Los cubanos dicen adiós a una época

La Isla despide al último crucero estadounidense entre el temor de los cuentapropistas y la satisfacción de muchos activistas

Cuando el avión de United tocó tierra en Nueva York, la mayoría estadounidense de pasajeros decía adiós a una era. (14ymedio)
Cuando el avión de United tocó tierra en Nueva York, la mayoría estadounidense de pasajeros decía adiós a una era. (14ymedio)

La sirena del barco sonó antes de partir y los automóviles que estaba cerca de la Terminal de Cruceros de La Habana le respondieron al adiós con sus bocinas. Una grupo de gente hizo el gesto de despedida con las manos y hasta hubo quien sacó un pañuelo. El Empress of the seas zarpó y con su impresionante estructura saliendo del principal puerto de Cuba también se marchó una época.

La administración de Donald Trump vetó desde este miércoles los viajes grupales educativos a Cuba y los cruceros, una de las vías que habían encontrado miles de estadounidenses para visitar la Isla y conocer al país que les queda tan cerca pero tan lejos. También se cancelaron las autorizaciones para barcos de recreo y de pasajeros, junto a los traslados privados en avión, para reducir las ganancias en dólares que llegan a manos del Gobierno.

Sin embargo, en las calles habaneras y en las cercanías de los lugares turísticos que se nutrían hasta hace poco de ese flujo de visitantes, el duelo parecía provenir más del perjuicio al bolsillo de los cuentapropistas que del posible daño al todopoderoso Estado.

"Ahora habrá una larga cadena de personas afectadas", cuenta a 14ymedio Sergio, un guía de una agencia particular que este miércoles se quedó a la espera de algún cliente pero al atardecer regresó a casa con las manos vacías. El joven sortea cada día los obstáculos de la burocracia cubana, porque su ocupación aún no tiene una licencia de trabajo por cuenta propia, pero ahora se ha topado con otro muro.

"Vamos disfrazados para que no nos paren los policías por La Habana Vieja, porque si nos ve estando con los extranjeros nos ponen una multa de 1.500 CUP". En plena temporada baja, la llegada de cruceros era la esperanza que tenían muchos como Sergio para lograr algo de divisa convertible en un país que en los últimos meses está viviendo una agudización del desabastecimiento de los alimentos y una subida de los precios.

"La lista de afectados es grande, las casas de renta, las paladares, los choferes de autos clásicos", enumera el guía informal. Todo un entramado de negocios privados que deben pagar al Estado altos impuestos por seguir funcionando. Los carros antiguos de mitad del siglo pasado que ofertan viajes por la ciudad a los cruceristas "deben abonar casi 800 CUC mensuales", apunta Sergio. "Esos están embarcados".

Buena parte de las entradas económicas quedaba en manos oficiales, un realidad que critican los activistas y disidentes que sufren cada día la represión.

El periodista independiente Boris González cree que los pasos dados por Obama "podían verse como algo positivo" en aquellos años "pero lo cierto es que esos pasos de avances se dieron en una sola dirección", porque la Plaza de la Revolución apenas se movió hacia una apertura. "El primer paso lo tendría que dar el Gobierno cubano y eliminar el bloqueo que tiene sobre sus ciudadanos", subraya.

Si las autoridades cubanas no eliminan las restricciones que pesan sobre la ciudadanía "no se les debe permitir que disfruten y colonicen los beneficios de ese acercamiento", agrega González. "Los cubanos tenemos que seguir insistiendo en que de lo que se trata es de tener libertad y no ponerse a recoger el dinerito que se le cae del bolsillo al Gobierno".

Si las autoridades cubanas no eliminan las restricciones que pesan sobre la ciudadanía "no se les debe permitir que disfruten y colonicen los beneficios de ese acercamiento"

Sobre la mesa de un bar cafetería muy cercano a las oscuras aguas de la bahía, Jonathan y Josephine apuraban un mojito mientras contaban las horas para regresar a San Francisco. Ambos trabajan en una empresa de seguros médicos y llegaron a la capital cubana con un grupo que apadrina varios proyectos agroecológicos en las afueras de la ciudad.

"Esta es la cuarta vez que hemos venido en los últimos tres años y habíamos hecho muchos amigos aquí que ahora será difícil volver a ver", lamenta Jonathan. Josephine agrega: "Es una pena, porque ayudamos a la gente y la mayoría de los cubanos con los que hablamos son críticos con su Gobierno y quieren más libertad. Ahora van a ser castigados ellos también".

A varios kilómetros de distancia, en la terminal 2 del Aeropuerto Internacional José Martí decenas de pasajeros estadounidenses abordaban en la tarde de este miércoles el vuelo de United Airlines rumbo a Newark, en las cercanías de New York. Un selfie en la escalerilla del avión con la tarde habanera detrás fue lo último que les quedó de un viaje que nadie sabe cuándo podrán volver a hacer.

Claire, de 22 años, viajó con dos amigas para conocer Cuba y se ufanaba de ser la primera persona de su familia que había podido llegar hasta la Isla gracias a las medidas que impulsó Barack Obama tras el deshielo diplomático que comenzó a finales de 2014.

"Vinimos con un grupo que visitó varias iglesias bautistas, pero en realidad tuvimos mucho tiempo para conocer el país, divertirnos y visitar lugares". En su mano una bolsa con dos botellas de Havana Club selladas en una bolsa de seguridad prometían ser "el último recuerdo que nos pudimos llevar antes de que todo terminara".

Clarie y sus amigas se enteraron de del fin de los llamados viajes culturales y educativos a la Isla, conocidos en inglés como people to people, mientras estaban en la playa de Santa María, al este de La Habana, dándose un chapuzón. Habían podido viajar porque entraban con una de las doce categorías existentes: visitas gubernamentales, actividades de medios de comunicación o centros de investigación, proyectos educativos, religiosos y médicos.

"Lo lamento por la gente que conocí y espero que estas medidas de verdad ayuden al pueblo cubano, aunque ahora es muy difícil ver si tendrán resultados positivos"

"Lo lamento por la gente que conocí y espero que estas medidas de verdad ayuden al pueblo cubano, aunque ahora es muy difícil ver si tendrán resultados positivos", reconoce. "Espero que la próxima vez que vuelva a Cuba haya más libertad, sobre todo para los jóvenes porque muchos con los que hablé me pidieron que los ayudara a salir del país y eso significa que no se sienten bien aquí".

Para el activista y exprisionero de la Primavera Negra, Angel Moya, las medidas tomadas por administración estadounidenses "son correctas". El opositor opina que "el dinero que se obtiene de esos negocios va a parar a las manos de quienes fortalecen el aparato represivo de la dictadura". Mientras que "el pueblo no se beneficia con ese tipo de turismo y además se hace traficando con propiedades que les fueron confiscadas a sus legítimos propietarios".

Moya consideran que el próximo paso debe ser la eliminación de "los también los llamados intercambios culturales" que han llevado a muchos artistas de la Isla a presentarse en escenarios estadounidenses en el último lustro. "Solo sirven para que el régimen cubano exporte su ideología y haga propaganda", puntualiza el activista.

En cambio, Elaine Díaz, directora del medio independiente Periodismo de Barrio, ha lamentado la medida de la Administración de Trump. "Noticias sombrías para los cubanos. Otra medida que daña a la ciudadanía antes que a cualquier Gobierno", ha dicho.

A las 6:35 PM, cuando el avión de United tocó tierra en Nueva York, la mayoría estadounidense de pasajeros decía adiós a una era.

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