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Miedo, el demonio del equipo Cuba

El equipo cubano de béisbol tras resultar vencedor en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, Veracruz 2014 (EFE)
Víctor Ariel González

05 de febrero 2015 - 07:10

La Habana/"Demasiada presión", han dicho quienes saben de béisbol y hasta otros que no dominan tanto la materia. Pero en cualquier país extrañaría que los aficionados no exijan a su equipo, o que la prensa local no reflejara ese deseo. Es lo que le da vida a cualquier competencia, la rivalidad. Y si el mundo entero funciona así, ¿entonces dónde está la supuesta presión adicional sobre los cubanos?

Este miércoles ha sucedido lo predecible. No tanto el resultado de nuestros inseguros vegueros contra Puerto Rico como el hecho de que dos jugadores de la selección nacional, Dainer Moreira y Vladimir Gutiérrez, decidieran abandonar su uniforme en tierras donde funciona la "asesina" Ley de Ajuste Cubano. El dúo de desertores ya no volverá atrás porque acaban de librarse, precisamente, del exceso de presión que pesa sobre todo el conjunto que ahora prescindirá de su servicios.

Que los suyos sean los nombres añadidos a la lista de "traidores" –como los llama el oficialismo–, no significa que haya parado el flujo de cubanos que cada año abandonan la "honrosa causa" de jugar "por la bandera y la Revolución". Ni siquiera significa que mañana mismo no decida quedarse otro pelotero más. No se sabe a ciencia cierta quién, además de Moreira o Gutiérrez, estén deshojando ahora mismo la margarita del asilo político.

Este mismo análisis es el que hace el staff de comisarios políticos que presumiblemente acompaña a nuestra selección de béisbol. Y lo que podría estar cocinándose en los vestidores. Allí, la desconfianza hacia el compañero, la sospecha de si será un delator o no, se suma a las presiones normales que sufren los cubanos como jugadores. Esos son los demonios con que siguen enfrentándose quienes han demostrado, al menos hasta el momento, ser más "patriotas".

No se sabe a ciencia cierta quién, además de Moreira o Gutiérrez, estén deshojando ahora mismo la margarita del asilo político

Jugar, para Cuba implica mucho más que dar un espectáculo deportivo donde gane el mejor. Desde que el Estado monopolizó todo lo demás, en el país nada se sale de su monorriel ideológico. Y, aparte del compromiso de complacer a los fanáticos, protagonizar un reportaje triunfalista, o estar a la altura de la competencia, varios peloteros cubanos se han estado debatiendo en la disyuntiva de huir. No lo dicen del todo mal las autoridades: la presión es, realmente, demasiada.

La ausencia de dos miembros en el equipo es resultado de una guerra interna, más fuerte que el propio torneo de béisbol, que cada atleta debe librar. No debe ser fácil dejar atrás una familia y un mundo conocido. Pero resulta muy difícil, por otra parte, evitar la curiosidad que despierta lo que es nuevo. Y es aún más tentador para aquel jugador que se sabe con un puesto seguro en los equipos de mayor nivel del mundo, o al menos donde su carrera le dé la vida que en su tierra le está prohibida si da el salto.

Entre los asistentes al actual torneo regional, quienes sean un poco observadores ya habrán notado también que, luego de tanta política ligada al pasatiempo nacional durante décadas, el profesionalismo comienza a volver por sus fueros en nuestro béisbol. A cualquiera del seleccionado cubano podría ocurrírsele, ante este horizonte, tomar iniciativa propia. Después de todo, eso que llaman "patria" da más penas que glorias.

Desde que el Estado monopolizó todo lo demás, en el país nada se sale de su monorriel ideológico

Los vegueros pinareños en esta Serie del Caribe se deben enfrentar a todos estos desafíos simultáneos. Cada turno que consumen al bate, donde tienen que decidirse a hacer swing en fracciones de segundo, puede ser al mismo tiempo la oportunidad que ya no volverá. Y como integrar la selección nacional –muy parecida al Pinar del Río que juegó anoche en San Juan– pasa por un filtro ideológico donde cuentan hasta las miradas de complicidad o los comentarios incorrectos, sería comprensible un temor generalizado: "¿y si no me llaman para el próximo equipo Cuba?".

Uno de los elementos más importantes para darle a la bola, y por consiguiente hacer carreras, es la concentración. Con tantos enemigos a combatir –los reales y los internos–, el rendimiento deportivo baja. Tal vez así se explique el pobre resultado de los cubanos frente a México o Dominicana en la Serie del Caribe.

Ahora con dos hombres menos, a Puerto Rico sólo pudieron vencerlo a duras penas, y Venezuela no será más suave que ninguno de los otros. Pero si el miedo ha conseguido que en Cuba se dé el extraño caso de una dictadura de 56 años, quién sabe si gracias a eso mismo ocurre el milagro de nuestros peloteros regresando con el triunfo. O quién sabe si con más de dos jugadores en la lista de quienes lograron vencer sus propios miedos.

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