María y la falta de aceite

Cola para comprar aceite de comer en Camagüey, tienda el Encanto. (Inalkis Rodríguez)
Cola para comprar aceite de comer en Camagüey, tienda El Encanto. (Inalkis Rodríguez)

Ahora que tantas situaciones que vivimos en Cuba nos recuerdan aquellos años duros de la década de los 90, vuelven también las historias de las sustituciones que se hacían en las cocinas y los platos. La gente en las calles rememora cómo lograban cortar un pequeño pan en innumerables rodajas para comer a lo largo del día, cómo teñían el arroz amarillo con píldoras de un suplemento alimenticio o convertían la cáscara de plátano en un falso picadillo de carne.

María tiene 43 años y se acuerda muy bien de esos tiempos en que la economía nacional tocó fondo. Después del petróleo y las guaguas, lo siguiente en escasear fue el aceite de cocina. "Mi hermana trabajaba en un laboratorio farmacéutico", recuerda, y esto le permitió llevar aceite mineral a la casa, un producto utilizado en la mezcla de algunos medicamentos y que no tiene olor ni sabor.

"Mi hermana trabajaba en un laboratorio farmacéutico", recuerda, y esto le permitió llevar aceite mineral a la casa

El problema, para el consumo humano, del aceite mineral que por aquellos años se consumía en Cuba como sustituto para la cocina, es que funcionaba también como un poderoso laxante. "Hacía una espuma blanca cuando se echaban los alimentos en la cazuela con ese aceite hirviendo y, después, uno tenía que salir a la calle con algodón en la ropa interior porque iba, literalmente, goteando como un carro roto".

"Toda mi ropa se manchaba de grasa y como no había detergente y apenas jabón, eso era también un problema", evoca María. "Me pasaron cosas terribles, como que en mi primera cita dejé manchado de aceite el asiento donde me senté". Pero ahora sus preocupaciones no miran hacia el pasado, sino hacia el presente. "No quiero que mi hijo pase por esto, ya bastante vergüenza me tocó a mi".

María, con habilidades para la adaptación, prefiere por estos días "hervir, hacer al vapor o escalfar que freír"

María, con habilidades para la adaptación, prefiere por estos días "hervir, hacer al vapor o escalfar que freír", algo muy recurrente en la gastronomía cubana que se ha empobrecido en las últimas décadas a falta de ingredientes. "Los especialistas dirán que así, sin aceite, es más saludable y quizás estén en lo cierto, pero la buena alimentación no se impone por la escasez sino que se aprende al poder elegir", sentencia.

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Yoani Sánchez

Soy licenciada en Filología, amante de la tecnología, la literatura y el periodismo. Vivo en La Habana y trato cada ... []

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