A los cubanos les preocupa el corte de suministro de petróleo por la caída de Maduro
Cuba
Nervioso, además de afónico, Díaz-Canel se dirigió a un público indiferente en la Tribuna Antiimperialista
La Habana/La mañana amaneció en La Habana algo fría, con un cielo despejado que no logró disimular los apagones en varios municipios y los problemas de abasto de agua que siguen marcando la rutina en amplias zonas de la ciudad. A ese paisaje cotidiano se sumó, desde temprano, una convocatoria oficial de última hora: una concentración en la Tribuna Antiimperialista, junto al Malecón, para un "acto de denuncia a los ataques estadounidenses contra Venezuela", tras la captura del presidente Nicolás Maduro por tropas de Estados Unidos.
Mientras la Unión Eléctrica advertía de que el déficit de generación para esta jornada superaría los 1.600 MW, en las paradas de guaguas y en los portales se hablaba menos del parte energético que de lo ocurrido en Caracas. El tema cruzó la ciudad con rapidez. En el mercado popular de La Cuevita, en San Miguel del Padrón, el pulso de la conversación parecía más intenso que en la propia Tribuna Antiimperialista.
Entre los puestos de bisuterías, ropas y artículos del hogar, el comentario era casi unánime: "¿Viste lo de Maduro?". Allí había quien alardeaba: "Eso no pasa aquí, porque le tumban uno o dos helicópteros, por lo menos", decía un hombre mientras ofrecía tenis y camisetas. Otros preferían el sarcasmo y subrayaban "lo fácil" que había resultado para las tropas especiales estadounidenses capturar al mandatario venezolano y a su esposa, Cilia Flores. "Parecía una película", soltó un joven, con el celular en la mano, repasando titulares.
No faltaron las teorías conspirativas. Una mujer aseguraba que "todo fue planeado" y que sin la complicidad de La Habana no hubiera sido posible que el gobernante venezolano cayera en manos de Washington. "Pero nosotros podemos estar tranquilos porque en Cuba no hay nada que les interese a los americanos", sentenció, mientras elegía un estropajo de fregar. A unos metros, un vendedor de artículos del hogar comentó a 14ymedio que "de seguro ahora viene un corte de suministro de petróleo y aquí todo se va a poner más en candela todavía", una preocupación que resonaba con más fuerza que cualquier consigna.
Ese murmullo inquieto contrastaba con la escena que se iba armando en la Tribuna Antiimperialista, frente a la Embajada de Estados Unidos en La Habana. Allí, a media mañana se habían congregado cientos de personas con poco entusiasmo. Muchos llegaron en grupos convocados por sus centros de trabajo y trataban de protegerse de la brisa marina que este enero no solo viene cargada de salitre sino también de un frío que se cuela a través de los abrigos.
El acto comenzó con discursos previsibles, cargados de referencias al "imperialismo" y a la defensa de la soberanía regional. Miguel Díaz-Canel tomó la palabra con un tono que sonó nervioso. La voz afónica, los intentos de elevar el volumen y una gestualidad forzada transmitieron más tensión que firmeza. Desde el público, algunos escuchaban en silencio; otros aprovechaban para revisar el móvil o conversar en voz baja. La solemnidad de los dirigentes contrastaba con el cansancio evidente entre los convocados.
A diferencia de La Cuevita, donde el debate era espontáneo y a ratos mordaz, en la Tribuna el clima parecía encapsulado, ajeno a las preocupaciones inmediatas de la gente. Pocos minutos después de que Díaz-Canel concluyera su intervención, comenzó la estampida. Grupos enteros se retiraron casi al unísono, buscando alejarse del viento, buscando una guagua o simplemente pensando en el regreso a casa antes del próximo apagón.
En el camino de vuelta, la ciudad seguía hablando de Venezuela. En una cola para comprar pan, alguien preguntaba si "ahora sí se acabó el petróleo venezolano". En un parque, dos jubilados discutían sobre cómo se comportará Maduro ante los jueces estadounidenses. "El cambio nos está picando cerca", resumió un bicitaxista que, con manga larga y gafas de sol, trataba de convencer a un par de turistas de subir a su vehículo.