Orgullo Gay en Cuba: sin marcha, matrimonio ni adopción

La comunidad LGBTI nacional celebra este 28 de junio de puertas adentro sin actividades públicas ni bandera arcoíris en las fachadas de las instituciones

La comunidad LGBTI cubana se ha quedado con los reclamos del matrimonio igualitario y de adopción frenados y los recuerdos de la represión del pasado 11 de mayo todavía frescos. (14ymedio)
La comunidad LGBTI cubana se ha quedado con los reclamos del matrimonio igualitario y de adopción frenados y los recuerdos de la represión del pasado 11 de mayo todavía frescos. (14ymedio)

Esta noche, en la intimidad de su casa y rodeados de algunos amigos, René y Richard harán una ceremonia simbólica de matrimonio. "Estábamos esperando que la Constitución permitiera el matrimonio gay para hacerlo, pero eso parece que se va a quedar para el año que nieve", ironiza René. "Nos cansamos de esperar y esta noche nos daremos el aunque no quede en ningún Registro Civil".

La comunidad LGBTI cubana celebra este 28 de junio, Día del Orgullo Gay, de puertas adentro. Ni marcha pública ni bandera arcoíris en las fachadas de las instituciones. Con los reclamos del matrimonio igualitario y de adopción frenados y los recuerdos de la represión del pasado 11 de mayo todavía frescos, apenas queda algo para celebrar cuando se cumplen 50 años de los disturbios de Stonewall que dieron origen a la conmemoración de este día por todo el mundo.

En la fiesta de René y Richard estarán los padres de éste último y las hermanas de ambos. Los padres de René no aceptan la unión porque pertenecen a una de las comunidades evangélicas que con más fuerza se opuso a la inclusión en la Carta Magna del artículo 68, que cimentaba el camino para el matrimonio igualitario. "Ellos casi que han renegado de mí como hijo y aunque ahora mismo pudiera casarme legalmente nada va a cambiar en su reacción", lamenta.

En el barrio donde viven y se ganan la vida con un pequeño gabinete de peluquería y masajes, muchos vecinos han aceptado la situación pero otros no les dirigen la palabra

En el barrio donde viven y se ganan la vida con un pequeño gabinete de peluquería y masajes, muchos vecinos han aceptado la situación pero otros no les dirigen la palabra, cuenta Richard. "Aunque ya no son los tiempos en que había más rechazo, tampoco podemos decir que todo sea un camino de rosas, a veces alguien me insulta cuando camino por la calle y ni pensar en salir cogidos de la mano".

Aunque Richard y René se declaran "alejados de todos los dimes y diretes políticos" y no ejercen un activismo LGBTI público consideran que desde su lugar en la sociedad están ayudando a mover el muro de la intolerancia y el rechazo. "La gente tiene que comprender que somos seres humanos y que tenemos el derecho a elegir a quién amamos", aclara uno de ellos.

Tienen poca confianza en que la aprobación de un nuevo Código de Familia, prevista para dentro de dos años, contemple la legalización del matrimonio igualitario y les otorgue plenos derechos. Ahora mismo, si uno de ellos tiene algún percance y muere, el otro no podrá obtener una pensión por viudez y tampoco tendría potestad para decidir si enterrar o cremar a su pareja, en caso de que la familia decida otra cosa.

"Cuando se cierra esa puerta somos una pareja con todas las de la ley, pero en cuanto salimos de esta casa ya somos dos personas sin relación alguna ante la ley que rige en el país", se queja René. "Es como jugar a los escondidos, negar lo que de todas formas todo el mundo sabe que ocurre", agrega.

Yania, nombre cambiado para este reportaje, conduce un taxi arrendado al Estado y lleva siete años junto a Leticia. Ambas están cuidando el hijo de esta última, fruto de una relación anterior donde primó más el abuso que el amor. "Somos dos mamás, aunque la mayoría de los vecinos piensa que yo soy su prima y que vivo con ella para ayudarla con el niño, pero también chismean mucho sobre eso", aclara.

Con más de 14 horas diarias frente al timón, Yania mantiene a su familia mientras Leticia se ocupa del niño y las tareas domésticas

Con más de 14 horas diarias frente al timón, Yania mantiene a su familia mientras Leticia se ocupa del niño y las tareas domésticas. En la escuela, a la taxista le dicen "la tía de Jeancarlos" y el niño dice "mamá" solo a su progenitora, a la otra la llama por un diminutivo del nombre. Ambas sueñan con poder darle un hermanito ahora que la situación económica de la familia está mejor, gracias a la venta de una casa familiar.

"Sabemos que no tenemos posibilidad ninguna de poder adoptar un bebé", lamenta Yania. En la misma cuadra donde vive, una adolescente de una familia con problemas de violencia salió embarazada y les había propuesto que se quedaran con el bebé. "Pero no queremos nada ilegal, porque el día de mañana cambia de idea y nosotras no tendremos ningún derecho".

En Cuba, la adopción de niños por partes de parejas heterosexuales ya es de por sí complicada. "Si apenas se dan niños en adopción a parejas heterosexuales a quién se le va a ocurrir abrir la posibilidad a las homosexuales", cuenta una trabajadora de Educación.

