“¿Y cuándo entró?” Los cubanos reciben con burlas otra salida de la Guiteras
Apagones
La principal termoeléctrica del país acumula al menos 17 desconexiones en 2026, mientras sus trabajadores intentan mantener en funcionamiento una central exhausta
La Habana/Ya ningún cubano se sorprende al enterarse de que la central termoeléctrica Antonio Guiteras sale del sistema eléctrico nacional (SEN). “¿Y cuándo entró, que no me enteré?”, preguntó este viernes un cubano después de conocer sobre la nueva rotura. La unidad de Matanzas se desconectó a las 6:58 de la mañana, apenas cuatro días después de sincronizar y cuando generaba alrededor de 180 megavatios.
Hasta el momento de redactar esta nota, las autoridades no han explicado la causa de la nueva avería ni el plazo previsto para devolver la planta al sistema. Con este incidente, la Guiteras acumula al menos 17 salidas en lo que va de año. La anterior, anunciada el 24 de junio, había sido provocada por una pérdida de agua en la vieja caldera.
La escueta información publicada en la página de Facebook de la central fue recibida con una mezcla de cansancio, indignación y sarcasmo. “Es que ella nunca entró, vamos a decirnos la verdad”, escribió el usuario Frank Manolo Gallardo. “El cuento de nunca acabar”, añadía Yeudis Fernández. Para Luansy Lima, la explicación era más simple: “Por supuesto, descansa los fines de semana”.
“Déjame adivinar... Salidero en la caldera. La Guiteras es un colador”, ironizó Marta Beatriz Parra. “Ya no se sabe si iba entrando o saliendo”, añadió Soyuz Maray Gómez. Otros resumieron la inutilidad de los partes oficiales para quienes siguen soportando apagones interminables: “De todas formas no nos enteramos si entra o sale, nunca hay luz”.
La planta no recibe un mantenimiento capital desde 2010 y acumula más de 38 años de explotación
Las burlas, sin embargo, no van dirigidas contra los trabajadores de la central, obligados a regresar una y otra vez a las entrañas de una instalación deteriorada. En mayo, más de 300 personas trabajaron en turnos de hasta 14 horas durante una reparación de 90 horas. Los soldadores tuvieron que intervenir dentro de la caldera, a temperaturas de hasta 60 grados y en zonas situadas a unos 150 metros de altura.
“Dentro de la caldera el calor es infernal”, reconoció entonces Norberto Padrón Ramos, supervisor y soldador con 38 años de experiencia. El trabajador advirtió también sobre los gases, el agotamiento y las consecuencias acumuladas de esas intervenciones: “Es un trabajo que a la larga te pasa factura”.
La propia prensa oficialista describió a los técnicos soldando “a toda marcha, con el tiempo en contra”, comiendo y tomando café al pie de la caldera para no interrumpir las labores. Pero detrás de esa épica laboral se esconde una presión enorme. Cada avería de la Guiteras agrava los apagones, los cacerolazos y las protestas. El régimen lo sabe, por eso moviliza a ministros y dirigentes del Partido y convierte a los operarios en responsables directos de devolver en unos días una máquina que necesita meses de trabajo.
Durante décadas, el Estado cubano aplazó las reparaciones capitales, dejó envejecer las termoeléctricas y sustituyó la inversión sistemática por parches de emergencia
La planta no recibe un mantenimiento capital desde 2010 y acumula más de 38 años de explotación. Solo entre enero y mayo estuvo 293 horas fuera de servicio por defectos en el economizador, una de las zonas de la caldera que más averías ha sufrido.
Las salidas de la Guiteras entrañan además un riesgo para la estabilidad de toda la red. No significa que cada avería vaya a provocar necesariamente un apagón nacional, pero la pérdida repentina de uno de los mayores bloques de generación puede desencadenar una caída de frecuencia que el debilitado sistema cubano no siempre tiene reservas para compensar. El 10 de septiembre de 2025, una salida imprevista de la central provocó el colapso completo del SEN. En marzo de este año, otra desconexión dejó sin servicio a dos tercios del país.
Durante décadas, el Estado cubano aplazó las reparaciones capitales, dejó envejecer las termoeléctricas y sustituyó la inversión sistemática por parches de emergencia. Más allá de la perenne excusa del embargo y las sanciones, nunca se trató de falta de recursos, sino de una decisión política sobre dónde gastarlo.
“Por favor, no la enciendan más, háganla nueva”, pidió uno de los comentaristas. La frase, escrita como un desahogo, resume una conclusión técnica y política: la Guiteras no necesita otro milagro de sus trabajadores, sino una reparación profunda y una inversión que el Gobierno decidió dedicar durante años a hoteles que hoy están vacíos.