El Gobierno asume un gran riesgo con su referendo

Ni el electorado que en 1976 votó a favor de la Constitución es el mismo ni su visión del mundo tan limitada

Promulgación de la Constitución de 1976. (Granma)
Promulgación de la Constitución de 1976. (Granma)

El último referendo que se realizó en Cuba ocurrió el 15 de febrero de 1976. En aquella ocasión el censo electoral registraba 5.717.266 ciudadanos con derecho a voto. Los resultados del escrutinio arrojaron los siguientes datos:

Ejercieron el voto: 5.602.973 (un 98% del listado de electores).
Dejaron en blanco la boleta: 44.221 (el 0,8% de los que ejercieron el voto)
Anularon la boleta: 31.148 (el 0,5% de los que ejercieron el voto).
Marcaron No en la boleta: 54.070 (el 1% de los votos válidos).
Marcaron Sí en la boleta: 5.473.534 un 97,7% de los votos válidos.

Sumando las abstenciones, las boletas en blanco, las anulaciones y los votos negativos, 243.732 ciudadanos, es decir, poco más del 4%, no manifestaron su aprobación a aquella Constitución. Sin dudas, un triunfo aplastante para el oficialismo.

Entre los votantes que acudirán al próximo referendo constitucional, programado para el 24 de febrero de 2019, los novatos en este tipo de consulta popular serán la mayoría

La casi totalidad de aquellos participantes supera hoy los 60 años de edad, lo que supone que un buen número de ellos ha fallecido y otros (incluyendo a muchos de los que suscribieron el Sí) pueden haber tomado la decisión en estos 42 años de no seguir viviendo en Cuba.

Entre los votantes que acudirán al próximo referendo constitucional, programado para el 24 de febrero de 2019, los novatos en este tipo de consulta popular serán la mayoría. Entre ellos se encuentra el actual mandatario Miguel Díaz-Canel, quien cumplió los 16 años reglamentarios para votar el 20 de abril de 1976, dos meses después de la realización del referendo, por lo que no pudo pronunciarse como elector.

A diferencia de la masa de votantes que suscribió la Constitución de 1976, en la consulta del año próximo será muy reducido el número de los que tuvieron alguna participación en la lucha contra la anterior dictadura de Fulgencio Batista, pocos los que combatieron en Playa Girón o en la lucha contra los alzados y pocos también aquellos que tuvieron alguna experiencia en las misiones internacionalistas de Angola o Etiopía.

Eso sí, la mayoría de los más de ocho millones y medio de cubanos que tendrán derecho a ejercer el sufragio en el próximo referendo tiene parientes fuera de la Isla y además se relaciona con ellos. A casi ninguno el salario le alcanza para sostener a su familia y tanto en términos absolutos como relativos se puede afirmar que hoy son más los que han viajado al extranjero, los que expresan públicamente sus creencias religiosas o sus preferencias sexuales, ambas cosas inadmisibles en 1976.

Aquellos cubanos de los 70 solo se enteraban de lo que pasaba en su país y en el mundo a través de lo que les decía Granma o los espacios informativos de la radio y la televisión

Los cubanos de los años 70 dependían exclusivamente del salario que les proporcionaba el Estado y de lo que se distribuía por el mercado racionado de forma igualitaria. Cualquier electrodoméstico, desde una lavadora, un refrigerador, o un televisor soviéticos, solo se podía adquirir mediante un bono otorgado en virtud de los méritos sociales y laborales acumulados en el año.

Aquellos cubanos de los 70 solo se enteraban de lo que pasaba en su país y en el mundo a través de lo que les decía Granma o los espacios informativos de la radio y la televisión, mientras encontraban algunos atisbos de crítica en el Noticiero del ICAIC dirigido por el comisario Santiago Álvarez. Todavía no se escuchaban, ni siquiera con interferencia, las transmisiones de Radio Martí y las publicaciones extranjeras se limitaban a las provenientes de los países socialistas, que se vendían en los estanquillos de forma autorizada.

Para decirlo brevemente, este es otro electorado, con una mayor independencia económica surgida tras las remesas y el trabajo por cuenta propia; notablemente influido por las redes sociales, el paquete semanal, el periodismo independiente y con una mayor cantidad de frustraciones ante la acumulación de promesas incumplidas. Un electorado felizmente liberado de los influjos hipnóticos de sus antiguos líderes carismáticos, cada vez más crítico con sus gobernantes, cada vez con más apetitos de libertades.

Lo cierto es que aquel texto de 1976 resulta hoy incompatible con la realidad que vive el país y con los tímidos propósitos reformistas

Hay que reconocer que el Gobierno asume un enorme riesgo al someter a referendo una Constitución que no satisface a la mayoría de los cubanos, aunque se han visto obligados a hacerlo por múltiples razones, algunas evidentes, otras no confesadas. Lo cierto es que aquel texto de 1976 resulta hoy incompatible con la realidad que vive el país y con los tímidos propósitos reformistas.

Las paletadas de tierra arrojadas ya sobre la Constitución de 1976, para justificar la redacción de un nuevo texto, hacen que sea imposible resucitarla o reasumirla en el caso de que los electores decidan decirle un No masivo y contundente a la nueva propuesta.

La Constitución votada por el Parlamento el pasado 22 de diciembre se ajusta como anillo al dedo a los planes del Gobierno, pero está muy lejos de satisfacer los reclamos de la ciudadanía. Es cierto que el texto ha cambiado. Lo que ocurre es que el electorado ha cambiado más que el Gobierno.

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