La crisis de las instituciones

Reunión de la Asamblea Nacional (Neo Club Press)
Reunión de la Asamblea Nacional (Neo Club Press)

Entre tantas crisis que nos afectan, poco se habla de la relacionada con las instituciones. En la época republicana existían instituciones que, sin ser perfectas, funcionaban. De no haber sido así, el país no se hubiera desarrollado de la forma en la que lo hizo. Al instaurarse el nuevo régimen en 1959, en lugar de perfeccionarlas, la mayoría de las instituciones existentes fueron liquidadas o reducidas sus esferas de influencia, con el objetivo de instaurar otras nuevas sobre terreno raso. A ello no escapó ni siquiera la familia, considerada la institución inicial y principal, que fue desmembrada y atomizada, respondiendo a intereses políticos e ideológicos.

Una institución puede ser muchas cosas. Existen instituciones formales e informales y, en ambos casos, son siempre construcciones sociales. Deben ser eficientes o sea, capaces de funcionar con calidad, tener legitimidad, poder de adaptación a las mutaciones del entorno y de anticiparse a los cambios y, además, mostrar estabilidad. Estos componentes deben actuar conjuntamente si se quieren obtener resultados. En el caso cubano, la estabilidad, se ha transformado en una especie de freno que impide los cambios necesarios, presentando instituciones anquilosadas. La mayoría de las instituciones establecidas durante los últimos cincuenta años padecen de este mal, principalmente las económicas, jurídicas y políticas.

Las empresas nacionalizadas o intervenidas –financieras, productivas, comerciales y otras–, que habían funcionado de forma independiente, en correspondencia con las políticas de sus propietarios, fueron subordinadas a instituciones ya existente o creadas al efecto, pero que nunca habían ejercido estas funciones de dirección y administración, instaurando un sistema vertical rígido que eliminaba totalmente su independencia y posibilidades de reaccionar a las situaciones cambiantes: todo se decidía en el nivel central y ellas se convirtieron en simples ejecutoras de las órdenes. Las instituciones económicas no solo han sido incapaces de desarrollar el país, sino que han destruido lo alcanzado durante los años precedentes gracias al talento y al esfuerzo de varias generaciones de cubanos.

El poder jurídico dejó de ser independiente y, al igual que el legislativo, se subordinó al ejecutivo, representado por una autoridad única

El poder jurídico dejó de ser independiente y, al igual que el legislativo, se subordinó al ejecutivo, representado por una autoridad única. Las instituciones jurídicas responden únicamente a los intereses del Estado, en detrimento de los de los ciudadanos, sin que exista un verdadero estado de derecho.

En los gobiernos provinciales y las alcaldías se introdujeron cambios, despojándolos de sus nombres y funciones, creando también un sistema vertical, que los dejó económicamente desamparados, al tener que entregar la mayoría de sus ingresos al nivel central el cual, posteriormente, debía asignarles los recursos para sus necesidades. Estos cambios redujeron la posibilidad de resolver los problemas locales, ya que no contaban con los recursos que anteriormente generaban sus propias actividades productivas y comerciales.

En el caso de las instituciones políticas, el ejemplo de la Asamblea Nacional del Poder Popular es deprimente. Siendo el único órgano constituyente existente en Cuba, el cual, además, es el único órgano legislativo y que conserva la importante facultad de declarar la inconstitucionalidad de las leyes, decretos leyes, decretos y otras disposiciones normativas, jamás ha ejercido esta facultad en sus 38 años de existencia como órgano supremo del Estado. ¿Alguien puede creer que todo lo legislado por el Estado ha sido justo y correcto?

El principal problema de las instituciones cubanas es su sometimiento incondicional a una única concepción ideológica, anteponiendo estos intereses a los que corresponden a su razón de existir

Otros aspectos negativos de su funcionamiento se refieren a que casi todas las votaciones de su historia legislativa han sido unánimes, y que los diputados no han hecho uso de su derecho a presentar proyectos legislativos como miembros individuales de la Asamblea. Como si no fuera suficiente, los decretos leyes del Consejo de Estado y los decretos del Consejo de Ministros triplican las leyes de la Asamblea Nacional.

El principal problema que afecta a todas las instituciones cubanas –sean políticas, económicas, jurídicas, culturales, docentes, militares, médicas, deportivas y otras– lo constituye su sometimiento incondicional a una única concepción político-ideológica, anteponiendo estos intereses a los que corresponden a su razón de existir. Las únicas excepciones, tal vez, sean algunas instituciones religiosas.

Hasta ahora el tema de las instituciones ha sido tratado superficialmente, más en su forma que en su contenido. La vida demuestra que existen instituciones que deben desaparecer, otras que deben ser transformadas, algunas nuevas que deben crearse y unas pocas que pueden continuar funcionando. Si esto no se realiza, los cambios económicos efectuados hasta ahora y otros que deberán venir, tanto económicos como políticos y sociales, carecerán de la eficiencia, legitimidad, adaptación y estabilidad necesarias para producir resultados beneficiosos para todos los cubanos. No es lógico esperar que todo esto se vaya a lograr con los actuales dirigentes históricos, pero sí podrían, al menos, darle inicio.

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