Dos aviones espía de EE UU vuelan frente a las costas de Cuba en pleno aumento de las tensiones
EE UU-Cuba
Los movimientos de un P-8A Poseidon y un RC-135 Rivet Joint recuerdan los días previos a la captura de Nicolás Maduro en Caracas
La Habana/Un avión de patrulla marítima Boeing P-8A Poseidon de la Marina de Estados Unidos fue detectado este jueves realizando maniobras prolongadas de vigilancia sobre el Caribe occidental, en aguas internacionales próximas a Cuba. También, durante el jueves y el viernes, un avión espía RC-135V Rivet Joint de la Fuerza Aérea estadounidense repitió una ruta similar, volando a gran altitud frente a la costa norte de la Isla, en un patrón típico de operaciones de interceptación de señales y vigilancia electrónica.
El vuelo del P-8A, identificado con el indicativo BLKCAT5, quedó registrado en plataformas de seguimiento aéreo civil como Flightradar24, donde pudo observarse una trayectoria irregular, característica de misiones de reconocimiento e inteligencia. Los datos visibles muestran al aparato volando a una altitud cercana a los 46.000 pies, muy por encima del tráfico comercial habitual, con una velocidad reducida –en torno a los 150 nudos– y sin información pública sobre su punto de partida ni su destino.
El P-8A Poseidon es uno de los aviones más sofisticados de la flota estadounidense. Derivado de un Boeing 737, está equipado con sensores avanzados, radares de apertura sintética, sistemas de interceptación electrónica y capacidades para rastrear tanto buques de superficie como submarinos.
El Poseidon suele operar en coordinación con otras plataformas, incluidos drones de gran altitud, para mantener vigilancia continua sobre áreas consideradas sensibles
El propio fabricante, Boeing, define al P-8 Poseidon como un avión multimisión, capaz de operar simultáneamente en guerra antisubmarina, guerra de superficie e inteligencia, vigilancia y reconocimiento (ISR). En su documentación técnica, la compañía insiste en que el aparato está pensado para proporcionar conciencia del dominio marítimo, es decir, una lectura integral de lo que ocurre en una zona determinada: movimientos de buques, emisiones electrónicas, patrones de navegación y posibles actividades militares. Esta descripción encaja con el perfil de vuelo observado este jueves en las inmediaciones de Cuba.
Estudios elaborados en la Naval Postgraduate School, una de las principales instituciones de formación estratégica de la Marina estadounidense, describen al P-8A como una plataforma interoperable y orientada al futuro, clave para las operaciones ISR modernas. En esos análisis se destaca que el Poseidon suele operar en coordinación con otras plataformas, incluidos drones de gran altitud, para mantener vigilancia continua sobre áreas consideradas sensibles, lo que ayuda a explicar la repetición de trayectorias no lineales.
También el diario español El Confidencial, en un análisis sobre este tipo de aeronaves, señala que el P-8A combina autonomía, velocidad y capacidad de permanencia con sensores avanzados, lo que lo convierte en una plataforma especialmente eficaz para la captación de información electrónica y de señales. Según este enfoque, su valor no reside únicamente en la detección de submarinos, sino en su capacidad para escuchar y observar lo que ocurre en vastas extensiones marítimas.
En la misma línea, el analista Luis Martín-Crespo, especializado en aviación militar y colaborador del medio Hispaviación, ha descrito al P-8A Poseidon como una de las principales herramientas de la Marina estadounidense para misiones de vigilancia electrónica (ELINT) y reconocimiento costero. Martín-Crespo subraya que este avión suele desplegarse en escenarios donde existe interés geopolítico o militar, incluso sin que haya un conflicto declarado, precisamente por su capacidad para operar de forma discreta pero persistente.
El Boeing RC-135V Rivet Joint de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, detectado también siguiendo una trayectoria en el entorno de Cuba, eleva un peldaño más el nivel de vigilancia sobre la Isla. A diferencia de los aviones de patrulla marítima, este aparato está dedicado casi en exclusiva a la inteligencia electrónica. Intercepta comunicaciones, identifica radares activos y analiza emisiones militares desde gran altitud, sin necesidad de violar el espacio aéreo cubano. Su presencia frente a La Habana, volando de forma sostenida a más de 30.000 pies y describiendo rutas paralelas a la costa, responde a posibles operaciones de escucha estratégica.
Este tipo de aeronave suele desplegarse cuando Washington necesita información fina y en tiempo real sobre lo que se dice, se ordena y se activa en el aparato militar de un país bajo observación.
En el contexto cubano, este tipo de vuelos no es inocuo. En los días previos a la captura de Nicolás Maduro en Caracas, se registraron operaciones aéreas muy similares cerca de las costas venezolanas, con aviones de inteligencia estadounidenses siguiendo patrones de vuelo prolongados y a gran altitud.
La Isla, aliada histórica de regímenes enfrentados a Washington y atrapada en una crisis económica profunda, vuelve a aparecer en el tablero regional tras el operativo que dejó al menos 32 militares cubanos fallecidos en Venezuela, el pasado 3 de enero. El presidente estadounidense, Donald Trump, firmó además una orden ejecutiva declarando que el Gobierno cubano representa “una amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional de EE UU, advirtiendo contra cualquier apoyo petrolero a la Isla.
La respuesta de La Habana ha sido simultáneamente beligerante y exhibicionista. En semanas recientes, las autoridades cubanas han multiplicado los ejercicios militares cada sábado. Además, el Consejo de Defensa Nacional aprobó planes y medidas que habilitan una transición al “Estado de Guerra”, sin que hasta ahora se hayan detallado en qué consistirán esas medidas ni cómo afectarían la vida civil en la Isla.
En este escenario, la cercanía de estos vuelos sobre Cuba, aunque siempre en espacio aéreo internacional, envía un mensaje de vigilancia y presión constante. Estados Unidos observa, mide y registra, mientras la dirigencia cubana refuerza su narrativa de amenaza constante y aumenta la represión contra la disidencia interna.