"Es imposible gastarse el dinero en Varadero, porque no hay en qué"
Turismo
El boulevard del balneario, concebido para el ocio y el bullicio hasta la madrugada, se queda desierto a media tarde por la falta de turistas y productos
Varadero/La noche cae sobre Varadero con una calma que no invita al descanso sino a la inquietud. Son cerca de las ocho y el boulevard, pensado para el bullicio, la música y el ir y venir de turistas, ofrece una postal que se repite: unas pocas familias cubanas y escasos locales de venta abiertos, con apenas clientela. Ni siquiera porque los sábados cambia el panorama. El paseo peatonal parece más un decorado vacío que el corazón recreativo del principal balneario cubano.
Amaury, custodio del lugar desde su apertura en 2021, observa la escena con la resignación de quien ya no espera sorpresas. "Los turistas están perdidos. Solo aparece de vez en cuando algún ruso que no deja ni propina", comenta a 14ymedio, apoyado en una de las columnas iluminadas que contrastan con el vacío circundante. De vez en cuando cruzan dos o tres personas, desorientadas, preguntando por un café, un trago o algo para comer.
Administrado por la Empresa Extrahotelera Palmares, el boulevard de Varadero fue concebido como un espacio capaz de concentrar ofertas comerciales y gastronómicas, un complemento nocturno para quienes se hospedan en hoteles cercanos. Sobre el papel, los bares y tiendas deberían funcionar hasta la una de la madrugada. En la práctica, explica Amaury, "a las cinco de la tarde ya están cerrados". Cuando alguien pregunta a esta hora dónde tomarse un trago o comer una pizza, el custodio no tiene más opción que sugerir que lo intente al día siguiente.
De vez en cuando cruzan dos o tres personas, desorientadas, preguntando por un café, un trago o algo para comer
Las imágenes nocturnas refuerzan esa sensación de abandono. En medio del paseo, un quiosco exhibe una barra impecable pero su pizarra de menú está vacía. "A esta hora ya no estamos vendiendo comida ninguna, toda la mercancía elaborada la sacamos hasta la tarde", advierte el empleado. A pocos metros, el paseo adoquinado se extiende casi vacío, apenas interrumpido por alguna pareja que camina sin rumbo claro, más por matar el tiempo que por expectativa de encontrar algo abierto.
Ana María llegó al bulevard con su esposo y su hijo pequeño convencida de que, al menos un sábado por la noche, había opciones para comer. La realidad la descoloca. "Es inexplicable que solo haya una cafetería funcionando", dice. El menú es breve y poco alentador: brocheta mixta a 140 pesos y croquetas a 80. "Teníamos la idea de cenar en un sitio agradable y resulta que estamos comiéndonos unas croqueticas tiesas, en un silencio total", lamenta, sentada en una mesa rodeada de sillas vacías.
Amante de los cócteles, la pareja también soñaba con un mojito o un cubalibre servido con cierta elegancia. "Lo único que hay es piña colada, a 150 pesos", se queja Ana María. El vaso es tan pequeño que tras un par de sorbos ya no queda nada. A la decepción se suma la falta de opciones para el niño: solo refresco de cola enlatado, ningún jugo natural. "Así es imposible que uno quiera gastarse el dinero, entre otras cosas porque no hay en qué gastarlo", resume.
La escena se repite unos metros más allá, donde un grupo de jóvenes se reúne alrededor de un banco de concreto. Claudia, de 18 años, suele venir al bulevar con amigos "a ver si aparece alguien", algún turista con quien conversar o simplemente para romper la monotonía. "Es asombroso cómo todo está desierto", dice. "A cualquier parte que uno va se encuentra la misma desolación". Para ella, que creció escuchando historias de Varadero lleno de veraneantes, esta ausencia resulta desconcertante. "Nunca había visto semejante falta de turistas".
A mediados de diciembre, el Gobierno cubano admitió por fin lo que los datos parciales auguraban cada mes: el sector turístico no había cumplido sus pronósticos de ingresos ni de visitantes internacionales para el año 2025. Era la confirmación de una realidad que, en lugares como los tradicionales polos turísticos de la Isla, se percibe cada día en las habitaciones vacías, los negocios en crisis y la pérdida de ingresos para los comercios locales.
Durante su intervención ante la plenaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el ministro de Economía y Planificación, Joaquín Alonso, presentó el mes pasado un balance del que fuera durante años el principal motor de la economía nacional. Según los cálculos de su cartera, la cifra de visitantes internacionales al cerrar diciembre rondaría los 1,9 millones de personas, un 73,1% del estimado estatal para 2025.
Sus palabras resuenan mientras señala los kioscos a oscuras, reflejo de un bulevar tan desocupado como las habitaciones de algunos hoteles cercanos
Según Claudia, muchos extranjeros no regresan a Cuba después de enfrentarse a las carencias. "Si no hay ofertas, la gente se va para no volver". Sus palabras resuenan mientras señala los kioscos a oscuras, reflejo de un bulevar tan desocupado como las habitaciones de algunos hoteles cercanos. La caída de la clientela no solo afecta a los grandes establecimientos, también golpea a los pequeños emprendimientos.
"Mi mamá tenía aquí mismo una mesa para vender artesanía", cuenta Claudia. La retiró porque ya no era rentable. Ahora cose carteras para que otros las vendan en lugares con más movimiento. La frustración se cuela en su voz. Mientras habla, un barrendero interrumpe brevemente la charla para pasar la escoba y recoger algunas hojas secas del suelo, uno de los pocos signos de actividad en la noche.
Más adelante, el paseo se abre hacia una zona ajardinada. Las farolas iluminan bancos vacíos, macetas enormes y senderos perfectamente delineados que llegan hasta un cercano hotel, con la mayoría de las ventanas también apagadas. El turismo no solo escasea de día, también se evapora cuando cae la noche.