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La brecha digital se convierte en Cuba en un factor de desigualdad, al no estar racionada la compra 'online'

En un contenedor climatizado, a pocos metros de la larga cola para entrar al mercado de 3ra y 70 en La Habana, despachan la mercancía comprada ‘online’. (14ymedio)
Marcelo Hernández

27 de mayo 2019 - 15:34

La Habana/Bajo el sol, decenas de personas esperaban el pasado viernes para entrar al mercado de 3ra y 70 en La Habana y comprar los dos paquetes de pollo que despachan por cada cliente. A un costado, en una pequeña oficina, los que llegan cargan con varios kilogramos del producto, sin racionamiento, adquirido vía internet por algún familiar emigrado.

El pasado 10 de mayo la ministra de Comercio Interior, Betsy Díaz Velázquez, anunció oficialmente la aplicación de medidas para regular la venta de productos alimenticios y de aseo e higiene para evitar el acaparamiento, una medida que incluye también a los mercados en moneda convertible que, desde su creación hace más de dos décadas, habían estado marcados por la venta liberada.

Sin embargo, la restricción no afecta a las ofertas de las tiendas virtuales, un tema del que no se habla en la prensa oficial de la Isla pero que ha terminado delineando el estatus económico de miles de familias que reciben la ayuda de parientes emigrados.

La restricción no afecta a las ofertas de las tiendas virtuales, un tema que ha terminado delineando el estatus económico de miles de familias que reciben la ayuda de parientes emigrados

El contenedor climatizado se llena de gente en las mañanas. Clientes que llegan con un número de orden y la esperanza de que los alimentos comprados por un pariente emigrado a través de la tienda virtual estén disponibles.

La premisa del igualitarismo en que se fundamentó el régimen terminó en los años 90, cuando la dolarización de la economía y el trabajo por cuenta propia empezaron a crear fuertes desigualdades. La brecha económica se ha seguido expandiendo desde entonces y quienes tienen acceso a la moneda convertible y reciben remesas tienen un mayor poder adquisitivo. A ella se suma ahora la digital.

Muchos cubanos no ven con buenos ojos que el acceso a una mejor alimentación pase por el tipo de moneda que se lleve en el bolsillo. Para los empleados estatales y los jubilados, que solo reciben un sueldo en pesos cubanos, la dura realidad monetaria de la Isla es rechazada, muchas veces, como discriminatoria.

"Esto no puede ser, porque he venido con el dinero de mi salario a comprar comida y solo me venden dos paquetes de muslos de pollo", se queja Raydel Frías, un joven ingeniero que asegura a 14ymedio llevar haber esperado por cuatro horas.

"No puede ser que hayan racionado aquí la cantidad que se puede comprar de pollo, de perros calientes y de otros productos pero si alguien lo compra en internet no tiene límite puede adquirir todo lo que pueda pagar", enfatiza malhumorado Frías. "Eso indica que nuestro dinero no vale nada en comparación con los dólares o los euros".

Su opinión coincide con las de otras clientas que espera en la fila. "La semana pasada recibí un paquete que me compró mi hermana que vive en Atlanta y me mandó cinco paquetes de pechugas de pollo", explica a este diario. "También compró online cuatro bolsas de leche en polvo y, aunque le salió en casi el doble de precio, al menos pudo encontrarla".

"Esto al final trae malestar y desigualdades. ¿Por qué no racionan también la cantidad de productos que se venden online, para que no tener que estar viendo estos contrastes entre quienes trabajamos y hacemos la cola y entre quienes tienen parientes en el extranjero?", cuestiona una jubilada que solo vive de su pensión, equivalente a unos 25 CUC.

En la compra online, por regla general, desde que el familiar hace el encargo a través de la página web y el momento en que se recibe el pedido transcurren entre 12 y 20 días. Los compradores pueden optar entre el envío a casa, por lo que se cobra un plus, o la recogida gratis en la tienda. Ahora, la escasez ha ralentizado los plazos y el pedido puede tardar hasta un mes en llegar a las manos del destinatario.

Los problemas de reparto no solo tienen que ver con la poca disponibilidad de mercancía, sino también con las restricciones de combustible que han reducido el número de vehículos disponibles para llevar los alimentos hacia las casas. "Tenemos solo dos carros asignados para repartir los pedidos a domicilio en todos los municipios de la capital", lamenta uno de los empleados del local anexo a 3ª y 70.

"Cuando finalmente nos llega el producto, avisamos al cliente por teléfono y llegamos a su casa después de las 10 de la mañana y antes de las 3 de la tarde", explica el trabajador, que prefirió el anonimato. "Estamos muy cerca de la cola para entrar a la carnicería y la gente protesta porque ve a otros salir de aquí con las manos llenas y a ellos solo les despachan dos paquetes de pollo".

"Aquí hay una nueva forma de desigualdad que tiene que ver con qué tipo de dinero y dónde se tiene", considera una mujer que aguarda en la fila. "Podría tener la cartera llena de billetes y solo me dejan comprar dos paquetes de pollo, pero un cubano que acaba de llegar a Miami con 50 dólares puede mandar cinco pollos completos a su familia, sin limitaciones".

"Podría tener la cartera llena de billetes y solo me dejan comprar dos paquetes de pollo"

Por término medio, la oficina de despacho de compras online de 3ª y 70 recibe unos 60 pedidos comprados a través de internet al día, precisa una empleada. Hay momentos en que se producen picos de hasta un centenar de órdenes, pero la capacidad de despacho solo permite satisfacer poco más de 30 solicitudes como promedio. Cuando sobrepasan las 40 tienen que hacer horas extras.

"Desde hace tres meses en este lugar no se para de trabajar porque mucha gente está pidiendo a sus familiares que le compren en internet lo que ya no pueden conseguir en los mercados aquí", explica la trabajadora. "Hemos visto duplicarse la cantidad de entregas que tenemos que gestionar cada día y eso nos ha traído atrasos y muchas quejas de los clientes", reconoce.

"Claro, estas quejas ni se parecen a las que se oyen en la cola de allá afuera", advierte la mujer. "Aquí la gente se incomoda porque se le retrasa un producto pero sabe que le llegará, pero en el mercado aquí al lado puede estar todo el día esperando para comprar y no alcanzar", puntualiza.

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