¿Cuánto tiempo falta?

Opinión

Nadie apostaría por que haya que esperar los 62.000 milenios que vaticinó alguien una vez, ni tampoco las dos semanas (ya transcurridas) que pronosticaron los más optimistas

La Revolución ha desacertado porque mintió para acabar con la libertad como ejercicio de espacio abierto y fructífero del individuo, para llenarlo con la violencia, la delación, la censura y la frustración.
En el escenario de una explosión social, donde el actor protagónico es el pueblo, la variable temporal se expresa en la duración de aquellas existencias del ámbito material que afectan directamente la duración de la paciencia. / 14ymedio
Reinaldo Escobar

04 de junio 2026 - 15:46

La Habana/Luego de que se me ocurriera describir cuáles serían los escenarios y quiénes los actores en una presumible transición en Cuba, quienes me leen no cesan de hacer la pregunta de cuánto tiempo falta para que todo cambie o para que, al menos, como diría el gran culpable, cambie lo que tiene que ser cambiado.

Aunque el tiempo es una dimensión que apreciamos en unidades mensurables, días, meses y años, nadie apostaría por que haya que esperar los 62.000 milenios que vaticinó alguien una vez, ni tampoco las dos semanas (ya transcurridas) que pronosticaron los más optimistas.

Les dejo entonces estos “algoritmos”.

En el escenario de una explosión social, donde el actor protagónico es el pueblo, la variable temporal se expresa en la duración de aquellas existencias del ámbito material que afectan directamente la duración de la paciencia. El aguante de la gente.

Hay un tiempo en que se agotan las despensas mejor abastecidas en los hogares, otro en que por falta de electricidad se echan a perder los alimentos en las neveras de los mercados y otro, un poco más largo, en que por falta de combustible, no se puede cumplir la mítica “cadena, puerto, transporte, economía interna” y en consecuencia se quedan vacíos los almacenes. Tras la suma de esos momentos las familias se quedan sin alimentos y como tampoco habrá energía para bombear agua desde los acueductos, no podrán bañarse, fregar, cocinar o lavar la ropa. Entonces se acumula el descontento, el desespero que conduce a la protesta.

El tiempo se compra con capital político y su precio se establece por la oferta que haya en ese inestable mercado. Cada vez queda menos tiempo y ellos tienen menos capital político

Cuando se introduce el tiempo como variable para prever cuánto falta para que los que mandan en Cuba se decidan a salvar al país antes que a la ideología del único partido permitido, no se puede olvidar que su especialidad ha sido precisamente la de comprar tiempo y los 67 años transcurridos lo avalan. Pero el tiempo se compra con capital político y su precio se establece por la cantidad de oferta que haya en ese inestable mercado. Cada vez queda menos tiempo y ellos tienen menos capital político.

Se dice a menudo que la paciencia del pueblo es como una bomba de tiempo. La situación pudiera compararse con esa escena de los thrillers donde frente al conteo regresivo de un reloj, el encargado de desactivar el artefacto explosivo, que lleva al derrumbe total, se ve en el dilema de cortar el cable azul, para dar paso a las reformas, o el rojo, para dar la orden de combate y desatar la represión.

La presión externa, ejercida especialmente por el Gobierno de Estados Unidos con más recortes y amenazas militares ha arrancado de cuajo todas las hojas del almanaque que adorna la sala donde la dictadura toma decisiones, y un incesante tic tac los obliga a sentarse a negociar donde solo queda ceder o suicidarse.

La variable de la intervención extranjera tiene su propio calendario, que aunque no está ajeno a la paciencia del pueblo cubano ni a la intransigencia de la dictadura, depende de factores internos.

Como quiera que “el asunto Cuba” es para el Gobierno de los Estados Unidos un tema electoral, además de un punto de inflexión en su política exterior, se ha especulado mucho que el presidente Donald Trump quisiera tener resuelto ese problema antes de noviembre cuando ocurran las elecciones de medio término. El otro plazo más impreciso se relaciona con el tiempo que le falta a los Estados Unidos para dar por terminado (a su favor) el conflicto que sostiene con Irán.

Pero Trump no ha tenido que esperar para tomar otras decisiones como dejar a la Isla sin combustible, dar un plazo a las empresas extranjeras que comercian con los militares de Gaesa y, más recientemente, impedir que las tarjetas de crédito Visa o Mastercard puedan funcionar en Cuba. El general Raúl Castro, apodado oficialmente, en los últimos años, como “el líder al frente de la Revolución”, ha sido declarado como un fugitivo de la justicia estadounidense y abiertamente se habla de venir a por él a la fuerza.

Para contestar la pregunta de cuánto falta quizás no sea necesario sincronizar los relojes de cada escenario, de cada actor. El sol, por su parte, seguirá asomándose por el Este cada amanecer, ajeno a la voluntad de los humanos. Falta menos. Esa es la respuesta.

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