Sin embargo, algunos han encontrado caminos para satisfacer sus deseos de paternidad a pesar de los obstáculos legales. "Me crié con dos hombres maravillosos y desde que era chiquita sabía que ellos eran una pareja", cuenta a 14ymedio Liuba Herrera, una joven estudiante universitaria que fue recogida desde muy pequeña por dos vecinos que vivía al lado de su casa. "Mi madre biológica era alcohólica y terminó muriendo de cirrosis hepática".

Carlos y Emmanuel, sus dos padres, se ocuparon de todo. "Tuve una infancia en que no me faltó nada y tampoco el amor", detalla Herrera. "En mi escuela algunos se burlaban y me hacían bromas de mal gusto pero al final terminaron aceptando que yo tenía dos papás". Ahora, el mayor sueño de ambos es convertirse en abuelos. "Pero tendrán que esperar porque todavía me falta para la graduación", dice.

La fecha de hoy, que recuerda los disturbios de Stonewall (1969), ha sido por décadas sumamente incómoda para la Plaza de la Revolución, en parte porque el fenómeno se originó en Estados Unidos

La fecha de hoy, que recuerda los disturbios de Stonewall (1969), ha sido por décadas sumamente incómoda para la Plaza de la Revolución, en parte porque el fenómeno se originó en Estados Unidos en uno de los momentos de mayor rivalidad entre ambos Gobiernos. Esa aversión llegó al punto de que el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), que dirige Mariela Castro, optó por trasladar las celebraciones al Día contra la Homofobia, el 17 de mayo.

Este año todo apunta a un estancamiento para la comunidad LGBTI en la lucha para conquistar sus derechos. Finalmente no fue incluido en la nueva Constitución el artículo que abría la puerta al matrimonio igualitario, después vino la cancelación de la conga que organizaba el Cenesex y más tarde la policía detuvo violentamente a varios activistas que organizaron una marcha por el Paseo del Prado en La Habana.

A pesar de los escasos motivos para la fiesta, hay quienes se resisten a que este viernes pase como cualquier otro día, pero poco podrán hacer en un país donde la libre asociación no existe y donde muchos han preferido convivir como una pareja de hecho, celebrando la jornada a puertas cerradas o criando el hijo de un vecino porque no pueden adoptar un bebé.

"El oficialismo nunca ha tomado las calles ni ha celebrado esta fecha, solamente ha sido celebrada por la comunidad independiente, una muestra de eso fue El Paseo del Orgullo Gay que comenzó en 2011", cuenta a 14ymedio Ignacio Estrada, uno de los organizadores de aquella demostración y hoy residente en Miami. 

Para el artista Adonis Milán, actualmente la mayor represión es "con los trans". El también activista LGBTI reside cerca del Parque de la Fraternidad en La Habana, un tradicional punto de encuentro de la comunidad. "No tienen trabajo porque no les dan plaza en ninguna parte, así que viven de la prostitución que es la única manera que les queda de poder sustentarse", lamenta.

La policía hace frecuentes redadas en el lugar, cuenta Milán. "Llegan con un camión y se los llevan" , algo que también ocurre en las cercanías de la sala deportiva Polivalente, otro punto de reunión de transexuales.

"A mí me han multado ya como tres veces. Me ponen multa por prostitución masculina a pesar de que, en este caso de los puntos de encuentro, el sexo es por placer y no por dinero", explica el artista. "La dinámica de la policía es de desprecio y de humillación pero aquí no hay otro lugar. La política que siguen con esta comunidad es de odio y desprecio, muchas veces nos maltratan" 

El director de la revista Tremenda Nota, Maykel González Vivero, no cree que la represión del 11 de mayo en la capital, pueda verse como un retroceso en la actitud institucional hacia la comunidad. "Es una posición coherente con el discurso oficial, que ha desconfiado del carácter contestatario del movimiento LGBTI". Recuerda que "Mariela dijo que el denominado Orgullo LGBTI, la conmemoración de Stonewall, es una fiesta comercial, capitalista". 

Para el periodista, "lo más parecido a un Stonewall cubano -gente negada a aceptar el freno de la autoridad- fue la marcha del 11 de mayo pasado, que Mariela descalificó". Según él, las autoridades cubanas cancelaron la conga precisamente porque coincidía con una fecha simbólica, el 50 aniversario de los incidentes en el bar de Nueva York. "En todo caso, las notas oficiales no mienten. Se temía un disturbio, lo que finalmente ocurrió, algo como un Stonewall".

Aunque falta mucho para que Carlos y Emmanuel puedan juntos pasear a su nieto, como una pareja, el activista Isbel Díaz Torres, del Proyecto Arcoíris, considera que "las políticas de retroceso del Gobierno cubano han significado la perfecta oportunidad para un avance en la configuración de un verdadero movimiento LGBTIQ en la Isla".

Unos pasos hacia adelante que se han logrado "con autonomía y beligerancia. Ningún derecho es permanente o inamovible", opina Torres

Unos pasos hacia adelante que se han logrado "con autonomía y beligerancia. Ningún derecho es permanente o inamovible, pero vamos aprendiendo que aquellos que se obtienen sin lucha ni presión social, como regalos benevolentes del poder, son más fáciles de perder que aquellos otros conquistados tras el clamor popular, la demanda cívica, la exigencia legítima de excluidos y excluidas".

Torres remacha que, en fin de cuentas, "a las trans latinas y afroamericanas de Stonewall, hace 50 años, nadie les regaló nada".

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