Cumbre de las Américas: miedo a las ideas ajenas y poca fe en las propias

Falta menos de un mes para la Cumbre de las Américas, que se celebrará en Panamá los días 10 y 11 de abril. La atención de buena parte del mundo se centrará esta vez en Cuba y EE UU, los dos países que han anunciado su intención de restablecer las relaciones bilaterales, rotas hace más de 50 años.

Muchos esperan que esta cumbre no sea como tantas otras, sino que marque un hito en la historia, acogiendo el debate imprescindible sobre el único Estado sin democracia del hemisferio, debate que ha sido postergado injustificadamente durante más de medio siglo.

Ante la inminente posibilidad de no controlar todas las variables del encuentro, el Gobierno cubano se pone cada vez más nervioso. Una de las jugadas que ya se deja ver entre bambalinas está en acusar a los disidentes de querer "atentar" contra la cumbre alternativa del ALBA y otros absurdos por el estilo lanzados por sus agentes de opinión en Internet.

Cualquiera que sepa cómo operan estos mecanismos es consciente de que las matrices de opinión no se inyectan por gusto, sino que persiguen crear un marco adecuado para otras jugadas que pueden ir desde impedir la salida de algunas personas de Cuba hasta organizar actos de repudio y otras actividades habituales en su proceder en territorio panameño.

Aún tenemos frescos en la memoria los espectáculos que orquestaron las embajadas cubanas en aquella primera gira de Yoani Sánchez, especialmente en Latinoamérica. También, más recientemente, en Guadalajara en el marco de una cumbre cultural en la que los simpatizantes del Gobierno cubano arrancaron micrófonos, escupieron y ofendieron a quienes, con mucho esfuerzo, intentaban hablar de forma civilizada.

¿Por qué tanto miedo a las palabras? ¿Debe América soportar eternamente las malacrianzas de un Gobierno que se cree superior, divino e incuestionable?

¿Por qué tanto miedo a las palabras? ¿Debe América soportar eternamente las malacrianzas de un Gobierno que se cree superior, divino e incuestionable?

Esta vez, además de contar con sus tropas de choque exterior, llevan desde adentro su propia sociedad civil. Civil porque no llevarán puesto un uniforme, civil aunque tengan autos con chapa oficial, gasolina oficial, presupuesto oficial, local oficial y, lo mejor de todo, un discurso más oficialista que el del propio Gobierno.

Pero nada de esto importa si los anfitriones logran crear un espacio digno y seguro para que sean escuchadas todas las voces. Ojalá que un poquito de decencia política nos sorprenda. Ya va siendo hora.

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