¿Son adecuados los exámenes de ingreso como método para entrar a la universidad?

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José Ramón Saborido Loidi Permiten ordenar a los estudiantes de una manera más justa en el escalafón, a partir de sus conocimientos

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Son un método ya caduco de evaluación, donde el alumno debe demostrar que aprendió de memoria el contenido

El error cometido en el examen de matemáticas para el ingreso a la universidad de la semana pasada ha abierto un debate en el que se llega a cuestionar los métodos de acceso a la educación superior. Más de 50.000 estudiantes fueron afectados en todo el país por un enunciado confuso en la pregunta número cuatro, que originó las quejas de los alumnos y la decisión de las autoridades de no evaluar el inciso que generó el desconcierto.

El incidente se suma a un sonado caso de fraude ocurrido el año pasado, por el que condenados varios profesores y metodólogos que filtraron numerosas copias de exámenes. Esta secuencia de sucesos negativos ha dañado la confianza en esta forma de alcanzar una plaza universitaria y ha obligado a varios funcionarios del Ministerio de Educación Superior a hacer un mea culpa en la prensa oficial.

El debate, sin embargo, apenas ha empezado. Las voces que apuntan a que debe ponerse fin a los exámenes de ingreso a la universidad y buscar otras maneras de evaluar la capacidad del aspirante van en aumento. Se argumenta que son pruebas basadas en los viejos métodos del aprendizaje memorístico, donde no importa quién sepa más, sino quién recuerda más. Por otro lado, parece ilógico que alguien que se decante por una especialidad de humanidades deba ser evaluado por sus conocimientos matemáticos como si fuera a ser ingeniero o informático.

Otros tantos se pronuncian a favor de mantener los exámenes de ingreso, por la equidad que le otorga a cada alumno a la hora de confeccionar el escalafón final para acceder a la enseñanza superior. Quienes apuestan por mantener el actual método de ingreso a la universidad consideran que permite medir de manera integral los conocimientos aprendidos en los grados anteriores. Por otra parte, aluden a la necesidad de formar profesionales que dominen un gran espectro de materias, aunque no les sean afines a su posterior especialización.

El debate está servido y más temprano que tarde las autoridades educativas deberán tomar nota de esta polémica que ha ido creciendo en la sociedad cubana.

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