La bicicleta poderosa

Un hombre coloca un colchón sobre una bicicleta en una calle de La Habana. (14ymedio)
Un hombre coloca un colchón sobre una bicicleta en una calle de La Habana. (14ymedio)

En la década de los noventa, se distribuyeron en Cuba casi tres millones de bicicletas, importadas en su mayoría desde China. El colapso de la Unión Soviética y la crisis económica sufrida por la sociedad cubana tuvieron un impacto muy negativo en el suministro de petróleo y la transportación de pasajeros. Las calles se llenaron de ciclistas, sendas solo para bicicletas, parqueos donde guardar el alternativo transporte y una red informal de venta de piezas de repuesto y reparadores.

Aparecieron también todo tipo de dispositivos que adaptan a los ciclos para trasladar a varios miembros de una familia, llevar a niños pequeños, cargar mercancías y protegerlas de los robos. Con el paso de los años, muchos de esos ingeniosos inventos han caído en desuso por el repunte de la economía y la llegada de un suministro estable de combustibles. Ahora es difícil encontrar en La Habana un parqueo de bicicletas y no queda ninguna de las sendas especiales que se crearon para su paso en las principales avenidas.

No obstante, la bicicleta sigue siendo el transporte de los más pobres. Con ella van al trabajo, localizan los productos alimenticios y hasta transportan todo tipo de objetos: un colchón ‒como en la foto‒ una maleta o una tambaleante fila de cajas llenas de huevos.

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