La llegada de la papa alborota un barrio habanero en plena Semana Santa

Las colas para comprar el tubérculo desbordaron los puestos de venta de la capital

Lo primero que hay que esquivar es la zanja que atraviesa la cola. Si se va en chancletas o con los zapatos rotos, es probable que el agua pestilente se escurra entre los dedos. (14ymedio)
Lo primero que hay que esquivar es la zanja que atraviesa la cola. Si se va en chancletas o con los zapatos rotos, es probable que el agua pestilente se escurra entre los dedos. (14ymedio)
Juan Diego Rodríguez

08 de abril 2023 - 20:10

La Habana/Llegó la papa. Esa frase, colgada en un cartel de la bodega o gritada en medio de un solar, basta para poner a los cubanos en pie de guerra. El hambre, el desabastecimiento y la posibilidad de llegar en último lugar a una cola robusta, interminable, son suficientes para crispar a cualquiera. Sin embargo, con la papa hay un factor adicional: hay que vigilar el camión y perseguir, más rápido que los demás vecinos, al preciado tubérculo.

Quien se enfrenta a la cola conoce la rutina: una bolsa o carrito, el teléfono celular bien cargado, agua y alguna pastilla para tranquilizar los nervios, aunque esto último es ya casi imposible de conseguir. Ya hay un grupo considerable de compradores en la calle Arango, en Luyanó. Ahora, todo es cuestión de suerte y mucha paciencia.

Cuando los ojos se adaptan al sol y el cuerpo ha encontrado un lugar bajo la sombra –sin descuidar el turno, siempre en disputa por "despistados" que aspiran a colarse–, se puede apreciar mejor el panorama destartalado de Arango, los toldos remendados varias veces y las paredes descascaradas.

Lo primero que hay que esquivar es una suerte de zanja que atraviesa la cola pues, si se va en chancletas o con los zapatos rotos, es probable que el agua pestilente se escurra entre los dedos. La gente que ya se acerca al mostrador, sobre todo personas mayores y coleros de profesión, comenta con indignación que el precio "en la calle" rebasa ya los 250 pesos por libra.

La papa racionada, que el Estado vende a 11 pesos cada libra, tiene muy mala calidad. Una anciana olfateó el tubérculo ante la mirada impasible del vendedor y no disimuló el asco. "Qué mal huelen", espetó, colocando de vuelta a su lugar la papa arrugada y todavía manchada de tierra.

La mayoría de los clientes sueñan con preparar papas fritas, uno de los "manjares imposibles" en la mesa cubana, pero sólo si consiguen el aceite

En el puesto de venta de San Miguel, entre San Nicolás y Manrique, en Centro Habana, los trabajadores aprovecharon el Viernes Santo y declararon que solo iban a abrir hasta el mediodía. "¡Vamos a despachar 50 turnos!", zanjaron, "ni uno más".

La mayoría de los clientes sueñan con preparar papas fritas, uno de los "manjares imposibles" en la mesa cubana, pero sólo si consiguen el aceite. Otros, la hervirán para elaborar alguna otra receta. Algunos, sin embargo, intentarán revender mucho más cara la cantidad que alcancen a comprar.

Cuando el sol agresivo de Centro Habana va cediendo, uno de los afortunados vuelve a su casa casi bailando, con una modesta bolsita en sus manos, e improvisa un reguetón: "¡Papa! ¡A comer puré de papa!".

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