Perder la cabeza por un fósforo, una escena común en las cocinas cubanas

De cuerpo frágil y cabeza díscola, pueden terminar quemando la ropa antes que encender una hornilla

La mala calidad de las cajas y las lijas húmedas completan el sinsentido de que se necesite entre tres y cinco intentos para encender uno. (14ymedio)
Obra de Nelson Jalil presentada en julio 2020 en la Galería Servando en La Habana con el título: ‘Confundir el lunes con el domingo’. (Nelson Jalil)

Algunos productos y servicios se han ganado un sitial de honor en los chistes y burlas de los cubanos. El pan, la conexión a internet y los fósforos rivalizan por el puesto al más denostado, estos últimos por su mala calidad, el peligro que representan cuando no cumplen ciertos estándares y porque son maldecidos cada día en las cocinas de toda la Isla.

Los humoristas cubanos tienen material para burlarse de los fósforos, pero ahora no solo por su pésima factura sino también porque están en "búsqueda y captura". Pero en el caso de estos delgados cabezones, conseguirlos no pasa por recompensas o contactos, quienes los tienen no los venden y más de un fogón se ha quedado frío por varios días a falta de ellos. 

A la escasez de alimentos, tema siempre presente en la vida cotidiana del cubano, se suma en los últimos meses la desaparición de los fósforos del mercado estatal. En Sancti Spíritus, desde que el Ministerio del Comercio Interior anunció en agosto la modificación del sistema de venta del producto de normado a liberado regulado, "la mayoría de los espirituanos no logra empatarse con él", publica la prensa local.

Tampoco son los soñados fósforos a los que aspiran cocineros, fumadores y encendedores de velas espirituales. De cuerpo frágil y cabeza díscola, pueden terminar quemando la ropa antes que encender una hornilla. La mala calidad de las cajas y las lijas húmedas completan el sinsentido de que se necesite entre tres y cinco intentos para encender uno.

El oficialismo cubano nunca permitió la elaboración y distribución privada de fósforos

El oficialismo cubano nunca permitió la elaboración y distribución privada de fósforos, según fuentes ministeriales, por el temor de permitir la tenencia de ciertas materias primas en manos particulares que servirían también para la creación de petardos y explosivos. Por más de medio siglo han sido un monopolio estatal, como el tabaco, el café y las telecomunicaciones. 

Luego de tres meses de la decisión por la cual, según el ministerio citado, cada territorio debe establecer "la red en que se comercializará el producto, abarcando la totalidad de los consejos populares", ni con "una lupa" encuentran los espirituanos un fósforo, señala Escambray.

La realidad de Sancti Spíritus es que desde agosto solo se recibió un envío desde las dos industrias productoras que abastecen la provincia y "con anterioridad utilizaron las reservas existentes para entregar la última asignación normada que estaba pendiente", informó el diario oficial y, según un funcionario entrevistado, hay dificultades con la entrada de materias primas importadas para asegurar la fabricación de los fósforos. 

"Los fósforos hace años que estaban liberados a peso la cajita en las bodegas, pero al llegar toda esta amalgama de situaciones caóticas desaparecieron de las tiendas porque los merolicos arrasaron con ellos para revenderlos", dijo a 14ymedio una ama de casa que residen en la ciudad de Santiago de Cuba. 

A diferencia de Sancti Spíritus, que se abastece con los envíos que hace la Empresa Nacional del Fósforo desde La Habana, en Santiago de Cuba está ubicada una de las cuatro fábricas que hay en el país, por lo que se pueden encontrar con más facilidad. "A mi me dan cuatro cajitas mensuales, pero en la calle están por cualquier cantidad a 5 pesos y las fosforeras las encuentras en 70", contó la santiaguera residente en el Reparto Vista Alegre. 

El Ministerio de Industrias reconoció que las insatisfacciones con la calidad del producto se debían al deterioro y envejecimiento del equipamiento de la Empresa Nacional de Fósforos

Otra insatisfacción de los consumidores es la deficiente calidad de las producciones. Un lector preguntó al diario Granma en 2018, ¿por qué resulta tan difícil lograr encender los fósforos que el país comercializa? refiriéndose a que tienen "una mala calidad extrema, de cien sirven diez, si acaso", además de que las lijas no son eficaces y las cajas están semivacías.

Según el medio oficial, el Ministerio de Industrias reconoció que las insatisfacciones con la calidad del producto se debían al deterioro y envejecimiento del equipamiento de la Empresa Nacional de Fósforos y "la solución radicaba en la ejecución de inversiones tecnológicas que permitieran alcanzar los parámetros de eficiencia y productividad". 

Además de continuar con mala calidad, la venta de fósforos ha estado siempre estrechamente controlada. Los cubanos achacan este control a su posible uso en acciones de protesta. Lo cierto es que, incluso en los años de bonanza del subsidio soviético, la venta y distribución de fósforos estuvo supervisada muy de cerca y las cantidades que un individuo podía adquirir fueron siempre escasas.

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