Donde pasaban los trenes ahora solo crece la mala hierba
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Las vías abandonadas de Sancti Spíritus reflejan el deterioro del transporte en Cuba
Sancti Spíritus/Los raíles todavía están allí, aunque es necesario buscarlos debajo de la maleza. La hierba alta, la basura y los pedazos de hormigón han ocupado la antigua vía férrea que atraviesa esta zona de la ciudad de Sancti Spíritus, mientras alrededor continúa la vida de un barrio que parece haberse acostumbrado a convivir con el abandono.
Permanecen los rieles, un andén deteriorado y el cartel de La Rampla, nombre del antiguo apeadero situado en la línea que salía hacia el este desde la estación central, pero falta aquello que daba sentido a toda la infraestructura. No hay locomotoras, vagones ni trabajadores reparando el trazado. En el espacio dejado por los trenes solo avanzan las malas hierbas.
La escena no solo es consecuencia de la actual crisis de combustibles, sino del deterioro acumulado del transporte ferroviario, afectado además por el envejecimiento de las locomotoras, la falta de piezas de repuesto y el mal estado de las vías. Muchos ramales que durante décadas comunicaron pueblos, centrales azucareros, almacenes y zonas agrícolas han reducido sus operaciones o han dejado de utilizarse por completo.
Cuando desaparece el servicio también se retiran la vigilancia y el mantenimiento. Después llegan el saqueo y el desmontaje de los materiales que todavía conservan algún valor. Las denuncias sobre el robo de componentes ferroviarios han sido constantes durante años.
La prensa oficial ha documentado el saqueo de traviesas de hormigón, tornillos, barandas y guardacarriles. Algunos materiales se venden en el mercado informal, mientras otras piezas terminan siendo utilizadas en corrales para cerdos.
También van desapareciendo las señales que advierten sobre curvas, pasos a nivel, apartaderos, puentes y puntos kilométricos. Se han reportado asentamientos donde numerosas viviendas incorporaron materiales extraídos de las vías férreas. Vecinos de distintas provincias aseguran, además, que las antiguas traviesas de madera se emplean como leña o para producir carbón, frente a los insoportables apagones.
Cuando los trenes regresen, si alguna vez lo hacen, no bastará con poner en marcha las locomotoras. Habrá que limpiar kilómetros de maleza, sustituir traviesas desaparecidas, reponer señales, reconstruir puentes y tender de nuevo tramos enteros de vía saqueados o vencidos por el abandono. La parálisis no solo ha suspendido el servicio, también va destruyendo, pieza por pieza, las condiciones materiales necesarias para recuperarlo.