Mucho anuncio y poca mercancía en el nuevo Mercado de Barrio de Matanzas

Comercio

El establecimiento, ahora gestionado por una mipyme, conserva las carencias de la antigua bodega estatal y limita los pagos electrónicos a cinco clientes diarios 

El Rincón estrena administrador, pesas y códigos QR, pero conserva una vieja especialidad del comercio cubano: explicar por qué falta lo que el cliente necesita.
El Rincón estrena administrador, pesas y códigos QR, pero conserva una vieja especialidad del comercio cubano: explicar por qué falta lo que el cliente necesita. / 14ymedio
Julio César Contreras

10 de octubre 2026 - 08:22

Matanzas/Con una jaba de tela oscura debajo del brazo y el andar dificultoso, un hombre cruza por el semáforo de Versalles rumbo al recién inaugurado Mercado de Barrio. En la esquina no hay colas, tampoco camiones descargando mercancías ni vecinos aglomerados frente a las puertas. Un pequeño cartel en la fachada, parcialmente oculto por una señal de tránsito, recuerda que allí funcionaba la bodega El Rincón, muy conocida en Matanzas. Ahora el inmueble está arrendado a una mipyme y forma parte de uno de los más recientes experimentos del Gobierno cubano para intentar reanimar el comercio minorista.

Desde la acera llaman la atención varias lámparas encendidas. Funcionan gracias a un panel solar y contrastan con el apagón que este miércoles mantiene a oscuras buena parte de la calle 51. Sin embargo, ni tanta claridad consigue quitarle al establecimiento su aspecto desangelado. Las paredes azul celeste, las columnas pintadas de un tono más intenso y el largo mostrador de granito conservan ese aire de bodega estatal donde durante décadas se despacharon las escasas mercancías de la libreta de racionamiento.

Sobre el mostrador descansan dos pesas electrónicas, impecables y listas para trabajar. Detrás, unos anaqueles exhiben productos colocados con suficiente separación como para que el vacío resulte más evidente. Hay pomos de aceite, latas de cerveza, paquetes de galletas, artículos de aseo y algunas conservas. Nada que recuerde la abundancia prometida para estos nuevos establecimientos.

“Esto está tan vacío como antes”, suelta el hombre de la jaba al dependiente, que lo recibe con los brazos cruzados. Sin entretenerse en contemplar la oferta escrita con tiza sobre una pizarra, comienza su interrogatorio: ¿Hay pollo en paquetes o por libras? ¿Mortadella? ¿Aceite? ¿Maquinitas de afeitar? A cada pregunta sigue un movimiento negativo de cabeza.

Las paredes azul celeste, las columnas pintadas de un tono más intenso y el largo mostrador de granito conservan ese aire de bodega estatal.
Las paredes azul celeste, las columnas pintadas de un tono más intenso y el largo mostrador de granito conservan ese aire de bodega estatal. / 14ymedio

“Yo no acabo de entender para qué prometen tantas cosas si después, en ‘la concreta’, lo único que cambia es el nombre de lo que hacen”, protesta mientras repasa los precios. Una pasta dental Colgate cuesta 500 pesos, la miel de abejas 750, la cerveza Mayabe 520 y la lejía para limpiar baños 350. Para llenar una jaba hacen falta varios miles de pesos y bastante imaginación.

“Bueno, entonces ponme un café expreso, si es que la cafetera funciona. ¿Cuánto vale?”, pregunta resignado. La taza cuesta 40 pesos, pero tampoco hay suerte: se acabó el polvo y no están preparando. La máquina permanece sobre una pequeña repisa, tan inútil por el momento como las pesas sin mercancía que despachar.

“El problema es que estamos empezando ahora. Mañana o pasado debe entrar aceite y algunos productos cárnicos. Esto es poco a poco”, explica el empleado. Desde la calle, un motorista interrumpe la conversación para recordarle que le guarde hasta más tarde un paquete de croquetas. Al menos alguien parece haber encontrado algo que comprar.

El Rincón fue restaurado durante 2025 por la Dirección Municipal de Comercio. La inversión estatal terminó acondicionando un local que ahora explota el sector privado, bajo la fórmula de los Mercados de Barrio. Entre las ventajas anunciadas figura la posibilidad de pagar mediante transferencia electrónica, aunque la realidad vuelve a ponerle letra pequeña a la promesa.

“Yo no acabo de entender para qué prometen tantas cosas si después, en ‘la concreta’, lo único que cambia es el nombre de lo que hacen”.
“Yo no acabo de entender para qué prometen tantas cosas si después, en ‘la concreta’, lo único que cambia es el nombre de lo que hacen”. / 14ymedio

Un cartel con códigos QR preside el mostrador, pero el dependiente aclara que, por ahora, solo aceptan pagos por Transfermóvil a los primeros cinco clientes de cada jornada. “Estamos escasos de dinero en efectivo, pero a todo se le va a encontrar una solución”, asegura.

Otro comprador pregunta si el cartón de huevos sigue costando 3.800 pesos. El empleado asiente y precisa que queda un solo file. “Prácticamente ese es mi salario mensual”, comenta el hombre de la jaba, que continúa sin encontrar qué llevar para la comida.

Afuera, Versalles sigue su rutina entre motocicletas, fachadas despintadas y apagones. Dentro, El Rincón estrena administrador, pesas y códigos QR, pero conserva una vieja especialidad del comercio cubano: explicar por qué falta lo que el cliente necesita.

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