El recuerdo del Período Especial impide el despegue de la bicicleta como transporte

Las políticas públicas para promover el ciclo han ayudado poco a cambiar el recuerdo de los 90

Uno de los pocos parqueso de bicicleta que todavía quedan en La Habana, donde una vez hubo prácticamente uno en cada esquina. (14ymedio)
Uno de los lugares de alquiler de bicicleta en La Habana. (14ymedio)

Algo está cambiando en la mentalidad de los cubanos a la hora de moverse en bicicleta, pero demasiado lentamente. Los fantasmas del Periodo Especial impiden que los ciudadanos perciban el ciclo como un medio de transporte alternativo al ómnibus, más sano y menos contaminante. Y la política no ha contribuido precisamente a ello.

En noviembre pasado comenzó a funcionar, de manera experimental, un sistema público para el alquiler de bicicletas en La Habana. Pero el proyecto Ha´Bici, en el que han trabajado de conjunto la Oficina del Historiador de La Habana, la Dirección General de Transporte en la provincia y el Gobierno vasco, no acaba de convertirse en una alternativa para los residentes.

"Es demasiado caro, porque el cliente ocasional tiene que pagar 50 CUP por una hora de alquiler, mientras que el abonado paga 60 CUP al mes, y esos son precios para extranjeros no para gente que tenga que vivir de un salario cubano"

"Es demasiado caro, porque el cliente ocasional tiene que pagar 50 CUP por una hora de alquiler, mientras que el abonado paga 60 CUP al mes, y esos son precios para extranjeros no para gente que tenga que vivir de un salario cubano", lamenta Oscar, vecino de uno de los puntos de alquiler de estos ciclos en el casco histórico.

Los turistas han sido los principales beneficiados hasta el momento con la iniciativa, confirma una empleada de Ha´Bici a este diario. "Vienen muy pocos cubanos a rentar una bicicleta y cuando vienen es porque quieren acompañar a algún turista en un paseo por la ciudad", agrega la trabajadora que prefirió el anonimato.

En su opinión, los jóvenes están "más abiertos a disfrutar la idea de moverse en bicicleta sin que eso les parezca que es por ser pobres o por estar en medio de una crisis", pero reconoce que "todavía muchos cubanos ven la bicicleta como un castigo y no como una diversión o como algo bueno para la salud".

Un estudio del Centro de Salud de la Universidad Alemana del Deporte (DSHS) asegura que "las personas que sufren las típicas molestias de dolor de espalda, sobrepeso y otras enfermedades cardiovasculares podrían gozar de muchos años de buena salud, si se decidieran a usar más la bicicleta".

Los países del norte de Europa son los que mejor han incorporado la bicicleta a la movilidad urbana. Una geografía adecuada, con ciudades llanas, y unas políticas públicas orientadas a la sostenibilidad y la salud han convertido a países como Holanda, Suecia, Alemania, Bélgica o Dinamarca en lugares en los que es común ver a políticos y grandes empresarios acudir a su centro de trabajo en ciclo.

En Cuba, en cambio, queda demasiado cerca el uso de la bicicleta como recurso para moverse en los años 90

En Cuba, en cambio, queda demasiado cerca el uso de la bicicleta como recurso para moverse en los años 90. Tras el colapso de la Unión Soviética, una de las primeras señales del deterioro económico fue la caída en picada del transporte público. Antes de permanecer durante horas esperando en una parada de guaguas, muchos prefirieron montar sobre el sillín.

"Nunca me había subido en una bicicleta", cuenta a 14ymedio Yanet González de 44 años y residente en Alamar, en La Habana del Este. "Cuando era niña solo los varones las usaban y en mi familia pensaban que una mujer no debía ir dándole a los pedales por ahí". Al terminar noveno grado obtuvo una bicicleta china por ser buena estudiante y su vida cambió.

"Al llegar a mi casa mi padre me dijo que íbamos a venderla", recuerda. En el mercado negro el precio del ciclo superaba los 1.500 CUP en ese momento. "Era cuando la libra de arroz llegó a costar 50, así que mi familia enseguida pensó en convertir la bicicleta en comida". A pesar de la presión, Yanet se negó a venderla.

