La salida democrática

Ante el fracaso del "socialismo de Estado", para Cuba se hacen visibles con más claridad dos salidas principales a la crisis actual: la autoritaria-capitalista, que ofrece la "actualización" sustentada en una alianza entre el capitalismo monopolista de Estado disfrazado de socialismo, con el capital extranjero bajo el control del mismo Gobierno-Estado-partido, y la democrática, que incluye a todos los actores sociales.

Una salida democrática necesariamente tendría que ser inclusiva. Esto implicaría el desarrollo de un proceso de democratización y socialización de la política y la economía que abra los espacios de participación a todos los cubanos de dentro y de fuera, el progreso de todas las formas de producción y la creación de condiciones para una constitución democrática de nuevo tipo, un Estado de derecho y una nueva ley electoral pluripartidista.

Esta opción tendría que sustentarse en un nuevo pacto social, que agencie amplias posibilidades de financiamiento a los emprendedores de propiedad creados durante más de medio siglo por el socialismo estatal, sobre la base de la compensación, la cooperación y el arbitraje independiente. Este pacto debería eliminar los monopolios estatales sobre los mercados y no* permitir el desarrollo de los privados, además de establecer políticas fiscales de estimulo a la producción.

Implicaría también la implementación de los presupuestos participativos locales, de manera que la mayor parte de los impuestos recaudados se queden en los niveles inferiores y sean manejados en función de los intereses comunitarios, garantía de su desarrollo.

Este proyecto contempla pocos puntos del programa de los socialistas democráticos, pero en aras del consenso y de sacar a la sociedad del estancamiento actual, hay que subordinar el resto a una estrategia general democrática que luego nos permitiría defender mejor nuestras posiciones y llevarlas a la práctica.

Esta salida a la crisis actual solo parece posible a través del diálogo con todos, la negociación y un ambiente de distensión y concordia nacional

Quede claro, una vez más, que rechazo todo intento de imponer arbitrariamente las formas libres de producción, individual o asociadas, de tipo autogestionarias; pero no niego mi aspiración a que superen, por méritos propios, a las diversas formas de explotación asalariada, por lo que deseo su desarrollo y respaldo financiero de todo tipo.

Como comprendo que el capital privado tiene todavía amplios espacios que cubrir en la economía cubana y que sus representantes más avanzados pueden contribuir a los esfuerzos por desarrollarla, no tengo inconvenientes en su participación bajo leyes que garanticen el pago por trabajo, de vacaciones y seguridad social, sindicalismo libre y otras que respalden los derechos de los asalariados.

Esta salida a la crisis actual solo parece posible a través del diálogo con todos, la negociación y un ambiente de distensión y concordia nacional, donde todos pongan en primer plano los intereses de la nación en salir adelante, con el pueblo como único soberano. Esto implica la liberación de los detenidos por razones políticas, el cese de la represión al pensamiento diferente y el restablecimiento de las libertades y garantías fundamentales.

Tributan a la salida democrática, en diverso grado y con no pocas diferencias, la sociedad civil independiente que opta por la no violencia y el diálogo; sectores progresistas y nacionalistas de la burguesía dentro y fuera del país, la amplia izquierda democrática en la sociedad cubana y las fuerzas que verdaderamente están a favor de un cambio dentro de las filas del Gobierno-partido-Estado.

En sus demandas, hay coincidencias que deberían pasar a primer plano, sin abandonar sus identidades. Estas fuerzas podrían colaborar en muchas de sus acciones y políticas, incluso llegar a formar una especie de amplio frente democrático nacional.

El triunfo de esta alternativa dependerá de la capacidad de esas fuerzas democráticas (todas, no importa el color político, si estén dentro o fuera del país y dentro o fuera del sistema-Gobierno) para hacer llegar sus programas a la población, ganarse su apoyo y crear las alianzas necesarias.

El triunfo de esta alternativa dependerá de la capacidad de las fuerzas democráticas para ganarse el apoyo de la población y crear las alianzas necesarias

La salida democrática encuentra hoy un terreno fértil para desarrollarse, como nunca antes, por el cambio de política en EE UU, que neutraliza toda la asfixiante filosofía aislacionista de ciudadela sitiada y elimina pretextos para la represión política y la falta de democracia y libertades de todo tipo. La nueva política estadounidense puede eliminar todas las trabas para un amplio comercio con el exterior, necesario para el desarrollo.

Se trata de la coyuntura histórica más importante después del triunfo de la Revolución del 1 de enero de 1959, para realizar las transformaciones democráticas que demanda el país y que permitan a todas las tendencias políticas a favor de cambios trabajar para alcanzarlos.

No hay medidores democráticos para identificar la capacidad de estas fuerzas para predominar, pero sí podríamos decir que, a pesar de la dispersión, de la falta de medios y recursos para influir a nivel social, y de las propias limitaciones que impone el sistema burocrático, estas fuerzas en conjunto podrían constituirse en una mayoría determinante en un ambiente de tolerancia y libertades fundamentales por su identificación con los intereses de las mayorías populares.

El sistema imperante en Cuba se sustentó en dos pilares básicos: la ayuda externa y la oposición al imperialismo norteamericano. La primera quedó atrás con la caída de la URSS y el campo socialista, espacio que nunca llenó Venezuela. El Ejecutivo de EE UU restablece relaciones diplomáticas con el Gobierno, pero muchas de las leyes del bloqueo-embargo persisten y cubanoamericanos en el Congreso del norte las favorecen, brindando justificación a las fuerzas que en el Gobierno militar cubano siguen atrincheradas en el pasado. Se hacen el juego.

