Una provocación anunciada
Cajón de Sastre
En Cuba está ampliamente demostrado que la represión y el adoctrinamiento no han eliminado las ansias de libertad
Miami/Desde la propia Sierra Maestra el demiurgo de Fidel Castro proclamó que, al finalizar la guerra contra Fulgencio Batista, comenzaría para él una lucha mayor contra Estados Unidos, la que calificó como su "verdadero destino". El castrismo, no Cuba, es una amenaza constante y permanente para la seguridad de esta nación.
Es una verdad histórica que el sistema totalitario insular odia visceralmente a este país por representar todos los valores que le adversan. Su vasta experiencia totalitaria en el manejo político lo convierte en un enemigo sumamente peligroso, circunstancia que se agrava por su total falta de escrúpulos y práctica en provocar conflictos, sin importar lo lastimoso que puedan ser los resultados para los cubanos.
Los seguidores del castrismo siempre tramitarán la destrucción de esta nación, gestión en la que procurarán la ayuda de quienes comparten esa animadversión, mientras no cesan de sembrar en territorio estadounidense espías en busca de información que facilite su ruina, así como la de sus aliados más relevantes, entre los que hay que incluir al exilio cubano.
El totalitarismo siempre trata de acentuar sus crisis periódicas con Estados Unidos
Simultáneamente, el totalitarismo siempre trata de acentuar sus crisis periódicas con Estados Unidos, seguro de la visión que comparten algunos de que el conflicto es entre Goliat contra un manso David que sempiternamente se muestra como un cordero que simplemente se niega a que lo haga calderetas.
Tengamos presente que el asesinato en el aire sobre aguas internacionales de los cuatros tripulantes de las aeronaves de Hermanos al Rescate se produjo cuando el presidente Bill Clinton enfrentaba la firma o no de la Ley Helms Burton. Además, el éxodo del Mariel fue provocado bajo el mandato del presidente Jimmy Carter, un mandatario que intentó normalizar relaciones y disminuir el embargo.
Los agentes del castrismo que operan en este país están más que conscientes que, aunque hay compatriotas serviles, listos para delatar y matar, no faltan cubanos dispuestos a arriesgar la vida por darle fin a la tiranía. Por eso es de creer que han tenido alguna participación en la reciente emboscada y ametrallamiento criminal de la expedición que transportaba a una decena de patriotas a Cuba.
La flamante incursión a Cuba de varios compatriotas dispuestos a entregar la vida en defensa de sus convicciones no es una novedad, como tampoco lo es que el totalitarismo castrista se presente como víctima de Estados Unidos ante el pueblo que desgobierna y el mundo, acusando a Washington de ser responsable de que varios connacionales irrumpieran en las aguas territoriales de la Isla, porque como dijera José Martí: “Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres”.
El totalitarismo castrista se presente como víctima de Estados Unidos ante el pueblo que desgobierna y el mundo
La primera expedición naval para derrocar el naciente totalitarismo que se tenga conocimiento se remonta a octubre de 1960. Una embarcación con más de 20 hombres arribó a costas cubanas, comandados por Armentino El Indio Feria. Diez de los expedicionarios fueron fusilados por orden de Raúl Castro, entre ellos tres estadounidenses de nacimiento, siendo al menos uno de ellos veterano de la guerra de Corea.
Han sido muchas las expediciones protagonizadas por exiliados y numerosos los muertos en combate, fusilados y encarcelados, por lo que es apropiado decir que nunca han faltado cubanos dispuestos a honrar nuestro himno nacional que dice: “En cadenas vivir es vivir en afrenta y oprobio sumido. Del clarín escuchad el sonido. ¡A las armas, valientes, corred!”.
Para orgullo de los que nacimos en Cuba está ampliamente demostrado que la represión y el adoctrinamiento no han sido suficientes para eliminar las ansias de libertad de la mayoría de nuestros compatriotas, como se evidencia por la gran cantidad de jóvenes que se encuentran en prisión, más los que desean abandonar el país por la profunda frustración que les consume y los que ponen en riesgo sus vidas por su voluntad de luchar por la libertad y derechos de los cubanos.
Los Castro, una familia mafiosa de altos vuelos, han demostrado fehacientemente que son sumamente hábiles en manejar las crisis y, en este momento, están afrontando un trance extremadamente complicado por su incapacidad para resolver los problemas más vitales de la población, mientras la mayoría de la ciudadanía está harta de la suma de fracasos que ha cosechado el totalitarismo. El fin les está llegando.