"Aprendí a montar y me pasé casi una década usando bicicletas para moverme sin depender del transporte público". Sobre dos ruedas se trasladó hacia el lugar donde conoció a su esposo, más tarde ambos movieron sobre una de ellas la cuna de su primer hijo y cuando decidió dejar el sector estatal y pasarse al trabajo por cuenta propia vendió sus primeros dulces también "a golpe de pedal".

Ahora, Yanet es como esos miles de habaneros que no han vuelto a tocar una bicicleta en casi dos décadas. "En cuanto la gente sintió que la economía mejoraba un poco a principios de este siglo, lo primero que soltó fue la bicicleta, porque para la mayoría era algo que no hacían porque les gustaba sino porque no tenían otra opción", reconoce.

Con la llegada al poder en Venezuela de Hugo Chávez, la Isla comenzó a recibir una abultada partida petrolera que permitió restablecer el transporte público en La Habana, aunque nunca con la cantidad de rutas ni la frecuencia que habían exhibido en los años del subsidio soviético. En la medida en que comenzaron a circular más guaguas las bicicletas comenzaron a escasear.

"Con lo que gané arreglé la casa y hasta ayudé a uno de mis hijos a salir del país, pero desde hace unos diez años cerré el negocio"

Roberto se dedicó por casi 20 años a reparar ciclos y coger ponches frente a la gasolinera de la calle Infanta y Lealtad. "Tenía hasta 10 clientes diarios, porque esta era una de esas calles por donde no dejaban de pasar bicicletas", explica a este diario. "Con lo que gané arreglé la casa y hasta ayudé a uno de mis hijos a salir del país, pero desde hace unos diez años cerré el negocio".

"No venían casi ciclistas y no me daba la cuenta", explica. "Convertimos esto en una cafetería, pero me gustaba más mi trabajo anterior", reconoce Roberto. Consideran que "los habaneros le cogieron miedo a la bicicleta porque le trae malos recuerdos".

Cerca de su casa, en un punto de despacho de ómnibus adaptados para transportar bicicletas a través del túnel de la Bahía a La Habana del Este, la frecuencia de la salida de vehículos ha caído mucho y cuando sale alguno va prácticamente lleno de motos eléctricas o de combustible pero muy pocas bicis. La misma escena se repite en la lancha para llegar a Regla o Casablanca.

En 2013 las autoridades anunciaron un programa para recuperar el uso de la bicicleta. Marino Murillo, jefe de la comisión para el desarrollo de las reformas económicas, ensalzó las ventajas de este medio de transporte para la movilidad de la población y aseguró que estaba en evaluación "la aplicación de precios no recaudatorios en la venta de piezas para su mantenimiento", pero seis años después poco ha cambiado.

Para comprar una bicicleta en las tiendas en monedas convertibles se necesitan más de 100 CUC y en el mercado informal los precios son similares, aunque la variedad de ciclos es mayor

Para comprar una bicicleta en las tiendas en monedas convertibles se necesitan más de 100 CUC y en el mercado informal los precios son similares, aunque la variedad de ciclos es mayor.

"Hay demasiado calor para montar bicicleta y el tráfico es peligroso", opina Raunel, de 29 años y quien dice preferir las motos eléctricas. La mayoría de los proveedores de los servicios públicos de bicicletas en Europa ofrecen ciclos eléctricos que, de utilizarse en Cuba, solucionarían los problemas de clima o territorios con más elevaciones, pero además sería necesario habilitar rutas seguras y concienciar a los conductores de vehículos a motor de la importancia de respetar a los ciclistas. "Como ya no hay sendas que señalen su prioridad, esto es la ley del más fuerte y ya sabemos quién va a salir perdiendo".

El joven espera que a corto plazo "vendan bicicletas a precios asequibles, vuelvan a reabrir parqueos y mejoren la situación de las calles" para poder volver a andar sobre dos ruedas. "Así, como está el panorama, ahora es un suicidio moverse en bicicleta. Sobre todo en las noches porque hay zonas que prácticamente no tienen alumbrado público".

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