Bruno Rodríguez lidera un acto de repudio contra el embajador de EE UU en la Asamblea General de la ONU
ONU
Secundado por seis funcionarios, el canciller cubano trató de ‘encuadrillar’ a Mike Waltz en vísperas de la votación sobre el embargo
Madrid/Apenas ocho días después de protagonizar un acto de repudio contra opositores y ex presos políticos en los pasillos de Naciones Unidas, la diplomacia cubana repitió este martes el espectáculo, ahora en plena Asamblea General, y a menos de 24 horas de la nueva votación sobre el embargo de Estados Unidos a la Isla.
Esta vez fue el propio canciller Bruno Rodríguez, secundado por seis funcionarios, quien intentó sabotear la intervención del embajador estadounidense Mike Waltz mientras este hablaba ante el organismo.
Desde sus asientos, Rodríguez y los funcionarios que lo acompañaban trataron de interrumpir a Waltz con señas, gritos y golpes sobre las mesas, casi desde el inicio. Una de las diplomáticas llegó a sacar una bandera cubana del bolso, dispuesta a desplegarla, pero la guardó cuando otro miembro de la delegación le ordenó detenerse.
Desde sus asientos, Rodríguez y los funcionarios que lo acompañaban trataron de interrumpir a Waltz con señas, gritos y golpes sobre las mesas, casi desde el inicio
En la primera fila de la bancada lo acompañaban Ernesto Soberón Guzmán, embajador y representante permanente de Cuba ante la ONU y Anayansi Rodríguez Camejo, viceministra de Relaciones Exteriores.
Sus espaldas estaban protegidas por Alejandro González Behmaras, director de Organismos Internacionales de la Cancillería, Pedro Luis Pedroso Cuesta, antiguo embajador ante la ONU –cuyo último cargo administrativo documentado es el de subdirector general de Asuntos Multilaterales y Derecho Internacional, en 2024– e Ileana Bárbara Núñez Mordoche, identificada en septiembre de 2026 como directora general de Asuntos Multilaterales y Derecho Internacional, –aunque en junio figuraba al frente de América Latina y el Caribe.
Completaba el cuarteto se apoyo un séptimo funcionario que no ha podido ser identificado.
Las protestas arreciaron cuando Waltz criticó el historial represivo de Fidel Castro y recordó el internamiento de homosexuales, religiosos y otros ciudadanos en las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (Umap), campos de trabajo forzado establecidos en Cuba durante la década de 1960.
Waltz también exhibió fotografías para ilustrar los privilegios de la familia Castro frente a las penurias de la población cubana: Fidel con relojes Rolex, su nieto Sandro mostrando fajos de billetes y su hijo Antonio Tony Castro disfrutando de un lujoso yate en el Mediterráneo. A ellas sumó imágenes de las propiedades familiares en Cayo Piedra y de Miguel Díaz-Canel usando accesorios lujosos.
En sus intentos por silenciar a Waltz, Rodríguez Parrilla apeló al artículo 71 del reglamento de la Asamblea General, pero el estadounidense le recordó que esa disposición permite intervenir por motivos de procedimiento, pero no para discutir el contenido de un discurso. “La realidad es que no le gusta el fondo de lo que está escuchando. No le gustan las verdades duras”, replicó.
El canciller cubano se levantó entonces y avanzó hacia la tribuna desde la que hablaba Waltz, flanqueado por sus subordinados. Por momentos, parecían dispuestos a encuadrillarlo, como operan los delincuentes cuando rodean a sus víctimas para golpearlas.
“¡Retroceda, embajador! ¡Retroceda! Esto no es La Habana”, le espetó el representante de Washington. Añadió que nadie iba a intimidarlo, como, según denunció, las autoridades cubanas hacen con los presos políticos.
