El embajador de Cuba en la ONU adelanta un "no" al ultimátum de EE UU

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La revista 'Time' publica un especial sobre el inevitable cambio de régimen en Cuba, con las firmas de Carlos Eire, Ricardo Torres y Leonardo Padura

Este viernes acaba el plazo de dos semanas presuntamente dado por Washington a La Habana.
Este viernes acaba el plazo de dos semanas presuntamente dado por Washington a La Habana. / 14ymedio
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24 de abril 2026 - 06:46

Madrid/Este viernes se cumplen las dos semanas del presunto ultimátum de EE UU a Cuba para que libere presos políticos de alto perfil como gesto de buena voluntad previo a seguir las negociaciones. Si la demanda es cierta, la respuesta es no. Si no lo es, también. 

Este jueves, el embajador de la Isla ante la ONU, Ernesto Soberón Guzmán, dijo en una entrevista a Associated Press que los asuntos internos relacionados con los detenidos “no están en la mesa de negociación”. “Tenemos nuestro sistema legal, como aquí en Estados Unidos tienen el suyo. Así que debemos respetar los asuntos internos de ambos”, alegó. 

El funcionario no desmintió ni confirmó la supuesta exigencia, pero sí se pronunció al respecto de una de las demandas de Washington, que en las conversaciones ha pedido resolver mediante alguna compensación las confiscaciones de los años 60. Soberón retomó una idea que ya había sido adelantada hace un mes por el viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío: están dispuestos a un acuerdo si va acompañado de una contrapartida económica por el embargo de EE UU contra Cuba.

“No existe solo esta reclamación, sino también la reclamación de nuestra parte porque el embargo tiene un impacto económico. Se trata de un camino de dos vías”

“No existe solo esta reclamación, sino también la reclamación de nuestra parte porque el embargo tiene un impacto económico. Se trata de un camino de dos vías”, subrayó.

Soberón se mostró confiado en que se consiga un “nuevo enfoque” en las relaciones entre ambos países, pero dijo que el país se mantiene en alerta, a la luz de lo ocurrido en Oriente Medio o Venezuela, donde las conversaciones se interrumpieron para pasar a un ataque de EE UU. “No somos ingenuos. Nos preparamos para todos los escenarios. Y lo reitero: nuestra primera opción —lo que realmente queremos— es un diálogo exitoso con el Gobierno de Estados Unidos”, pero, en caso contrario, “estamos listos para responder”, agregó.

En una reunión entre ambos países celebrada en La Habana el pasado 10 de abril se habló, según filtraciones a la prensa estadounidense, de estos asuntos, además de la posibilidad de mejoras para la inversión extranjera y la introducción de internet en la Isla mediante Starlink. La cita incluyó un encuentro privado entre un alto funcionario de la Administración de Donald Trump y Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto del ex mandatario, confirmado oficialmente por Washington. 

Esta conversación ahonda en la percepción de que hay un canal gubernamental y otro más personal con los Castro, que ha sido interpretado como una intención de la dinastía de perpetuarse o conservar ciertos privilegios sacrificando al Gobierno –y la persona– de Miguel Díaz-Canel.

Este temor se refleja en las palabras del historiador Carlos Eire, una de las tres plumas reclutadas por la prestigiosa revista estadounidense Time para el especial dedicado a Cuba que protagoniza su mítica portada. Para la ocasión, el artista cubanoamericano Edel Rodríguez, ha diseñado una portada con una fila de fichas de dominó cayendo, la última de ellas con la bandera cubana. Before the Fall (Antes de la caída), es el título, mientras el subtítulo reza Cuba Awaits Trump’s Endgame (Cuba espera el desenlace de Trump)

El especial incluye tres análisis. Uno de ellos, el de Eire, refleja –como no podía ser de otra manera en un cubano que salió de la Isla durante la Operación Pedro Pan– la esperanza del autor por una “primavera en La Habana”. El historiador repasa cómo las alianzas, primero con la URSS y después con Venezuela, han contribuido a hacer de Cuba un Estado improductivo –repasa las cifras– y dependiente que se ha quedado ya sin su último sostén. “La hora ha llegado”, afirma.

Su mayor temor, no obstante, es que Trump decida para Cuba algo similar a lo que hizo con Venezuela, y recuerda que justo antes de atacar Irán anunció que podría haber una “toma de control amistosa”. “En la jerga de los negocios, una adquisición amigable es cualquier fusión o adquisición en la que la gestión de una empresa permite voluntariamente su absorción en otra empresa”, enuncia. De ahí el miedo de que la esperanza acabe en “algunos cambios cosméticos [para el régimen], como cambiar sus uniformes militares por trajes de Armani, o construir casinos para turistas y talleres de estilo vietnamita para trabajadores cubanos”.

Eire espera que haya “un cambio de régimen total, seguido de una transición que [conduzca] a una libertad genuina para el pueblo cubano”, o “no será un gran día y una auténtica resurrección”.

También participa en el especial el ubicuo autor Leonardo Padura, que escribe un artículo titulado En Cuba: Ser o no ser. El escritor habla de una vida de penurias que ya existía en la Isla antes del bloqueo petrolero y que ahora ha alcanzado su cénit. “Con cada día que pasa, cada vez está más claro que la vida se está volviendo insoportablemente complicada para los habitantes de la isla, y hay una completa desconexión entre el discurso oficial y el popular”, argumenta Padura, que reprocha no solo que la energía renovable no fuera priorizada tiempo atrás –en vez de los hoteles– y que la postura oficial del Gobierno sea resistir indefinidamente. 

“Algunos analistas sugieren que ‘indefinidamente’ solo necesita estirarse hasta las elecciones de mitad de período de Estados Unidos (...). Pero, ¿qué sucede si, antes de que llegue ese punto, una gente exhausta y desesperada sale a las calles en protesta? La respuesta del Gobierno casi seguramente sería severa”, teme. Mientras todo esto se dilucida, lamenta, el pueblo sigue sufriendo.

"El análogo más cercano es la economía social de mercado en la tradición europea: un marco que rechaza las pobres alternativas de una economía controlada por un Estado todopoderoso y una economía abandonada por completo a las fuerzas del mercado”

El economista Ricardo Torres firma un texto titulado Lo que Cuba necesita, centrado en dos ámbitos principales: la apertura económica y la política. El experto repasa su niñez en la Isla –durante los años 80– y recuerda que había penurias, pero se mantenía el contrato social básico. “Teníamos servicios de educación pública y salud de relativamente alta calidad para una nación en desarrollo”, algo que desde los años 90 ha desaparecido, subraya. 

En este sentido, considera, Cuba necesita evolucionar con la Europa socialdemócrata como referente. “Un modelo económico que combine la libertad, la protección social, la competencia y el propósito público. El análogo más cercano es la economía social de mercado en la tradición europea: un marco que rechaza las pobres alternativas de una economía controlada por un Estado todopoderoso y una economía abandonada por completo a las fuerzas del mercado”, opina. 

Más complicado es el asunto político. En Cuba se educó a la sociedad, mantiene, a la vez que se le pedía obediencia ciega: dos cosas incompatibles. Ahora “necesita una transformación política no sólo para expandir la libertad individual, sino para rehacer la vida pública misma. Necesita líderes capaces de diagnosticar los problemas con honestidad, diseñar la política de manera competente y articular un nuevo horizonte nacional”.

También precisa, considera, apoyo de la comunidad internacional y, por supuesto, de un exilio que no puede ser solo fuentes de remesas o espectador pasivo. “Cuba necesita cambiar no porque una potencia extranjera lo exija, sino porque sus ciudadanos merecen algo mejor”, concluye.

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