Se oponen a la salida democrática quienes predominan en el grupito de históricos que controla el Gobierno y usa la "actualización", como punta de lanza el aparato político-militar que administra el país, para impedir el amplio desarrollo de todas las formas de producción extraestatales que no sean la inversión extranjera conjunta o directa, no da señales a favor de la democratización y continúa reprimiendo el pensamiento diferente, incluso usando la violencia.

Se oponen a la salida democrática quienes predominan en el grupito de históricos que controla el Gobierno y usa la "actualización"

Este grupito sabe fracasado su modelo estatalista asalariado y promueve cambios, pero con mucho miedo a que su evolución lleve a que pierdan el poder y sean juzgados por todo lo mal hecho en más de medio siglo en nombre del socialismo. No se percatan de que la Historia ya los ha juzgado y los ha condenado a retiro. Pero la sentencia podría cambiarse si siguen obstinados en sus posiciones y reprimiendo las alternativas diferentes.

Como parte del complejo contexto actual, no puede negarse que el presidente cubano, Raúl Castro, y su grupo han reaccionado positivamente al acercamiento con EE UU, aunque su motivación principal sea el levantamiento de las sanciones que le permitan acceder a dinero e inversiones del norte, y que su Administración, tan centralizada y burocrática como la de Fidel Castro, incapaz de resolver los graves problemas de la sociedad cubana, al menos ha modificado algunas viejas regulaciones absurdas y ha dejado mínimos espacios a la actividad económica fuera del Estado.

Todo indica que, si es cierto que hay diferencias en las altas esferas de la elite burocrática, relacionadas con la profundidad de los cambios y con la política de acercamiento a EE UU, parece haber unanimidad en los mismos prejuicios hacia la imprescindible democratización de la sociedad y coincidencia en la política represiva hacia el pensamiento diferente como vías para garantizar la continuidad del poder en manos de la elite burocrática, sus descendientes y leales.

Los militares que administran el país y que pudieran tener posiciones más pragmáticas podrían desplegar otras iniciativas en un escenario más distendido, sin las presiones del embargo-bloqueo, ni de grupos internos apoyando esas viejas políticas estadounidenses, que les permitan comprender que pueden ser parte del futuro si son capaces de compartir el poder con los trabajadores y el pueblo, con las diversas fuerzas democráticas.

También dificulta la salida democrática el discurso del pase de cuenta de los grupos más radicales en el exilio y algunos en el interior opuestos al diálogo con el Gobierno, quienes parten de la filosofía de que primero debe ser barrida la cúpula castrista e insisten en que EE UU mantenga el bloqueo-embargo, en obstaculizar la normalización de relaciones y en buscar un cambio de régimen por vía de la asfixia económica y política.

Esto, al tiempo que contraviene los métodos y fines de la salida democrática y pacífica, reafirma la oposición a la misma de los recalcitrantes del estalinismo, a quienes debe dejarse una salida, pues de lo contrario, el atrincheramiento es su única opción.

La democracia, como la libertad, es para todos, o no es verdad

¿Quieren estos grupos "la democracia solo para ellos" y otra nueva dictadura para los demás? La democracia, como la libertad, o es para todos o no es verdad. Los que se oponen a la salida democrática, los partidarios de la violencia y las políticas excluyentes, ellos mismos terminan aislándose.

Los que piden "justicia primero" parecen olvidar que se cometieron crímenes horrendos en nombre de la lucha contra el castro-comunismo y que por ello también se clama justicia.

¿Tratamos de resolver los problemas que agobian al pueblo cubano y le impiden el alcance del desarrollo y la felicidad o nos pasamos todas las cuentas, revivimos el pasado, de nuevo ensangrentar la tierra cubana y continuamos en un interminable ciclo de violencias?

¿Ánimos de justicia o venganza? ¿No sería más loable y posible tratar de alcanzar la paz en la justicia junto al perdón, por medio de métodos afines como el diálogo y la negociación y dejar sepultado junto al hacha de la guerra el ojo por ojo y diente por diente?

Que la violencia se origina en el sistema político de la dictadura del proletariado, nadie lo pone en duda. Pero evítese hacerle el juego con discursos y políticas similares a las suyas.

Es hora de que el entendimiento llegue a lo interno de la sociedad cubana (diáspora incluida, desde luego), tal y como lo están logrando los Gobiernos de Cuba y EE UU a través del diálogo, por encima de graves diferencias. El papa, que auspició el acercamiento entre Washington y La Habana, podría contribuir al diálogo interno.

El Espacio Abierto de la Sociedad Civil Cubana acaba de hacer una propuesta de diálogo con todos, incluidas las autoridades gubernamentales. Sería un grave error rechazarla u obviarla. Esperamos que más temprano que tarde la cordura demostrada por el Gobierno cubano en el diálogo con EE UU se muestre también a lo interno de la sociedad cubana.

* Nota de la redacción: En este texto se enmendó un error cometido en la versión anterior en la que, al quedar suprimido el "no", cambiaba completamente el sentido de la frase. Pedimos disculpas al autor, Pedro Campos.

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