El presidente de la Asamblea General, Khalilur Rahman, tuvo que intervenir para restablecer el orden y advirtió de que podía suspender la sesión. Finalmente, concedió la palabra a Rodríguez, que tuvo que volver a su asiento. Desde ahí, acusó a Waltz de “mentir descaradamente” y mantener “una actitud indigna”.
La presidencia recordó al canciller cubano que debía limitarse a la cuestión de procedimiento, y el discurso del diplomático estadounidense continuó, aunque los funcionarios cubanos, replegados a su bancada, no dejaron de golpear las mesas.
La ofensiva cubana también contó con operaciones en los flancos. Otro funcionario, posteriormente identificado como Richard Tur de la Concepción, uno de los primeros secretarios de la Misión Permanente de Cuba ante la ONU, intentó presionar al personal del organismo para que cortara los micrófonos de Waltz, según denunció el embajador estadounidense en X.
Cuando J. P. Freire, portavoz de Waltz, comenzó a grabar la escena con su teléfono, Tur lo encaró y a puro manotazo intentó desviar su teléfono y detener la filmación. Un gesto ya inmortalizado en los anales de la represión cubana por el ministro de Cultura Alpidio Alonso el 27 de enero de 2021, contra el periodista independiente cubano Mauricio Mendoza. La fallida violencia quedó registrada y fue difundida por Waltz en X.
Sin embargo, el pasado 22 de septiembre, durante el debate general del 81º período de sesiones de la Asamblea General, Bruno Rodríguez y sus acompañantes, optaron por una estrategia totalmente opuesta, ante la intervención de Donald Trump.
El pasado 22 de septiembre, Bruno Rodríguez y sus acompañantes, optaron por una estrategia totalmente opuesta, ante la intervención de Donald Trump en la ONU
El presidente estadounidense calificó entonces a Cuba de “Estado absolutamente fallido” y aseguró que su régimen “acabará cayendo”. La delegación de la Isla se levantó y abandonó la sala en silenciosa y discreta señal de protesta.
Ocho días después los representantes cubanos subieron el tono, cuando Soberón encabezó un acto de repudio contra opositores y ex presos políticos invitados al encuentro Cuba Libre: La opresión que La Habana oculta, organizado por la misión permanente de EE UU.
La agresividad de la parte cubana este martes ha caldeado aún más los ánimos en medio de una intensa batalla diplomática. Washington ha multiplicado sus gestiones para convencer a otros Gobiernos de votar contra la resolución cubana o abstenerse. El secretario de Estado, Marco Rubio, abordó el asunto en una conversación telefónica con el presidente salvadoreño, Nayib Bukele, como lo había hecho con otros jefes de Estado en los días anteriores, mientras organizaciones del exilio pedían a las democracias europeas y latinoamericanas que no respaldaran una iniciativa que, a su juicio, La Habana utiliza como instrumento de propaganda.
La ofensiva ha provocado una respuesta airada del Gobierno cubano. Rodríguez acusó a Rubio de presionar y chantajear a mandatarios extranjeros, mientras el viceministro Carlos Fernández de Cossío aseguró que Washington recurría a la intimidación y las promesas para modificar el sentido de los votos. La Habana intenta así conservar el amplio respaldo que tradicionalmente recibe su resolución, pese a la pérdida de apoyos registrada en los últimos años.
Waltz rechazó esas acusaciones y sostuvo que es el Gobierno cubano quien amenaza a otros países por su posición ante la votación. También negó que exista un “bloqueo” en sentido estricto y afirmó que las exportaciones estadounidenses a Cuba superaron los 876 millones de dólares durante los primeros ocho meses del año, una cifra que presentó como prueba de que el comercio entre ambos países continúa.
La votación en Naciones Unidas ya no es para La Habana el paseo triunfal de otros años. En 2025, la resolución contra el embargo reunió 165 votos a favor, siete en contra y doce abstenciones, el peor resultado obtenido hasta entonces por la Isla. El escrutinio de este miércoles mostrará si aquella pérdida de apoyos fue un tropiezo aislado o el comienzo de una tendencia.