La industria militar de EE UU se interesa por el cobalto cubano

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William Pitt, cuya familia reclama la devolución o una indemnización por sus antiguas minas en la Isla, explica por qué Washington busca un inversor estadounidense para comprar la canadiense Sherritt

Las minas de Moa, en Holguín, en una imagen de archivo.
Las minas de Moa, en Holguín, en una imagen de archivo. / EFE/Alejandro Ernesto
14ymedio

12 de agosto 2026 - 08:53

Madrid/La pugna por el control de Sherritt muestra el máximo interés que despiertan en EE UU las reservas de níquel y cobalto que la canadiense operaba hasta que, el pasado mayo, Washington impuso sanciones a la estatal cubana Moa Nickel S.A. A la apuesta de Gillon Capital –propiedad de la familia de Ray Washburne, ex asesor del presidente Donald Trump–, que incluso firmó un acuerdo preliminar con la empresa canadiense hace tres meses, se une ahora, publicó Financial Times (FT) este martes, un grupo respaldado por el gigante Glencore.

El consorcio incluye a un inversor “ancla” estadounidense cuyo nombre no se ha revelado y que es, asegura el diario económico con base en fuentes cercanas, una “oficina familiar estadounidense muy conocida sin vínculos con el Gobierno”. Además, está formado por la firma Kyma Capital Ltd. de Londres y el inversor de Abu Dhabi Trifon Natsis, fundador de Brevan Howard Asset Management LLP, también en Londres. El grupo inyectaría “capital fresco” para hacerse con el control de al menos el 55% de Sherritt, como también propuso por su parte Gillon.

"Glencore es suficientemente grande para ser una ancla económica, pero está basada en Inglaterra y en Suiza, y EE UU quiere participar en el consorcio para controlar el movimiento del mineral sin tener que preocuparse de un sin fin de legalidades comerciales y políticas", comenta a 14ymedio William Pitt, empresario y heredero de una de las familias que reclama derechos sobre antiguas concesiones mineras nacionalizadas por el régimen cubano después de 1959.

"Glencore es suficientemente grande para ser una ancla económica, pero está basada en Inglaterra y en Suiza, y EE UU quiere participar en el consorcio para controlar el movimiento"

Según la información de FT, el Departamento de Estado estadounidense ha comunicado, tanto a Gillon como al consorcio rival, que no se opone a las negociaciones con Sherritt, y tampoco lo hace el Departamento del Tesoro, aunque “ninguna de estas comunicaciones implica la aprobación de la transacción”. Un portavoz de Sherritt, por su parte, declaró que la empresa “acoge con beneplácito todas las manifestaciones de interés y seguirá explorando activamente todas las posibilidades en beneficio de las partes interesadas, de conformidad con sus compromisos contractuales”.

Para la canadiense la operación es vital, porque, como recuerda Financial Times, tiene parada desde junio su refinería en Fort Saskatchewan, en Alberta, tras haber agotado sus reservas de mineral. “El cierre continuará hasta que se reanuden las actividades mineras y de procesamiento en Moa y se reconstruya el oleoducto de alimentación de la refinería”, comunicó en aquel momento Sherritt, cuya planta es la única refinería de cobalto y una de las tres de níquel de Norteamérica.

"En su esfuerzo para mantenerse en vida, Sherritt trata de venderse a quien pueda comprarla por algo más de la mitad (55%) del valor económico que aún le queda”, comenta Pitt. El objetivo: evitar que las sanciones de mayo, que amenazan a los ejecutivos y sus familiares con cargos criminales y suspensiones de derechos de viajes por invertir en propiedades confiscadas, “la hagan morir lentamente”.

Pitt cree que el objetivo principal de Washington es “que la minería en Cuba se conduzca bajo la sombrilla de una compañía de dirección financiera estadounidense, lo cual haría lucir las actividades mineras de Cuba muy parecidas a las actividades petroleras de Venezuela”.

Es bien conocido, arguye el empresario, “que el níquel y el cobalto son dos de los minerales que EE UU utiliza en grandes cantidades en la industria militar”

Es bien conocido, arguye el empresario, “que el níquel y el cobalto son dos de los minerales que EE UU utiliza en grandes cantidades en la industria militar”. Al respecto, pone como ejemplo la orden de compra del Secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, de 7.480 toneladas de cobalto, por 500 millones de dólares “para rellenar las reservas estratégicas de ese mineral”. A pesar de que hay “un enorme énfasis en extraer esos minerales críticos de minas localizadas en EE UU”, prosigue Pitt, “aún no hay suficiente capacidad en las minas existentes y pasarán muchos meses antes de que se operen minas nuevas”. Por consiguiente, concluye, “no hay mucha duda de que la industria militar mire muy detalladamente la posibilidad de poseer acceso directo a las minas de Moa”.   

 Al mismo tiempo, observa Pitt, la entrada de una contraparte estadounidense supondría automáticamente que esta pudiera demandarse bajo las leyes del embargo estadounidense a la Isla. “¿Qué interés tienen quienes compren el 55% de Sherritt si tan pronto compren van a ser sometidos a la Ley Helms-Burton?”, se pregunta el empresario. La respuesta, que él mismo aventura, “es complicada y especulativa porque no sabemos qué forma tomarán en un futuro cercano las relaciones de EE UU con el Gobierno de Cuba”.

De darse, explica, una transición como la que está llevando a cabo en Caracas “es posible especular que se podrá manejar la venta de níquel y de cobalto de forma similar como se maneja la venta de petróleo en Venezuela y asegurar que el dinero de las ventas se acumule en cuentas bancarias que en un futuro se utilicen para pagar las demandas de los dueños de las minas”.

Pitt, que aún mantiene la esperanza de que la entrada de capital estadounidense permita dar alas a pleitos como los de su propia familia, al amparo del Artículo III de la Helms-Burton, dice que “es posible que también sea necesario aplazar los reclamos de los dueños en las Cortes Federales, como han hecho todos los presidentes desde Bill Clinton”.

El mes pasado, en declaraciones a este diario, el empresario proponía, más que presionar para impedir la llegada de capital estadounidense, abrir una vía de negociación. “Tengo esperanza de que, si Gillon acaba metida en la minería de Cuba, y una compañía americana vuelve a trabajar las minas, podríamos establecer una forma de royalty payment’, afirmaba.

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