El silencio oficial ante el “caso Khashoggi”

El Gobierno no quiere agraviar con sus reclamos a uno de los pocos bolsillos dispuestos a seguir poniendo dinero en la Isla

El príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamed bin Salman (derecha), recibe a Salah bin Jamal Khashoggi (izquierda), uno de los hijos del periodista saudí Jamal Khashoggi para transmitirle personalmente sus "condolencias". (EFE)
El príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamed bin Salman (derecha), recibe a Salah bin Jamal Khashoggi (izquierda), uno de los hijos del periodista saudí Jamal Khashoggi, para transmitirle personalmente sus "condolencias". (EFE)

Un periodista entra a un consulado y nunca vuelve a salir. Todos los indicios apuntan a que dentro de aquellas paredes lo reducen a un montón de trozos corporales que son destruidos para borrar toda evidencia. El asesinato del saudí Jamal Khashoggi, presumiblemente ordenado por la monarquía absolutista de su país, ha provocado una ola de indignación que no acaba de llegar a Cuba.

Khashoggi, un conocedor profundo de los entramados del poder en Arabia Saudí y colaborador del diario The Washington Post, es una de las últimas víctimas de los excesos de los gobiernos autoritarios por acallar a la prensa. La profesión se ha cobrado una nueva vida y la muerte del periodista ha revelado cómo las conveniencias económicas provocan que los pocos que se atreven a criticar a Riad sean bastante tibios.

En los últimos días se han sucedido protestas frente a los consulados saudíes en varios puntos del planeta, declaraciones de apoyo de infinidad de medios informativos y reclamos diplomáticos al rey Salman bin Abdelaziz y al príncipe heredero Mohamed bin Salman. Sin embargo, desde La Habana no ha salido una sola queja a través del Ministerio de Relaciones Exteriores ni un comunicado de la oficialista Unión de Periodistas de Cuba (Upec).

En Europa la canciller alemana Angela Merkel ha sido tajante al suspender la venta de armas a Arabia Saudí como respuesta al asesinato del periodista, aunque los analistas justifican esta firmeza en el menor volumen de comercio entre Berlín y Riad. Este jueves también se prevé que en el Parlamento Europeo se vote una resolución conjunta de condena, cuyo resultado todavía es una incógnita debido a que las opiniones sobre el tema se mantienen divididas en el bloque.

La profesión se ha cobrado una nueva vida y la muerte del periodista ha revelado cómo las conveniencias económicas provocan que los pocos que se atreven a criticar a Riad sean bastante tibios

Washington, más lento en responder, ha anunciado que revocará el visado de los funcionarios saudíes supuestamente implicados en la muerte del reportero y que posteriormente también adoptará otras acciones de castigo en la medida en que avancen las investigaciones.

En medio de esta algarabía, el silencio de la Plaza de la Revolución de La Habana y de la Upec se hace más evidente. Las razones para tanta cautela son tan mundanas y pragmáticas como las del resto.

En 2016 Cuba firmó un acuerdo con el Fondo Saudí para el Desarrollo por 80 millones de dólares con destino a la exportación de productos del país árabe y para la financiación de infraestructuras en el deteriorado sector hidráulico de la Isla. Más tarde recibió otro crédito de más de 26 millones destinado al Programa de Rehabilitación y Construcción de Obras Sociales de la Oficina del Historiador de La Habana.

Todo parece indicar que las autoridades cubanas no quieran agraviar con sus reclamos a uno de los pocos bolsillos dispuestos a seguir poniendo dinero en la Isla.

En estos momentos no hay un grupo de periodistas oficiales protestando frente a la embajada de Arabia Saudí en La Habana, porque el dinero se ha impuesto a los ideales

El castrismo siempre se ha movido más por intereses económicos que por afinidades ideológicas, de ahí su cercanía con el caudillo Francisco Franco, sus intercambios con la dictadura militar de Videla en Argentina y su disposición a recibir con los brazos abiertos a empresarios israelíes aunque en la propaganda se arremeta con constantes improperios contra ese país.

En estos momentos no hay un grupo de periodistas oficiales protestando frente a la embajada de Arabia Saudí en La Habana, porque el dinero se ha impuesto a los ideales y porque el asesinato del periodista Jamal Khashoggi es un tema menor para un régimen que a cambio de inversiones, créditos y donaciones sabe hacerse muy bien la vista gorda.

Por ese motivo, en la Mesa Redonda ningún invitado alzará la voz por el reportero silenciado, en el noticiero estelar ningún comentarista señalará al régimen saudí como responsable de su muerte y en la cancillería cubana a ningún diplomático se le dará la tarea de transmitir a la monarquía árabe un mensaje de desagrado. Para todos ellos, las conveniencias van por delante de la muerte de un periodista que solo quería hacer su trabajo.

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