La Baraja Castrista expone quién mueve realmente las fichas en La Habana
Cuba
Entre los 56 rostros clave del régimen cubano no aparece una figura similar a la venezolana Delcy Rodríguez
La Habana/Una pregunta recurrente entre quienes buscan comprender el entramado del poder en Cuba es: ¿quién manda aquí de verdad? La recién presentada Baraja Castrista intenta responder a esa interrogante con formato de casino político. Son 56 cartas que ponen rostro, rango y pedigrí a los jugadores del poder en la Isla, justo cuando Washington habla de negociaciones “al más alto nivel” y La Habana intenta –sin mucho éxito– poner cara de póker.
El proyecto, impulsado por el Museo Americano de la Diáspora Cubana (Madc) y la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba (Fhrc), llega en un momento en que la economía de la Isla cruje por todas las costuras y la cúpula del poder cubano está en la mira de los académicos, los analistas y los agoreros.
En esta baraja, el as de picas no admite discusión. Raúl Castro –con 94 años y todavía con un pie en el casino, más que en el estribo– encabeza el paquete de cartas. Más pintoresco resulta el lugar asignado a Miguel Díaz-Canel, que en el mazo asoma como el as de corazones. Un título vistoso, sí, aunque en la práctica muchos cubanos no apostarían mucho por ese naipe. El actual presidente ha demostrado que no siempre tiene acceso a las fichas de la política dura, desempeñando un papel más cercano al decorado burocrático que a la toma real de decisiones.
Miguel Cossío, director ejecutivo del Madc y cerebro del proyecto, lo dice sin barajar demasiado: el régimen –afirma– “se ha cerrado para ganar tiempo” frente a la presión de Estados Unidos y el calendario electoral norteamericano. La jugada, advierte, podría empujar a la Isla hacia una crisis humanitaria aún más profunda si la partida se prolonga.
El mazo no se limita a los rostros habituales del noticiero. Incluye a miembros de la familia Castro, jefes militares, operadores de la seguridad del Estado y una colección de figuras que, en palabras del propio estudio, pertenecen a la “estructura nominal”.
Según Cossío, quien además es periodista, el poder duro permanece concentrado en el núcleo familiar y militar del castrismo. Dicho en buen cubano, las fichas no han cambiado de dueño. Entre las cartas vinculadas directamente al clan aparecen dos hijos de Raúl Castro –Alejandro y Mariela–, su nieto Raúl Guillermo Rodríguez, alias El Cangrejo –miembro de su escolta personal y sombra habitual–, y el viceprimer ministro y titular de Comercio Exterior, el sobrino-nieto Oscar Pérez-Oliva Fraga.
Pero en toda baraja hay figuras que parecen secundarias hasta que levantan la ceja. El estudio subraya el peso del general José Amado Ricardo Guerra, viejo hombre de confianza de Raúl Castro y durante años secretario del Consejo de Ministros. Otra figura clave, en cambio, saltó al fondo del mazo: el comandante Ramiro Valdés ocupa ahora el dos de diamantes, tras aumentar los rumores sobre su inminente “desaparición física”.
Para los autores, la utilidad de la iniciativa va más allá del golpe mediático. Cossío sostiene que el mapa puede servir a agencias estadounidenses interesadas en entender quién mueve realmente las fichas en La Habana, sobre todo si el pulso bilateral evoluciona hacia algún tipo de negociación o transición pactada.
El lanzamiento coincide con las reiteradas declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, de que su Administración mantiene conversaciones con altos cargos del régimen cubano. “Marco Rubio está hablando con Cuba ahora mismo”, afirmó hace unos días. Diferentes medios han señalado conversaciones con Alejandro Castro Espín o con El Cangrejo.
Cossío dibuja tres posibles jugadas a corto plazo: una explosión social reprimida que obligue a mover fichas externas; un deterioro humanitario tan severo que fuerce una intervención asistencial; o una estrategia más quirúrgica de Washington para fracturar el núcleo de poder.
El analista descarta, eso sí, la aparición en Cuba de una figura bisagra al estilo de Delcy Rodríguez en Venezuela. A su juicio, la diferencia está en el ADN del sistema, porque el cubano nació de las armas y se estructuró con la disciplina de un cuartel permanente, sin amagos democráticos.
Desde Miami, Marcell Felipe, presidente del Madc, asegura que la investigación aparece en “un momento crucial”, mientras Tony Costa, de la Fhrc, insiste en que cualquier futuro para Cuba tendrá que construirse sobre verdad y justicia.
Entre tanto, la Baraja Castrista ya circula, lista para que cada cual haga sus propias apuestas. La Casa Blanca parece estar dispuesta a ir por todo y ha dejado claro que no se trata de “un farol”. Si el régimen es un castillo de naipes a punto de desmoronarse o una mesa de póker capaz de soportar la mano que se le viene encima, es una discusión que está por definirse.