Alain Gómez se gana la vida con su carrito de supermercado

El 21 de marzo se celebra el Día Mundial del síndrome de Down, una alteración cromosómica que afecta en Cuba a 9,8 de cada 10.000 personas

Alain Gómez Acuña con su carrito en el mercado ETJ de Tulipán. (14ymedio)
Alain Gómez Acuña con su carrito en el mercado ETJ de Tulipán. (14ymedio)

El mercado agrícola de la calle Tulipán abre sus puertas desde temprano y comienzan a llegar compradores desde varios municipios de La Habana. A las afueras, una figura conocida espera para ofrecer sus servicios de entrega a domicilio. Es Alain Gómez Acuña, un habanero de 40 años con síndrome de Down.

Con un carrito de supermercado Gómez se gana la vida cargando viandas, frutas y otros productos desde el local administrado por el Ejército Juvenil del Trabajo (EJT). Lleva siete años en ese trabajo y, junto a las vendedoras de bolsas plásticas y los empleados de las tarimas, forma parte de un ecosistema comercial que funciona de martes a domingo.

Su incidencia en Cuba es de 9,8 casos por cada 10.000 nacimientos, según explica el doctor Cristóbal Martínez Gómez, terapeuta familiar, jefe del Grupo Nacional de Psiquiatría Infantil del Ministerio de Salud Pública

Este jueves y como en cada jornada, Gómez se ubica en su lugar a poca distancia de una de las entradas del mercado. Pasará buena parte del día yendo de un lado a otro empujando su carro y puede que algún vecino lo felicite, porque el 21 de marzo se celebra el Día Mundial del síndrome de Down.

El síndrome de Down, también conocido como trisomía 21, está causado por la existencia de un cromosoma extra en el par 21. También se le conoce como trisomía del par 21. Su incidencia en Cuba es de 9,8 casos por cada 10.000 nacimientos, según explica el doctor Cristóbal Martínez Gómez, terapeuta familiar, jefe del Grupo Nacional de Psiquiatría Infantil del Ministerio de Salud Pública.

A pesar de que alteración cromosómica se relaciona con enfermedades, fundamentalmente cardíacas o digestivas, que suelen aparejar esperanzas de vida más breve; la socidad ha tendido históricamente a poner el foco en el retraso mental que a veces la acompaña. En la Isla, el estigma sobre las familias con niños con necesidades especiales ha sido frecuente, aunque en los últimos años se han dado pasos importante en la integración social de estas personas.

Las familias de los afectados se han unido en grupos de apoyo y, lentamente, han conseguido desplazar el lenguaje despectivo por palabras más respetuosas

Las familias de los afectados se han unido en grupos de apoyo y, lentamente, han conseguido desplazar el lenguaje despectivo por palabras más respetuosas. Sin embargo, todavía queda mucho por hacer para que la sociedad vele por los derechos de los cubanos con síndrome de Down y les permita ocupar un lugar activo e independiente, sin burlas ni excesiva conmiseración.

Gómez sonríe mientras una cliente del mercado regatea para llevar una gran calabaza y algo de tomate hasta su casa "pasando la loma de Tulipán". Quienes lo conocen saben que de su esfuerzo también depende su familia, una madre y un padrastro de la tercera edad a quienes la contribución económica de este hijo les alivia el día a día.

"Es necesario que las familias sepan que la tendencia a 'esconder' la situación evitando que el niño salga de la casa les va a producir más dolor y tensión", advierte el doctor Martínez a las familias que tienen un hijo con síndrome de Down. "Muestran gran afición por la música. Son alegres y raramente sufren de ataques de irritabilidad", precisa.

En los días flojos del mercado del EJT, con poca mercancía y menos clientes, echa una mano en el parqueo de bicicletas o acomoda las tarimas

En su trabajo y en el edificio donde vive, los vecinos bromean con Gómez y le dicen que se ha vuelto millonario con el traslado de productos desde el mercado. Él sonríe nervioso, como si lo hubieran descubierto, y la carcajada le cubre toda la cara. A veces se ofrece a llevar alguna carga sin cobrar, solo por ayudar a una anciana o a alguien de bajos recursos.

Además de la contribución económica que aporta con su trabajo, Gómez ayuda en las labores domésticas, se ocupa de lavar y planchar su ropa y cocina de vez en cuando, según cuenta su madre. En los días flojos del mercado del EJT, con poca mercancía y menos clientes, echa una mano en el parqueo de bicicletas o acomoda las tarimas.

Su permanente sonrisa solo se oculta cuando tiene la impresión de que algún cliente lo quiere engañar con un pago muy bajo o que intenta no darle nada de dinero por sus servicios. Entonces se pone tan serio que impone respeto, como cuando le preguntan cómo consiguió el carrito de supermercado con el que desanda las calles habaneras.

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