El director de la CIA se reúne en La Habana con su contraparte cubana

Cuba-EE UU

El régimen asegura que le demostró que "Cuba no constituye una amenaza para la seguridad nacional de EE UU”

La aeronave, identificada como misión especial SAM554, había despegado de la Base Andrews, en Maryland, y aterrizó en el Aeropuerto Internacional José Martí.
La aeronave, identificada como misión especial SAM554, había despegado de la Base Andrews, en Maryland, y aterrizó en el Aeropuerto Internacional José Martí. / netAirspace
14ymedio

14 de mayo 2026 - 18:23

La Habana/La Habana se adelantó este jueves a Washington y reveló la visita a Cuba del director de la CIA, John Ratcliffe, en una declaración inusual que intenta fijar desde el primer momento la lectura política del encuentro. Según el comunicado oficial, el viaje fue solicitado por el Gobierno de Estados Unidos y aprobado por la “Dirección de la Revolución”, una fórmula reservada para decisiones tomadas al más alto nivel del poder cubano.

La nota, fechada en La Habana el 14 de mayo de 2026, asegura que Ratcliffe encabezó una delegación estadounidense recibida por su contraparte del Ministerio del Interior. El encuentro, añade el texto, tuvo lugar “en un contexto caracterizado por la complejidad de las relaciones bilaterales” y buscó “contribuir al diálogo político entre ambas naciones”.

La visita del jefe de la agencia de inteligencia estadounidense no había sido anunciada por ninguna de las dos partes. Tampoco se conocen las razones reales del viaje, la agenda precisa de la reunión ni los funcionarios cubanos que participaron en el intercambio. Hasta el momento, Washington no ha ofrecido una versión pública del encuentro.

Ese silencio contrasta con la rapidez de La Habana. El régimen no solo confirmó la presencia de Ratcliffe en la Isla, sino que presentó la reunión como una validación de sus tesis tradicionales: que Cuba no constituye una amenaza para la seguridad nacional de EE UU, que no patrocina el terrorismo y que no alberga bases militares o de inteligencia extranjeras.

El texto niega la existencia de “bases militares o de inteligencia extranjera” en territorio cubano

“Los elementos aportados por la parte cubana y los intercambios sostenidos con la delegación estadounidense permitieron demostrar categóricamente que Cuba no constituye una amenaza para la seguridad nacional de EE UU”, afirma el comunicado. El texto no dice que Cuba expuso su posición, sino que la reunión permitió “demostrar” esa posición. Es decir, La Habana intenta convertir un encuentro reservado de inteligencia en una pieza política contra su inclusión en la lista estadounidense de Estados patrocinadores del terrorismo.

El documento insiste además en que la Isla “no alberga, no apoya, no financia ni permite organizaciones terroristas o extremistas” y que nunca ha apoyado “ninguna actividad hostil contra EE UU”. También niega la existencia de “bases militares o de inteligencia extranjera” en territorio cubano, una formulación que parece dirigida a responder señalamientos de Washington sobre la posible presencia de actores como Rusia y China en la Isla.

La referencia al Ministerio del Interior también es significativa. No se trató, al menos según la versión cubana, de una reunión con la Cancillería ni con organismos encargados de comercio, cooperación o ayuda humanitaria. El Interior es el centro del aparato de seguridad, inteligencia y control interno del país. Si Ratcliffe fue recibido por esa estructura, el contenido del encuentro difícilmente puede reducirse a cortesías diplomáticas.

La declaración también habla del interés de ambas partes en desarrollar la cooperación bilateral entre “órganos de aplicación y cumplimiento de la ley”, en función de la seguridad de ambos países y de la región. Esa fórmula puede abarcar asuntos tan distintos como terrorismo, narcotráfico, migración irregular, fugitivos, ciberseguridad, crimen organizado o actividades de terceros países en el Caribe. Pero el texto no ofrece detalles.

El director de la CIA, John Ratcliffe, en una fotografía de archivo.
El director de la CIA, John Ratcliffe, en una fotografía de archivo. / EFE/EPA/Jim Lo Scalzo

La noticia apareció después de varias horas de especulación en redes sociales y medios independientes sobre el aterrizaje en La Habana de un avión oficial de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. La aeronave, identificada como misión especial SAM554, había despegado de la Base Andrews, en Maryland, y aterrizó en el Aeropuerto Internacional José Martí antes de continuar hacia Florida.

El vuelo llamó de inmediato la atención porque este tipo de aeronaves suele usarse para trasladar altos funcionarios estadounidenses, delegaciones oficiales o personal de seguridad nacional. La ruta, el origen en Andrews y la escala en La Habana alimentaron todo tipo de hipótesis: desde contactos diplomáticos sobre ayuda humanitaria hasta una misión técnica vinculada a migración o seguridad.

Antes de conocerse la declaración cubana, el hecho era ya extraordinario. Los vuelos oficiales estadounidenses de ese nivel hacia Cuba son muy poco frecuentes desde el deshielo iniciado durante la Administración de Barack Obama y posteriormente revertido por Donald Trump. La presencia de un avión militar estadounidense en La Habana, en medio de tensiones políticas, sanciones y una grave crisis económica en la Isla, bastaba para disparar las alarmas.

En 2015, en pleno deshielo entre La Habana y Washington, el entonces director de la CIA, John Brennan, viajó discretamente a Cuba y se reunió con Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro

Un antecedente cercano ayuda a medir el alcance de la visita. En 2015, en pleno deshielo entre La Habana y Washington, el entonces director de la CIA, John Brennan, viajó discretamente a Cuba y se reunió con Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro y figura clave del aparato de seguridad cubano, según reveló tres años después The New Yorker

Aquel encuentro, celebrado tras el restablecimiento de relaciones diplomáticas, buscaba explorar una mayor cooperación de inteligencia en temas como narcotráfico y terrorismo, aunque las gestiones no llegaron a consolidarse. La diferencia ahora es notable: mientras aquella misión se conoció años después, La Habana ha decidido revelar de inmediato la visita de Ratcliffe. 

El comunicado del Gobierno cubano despejó una incógnita, pero abrió otras más importantes. Ahora se sabe, por la versión de La Habana, que la visita estuvo encabezada por el director de la CIA. Lo que se ignora es qué vino a buscar Washington, qué pidió Cuba, qué compromisos se discutieron ni si el viaje guarda relación con los recientes mensajes sobre ayuda humanitaria, cooperación de seguridad, revisión de la designación de Cuba como país patrocinador del terrorismo o si se habló de entregar a prófugos de la Justicia estadounidense que residen en la Isla bajo la protección del régimen.

La forma en que La Habana decidió comunicar el encuentro sugiere que el régimen quiso adelantarse a cualquier versión estadounidense y colocar su propia narrativa en el terreno público. No presentó la visita como una concesión a Washington, sino como una oportunidad para defenderse de las acusaciones más graves que pesan sobre el país.

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