no está de más recordar a los reporteros que nunca se debe "dejar a la mano notas o información de fuentes", ni promover entre ellos las aplicaciones de encriptación que cifran los mensajes desde el momento del envío, como lo explica con muchos detalles el manual.

La flexibilidad a la hora de ajustar los consejos, según la temática en la que trabaja el periodista o las características de cada medio, también se inscribe entre las virtudes de este volumen. Su capacidad de enmienda puede ser infinita dado los nuevos retos con los que cada día tropiezan los reporteros, de ahí que el IWPR insta a mantener el contenido "vivo, sujeto a modificaciones a medida que cambia el contexto".

Más allá de las recomendaciones para la salvaguarda del periodista, el medio y la información recogida, el texto se convierte también en un glosario de las vulnerabilidades más comunes que padece la prensa en Cuba. Un listado a tener en cuenta en momentos en que se presiona desde varios sectores para tener una Ley de Prensa en el país.

Que el manual haya visto la luz poco después de clausurarse el Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba también ayuda a comparar los planteamientos que hicieron en ese cónclave los profesionales vinculados a medios oficiales, en los que exigían más acceso a fuentes institucionales y mejores salarios, en contraposición a las demandas del sector independiente, ni siquiera reconocido legalmente y que padece frecuentes detenciones arbitrarias y confiscaciones de útiles de trabajo.

Valdría la pena que los editores revisaran algunos consejos tecnológicos, como el uso de WhatsApp para el contexto cubano

Valdría la pena que los editores revisaran algunos consejos tecnológicos, como el uso de WhatsApp para el contexto cubano. La herramienta, muy popular en otras naciones, se enfrenta en la Isla a varios obstáculos que no la hacen recomendable para el trabajo periodístico. Con obligadas y pesadas actualizaciones, se queda muy por debajo de lo que puede ofrecer Telegram a los usuarios nacionales.

Por un lado, para usar la versión de escritorio de WhatsApp es necesario estar conectado también a través del móvil, algo muy difícil de lograr para quienes en Cuba utilizan una sola cuenta de navegación en las zonas wifi. Telegram Desktop, mientras tanto, permite un uso independiente del celular, lo que junto a la posibilidad de editar los mensajes después de enviarlos lo hace más recomendable para la prensa.

No en balde a Telegram le dicen el servicio de mensajería de "los disidentes y los perseguidos" y, además, no pertenece a Facebook como si es el caso de WhatsApp, que fue comprado por el gigante de las redes sociales. La empresa de Mark Zuckerberg ha demostrado tener serias vulnerabilidades en cuanto a la gestión de los datos de sus clientes mientras que Telegram muestra un mayor compromiso con la seguridad, y por este motivo lo han bloqueado en Rusia, donde fue creado.

A pesar de que el manual está destinado a la prensa cubana que se hace fuera del control del Partido Comunista, muchos de los consejos recogidos en sus páginas pueden servir también para quienes laboran en medios permitidos y financiados por las autoridades. Incluso, deben ser de obligada lectura para los corresponsales extranjeros residentes en territorio nacional, que no están exentos de la vigilancia y castigo por su trabajo.

El libro cierra con el texto de la Ley 88, conocida también como Ley Mordaza y bajo la cual en 2003 fueron juzgados 75 activistas. Al menos un tercio de ellos ejercían el periodismo independiente. Un estremecedor epílogo que recuerda que, a pesar de los consejos y las recomendaciones de seguridad, un reportero independiente cubano está a merced del capricho represivo del régimen.

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