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En Cuba las piscinas son para los atletas, los demás a bañarse por los 'yaquis' si quieren nadar

Las albercas públicas, fuera de las instalaciones turísticas, han dejado de brindar servicio

Piscina del Estadio José Martí, en la Avenida de los Presidentes, en La Habana. (14ymedio)
Natalia López Moya

26 de junio 2021 - 15:30

La Habana/Yoslán Suárez aprendió a nadar en Bolivia, un país sin mar. Salió de la Isla en una misión oficial deportiva y en el país andino se inscribió en clases de natación para cumplir su viejo sueño. Saber dar algunas brazadas le salvó la vida en un río del Darién cuando siguió rumbo a Estados Unidos, pero otros nacidos en la Isla siguen sin saber siquiera flotar.

"Mi padre intentó enseñarme a nadar en seco porque a mí ya me tocó la época en que la mayoría de las piscinas de La Habana estaban secas o tan llenas de gente que era muy difícil practicar", cuenta Suárez a 14ymedio. "Pero qué va, aunque me armó un banco estrecho para que me acostara a todo lo largo y aprendiera a mover los brazos, otra cosa es cuando estás en el agua".

Cerca de la casa de Suárez existía un complejo de piscina perteneciente al Pontón, una instalación deportiva ubicada en las calles Oquendo y Manglar, en el municipio de Centro Habana. El centro contaba con dos piscinas, una para la natación y la otra para el clavado, esta última con un trampolín de diez metros de altura. Pero hoy son solo huecos llenos de basura y de las aguas que fluyen con la lluvia.

El centro contaba con dos piscinas, una para la natación y la otra para el clavado, esta última con un trampolín de diez metros de altura. Pero hoy son solo huecos llenos de basura y de las aguas que fluyen con la lluvia

"Aquí aprendimos a nadar mi hermana y yo", cuenta una mujer de unos 50 años a las afueras del Pontón, donde pasea con su perro, como suele hacer ahora mucha gente. "Ya casi no se practican deportes aquí, a no ser algunos atrevidos que vienen a correr, aunque se juegan un tobillo porque el terreno está sucio y muy desigual", dice.

"Ninguno de mis tres nietos sabe nadar", lamenta. "Ahora mismo todas las piscinas están cerradas por la pandemia y antes de esto la única opción era ir a la costa y aprender ahí, pero es peligroso", advierte. "Mis hijas tampoco aprendieron, yo creo que yo fui de la última generación en que casi todo el mundo si se caía al agua sabía por lo menos no hundirse".

En una Isla con miles de kilómetros de costa sorprende la distancia que separa a muchos de los conocimientos básicos sobre el mar. Balseros que se lanzan a atravesar el estrecho de Florida sin salvavidas, bañistas que solo pueden quedarse en la orilla de la playa porque "cuando no dan pie hay que irlos a rescatarlos", lamenta Joao, un residente de la playa Guanabo, al este de La Habana.

"Antes veías competencias de nado aquí, la gente que venía improvisaba, pero ahora muchos no salen de la arena y a cada rato hay noticias de que un joven se ahogó a pocos metros de la costa", añade. "Nosotros tenemos suerte de vivir en una zona de playa y de poder practicar en el mar desde chiquitos, pero en la medida que te alejas de la playa menos gente te encuentras que sabe nadar".

Recuerda que a finales de los años 90, cuando el país salía de los años más difíciles del Período Especial "todavía quedaban lugares donde aprender y buenos profesores de nado, pero hasta eso hemos perdido"

Joao cree que "se ha perdido la posibilidad de enseñar a los niños en las piscinas y sus propios padres no pueden enseñarles porque no saben tampoco". Recuerda que a finales de los años 90, cuando el país salía de los años más difíciles del Período Especial "todavía quedaban lugares donde aprender y buenos profesores de nado, pero hasta eso hemos perdido". En su opinión "esto no solo tiene que ver con el deterioro de las piscinas sino con todas las prohibiciones que hay con el mar. Hay mucho control y la gente no puede practicar en ciertas zonas, mar adentro".

Las albercas públicas, fuera de las instalaciones turísticas, han dejado de brindar servicio. El subdirector del Centro Deportivo Camilo Cienfuegos, ubicado en Primera Avenida entre 8 y 10, en El Vedado así lo confirma a este diario. "Los entrenamientos están parados desde el covid", responde el funcionario vía telefónica a un padre deseoso de que su hija se inicie como nadadora. Pero, antes de la pandemia, "la piscina llevaba rota meses", puntualiza.

Para los niños que se están entrenando en el triatlón, una cantera de la que salen muchas veces los estudiantes para la Escuela de Iniciación Deportiva Escolar (EIDE), tampoco lo tienen fácil. La madre de uno de estos atletas cuenta que la profesora de natación cita a los menores "en Miramar, para practicar en la zona de los yaquis [rompeolas de concreto]".

"Es un lugar que no tiene las mejores condiciones, pero es lo que hay", considera la mujer. "Las piscinas que construyeron para los Juegos Panamericanos (1991) pasan la mayor parte del tiempo vacías y cuando funcionan son solo para deportistas consagrados; a los que empiezan les toca aprender y entrenarse en la costa".

"Pero no solo son las piscinas las que faltan, te vas a una tienda y casi no hay implementos para nadar. Las gafas, los protectores de nariz, las cremas solares y las trusas más modernas solo te las encuentras en el mercado negro y con muy poca variedad. Puedes comprarte más fácil un abrigo que un traje de baño".

Las dificultades no solo son para los que quieren aprender a nadar como herramienta de sobrevivencia, sino especialmente para quienes buscan llegar al podio de alguna competición internacional. Lejos quedan aquellos años finales del siglo pasado en que recogían preseas figuras como Rodolfo Falcón, Neisser Bent, Mario González, Gunter Rodríguez, Ana María González, Imaday Núñez, Marcos Hernández y Pedro Carrio.

"Vinieron tiempos muy malos en que muchos entrenadores capacitados terminaron por alejarse de los entrenamientos para dedicarse a otras cosas", reconoce para este diario Fernán de la Osa, Papucho, profesor durante varios años para niños y jóvenes que soñaban con formar parte del equipo cubano de natación.

La infraestructura de la escuela Marcelo Salado y el Complejo de Piscinas Baraguá se deterioraron mucho y aunque a este último "le hicieron una reparación capital hace unos años", la interrupción de los entrenamientos en sus instalaciones le cerró el camino a muchos jóvenes con potencial", opina. "Ahora no hay más de 2.000 niños y adolescentes inscritos para clases de natación en todo el país y eso apunta a un futuro complicado para la disciplina".

La reparación capital de Baraguá dista mucho de cumplir las expectativas de los atletas que siguen logrando entrenar en el complejo. "Da vergüenza, con filtraciones, problemas eléctricos, la mayoría de las duchas con desperfectos", describe una joven nadadora que intenta esquivar los obstáculos y seguir con su empeño de competir por la Isla en algún certamen.

"Todo lo que ha pasado ha influido en la caída de las marcas personales de casi todos los atletas que conozco, cada vez tenemos menos finalistas en las competencias internacionales y, claro, menos premiados", detalla. "Pero lo peor es que cada vez hay menos niños que puedan llegar a aprender y a entrenar lo suficiente para ser nuestro relevo en esto".

En las últimas semanas, más de una decena de cubanos han perdido la vida en situaciones vinculadas con el mar o la crecida de un río. Tres adolescentes arrastrados por la corriente en Holguín y varios desaparecidos en el mar al romperse una balsa rumbo a Estados Unidos han destapado las alarmas de muchos padres, aunque saber nadar no es garantía de nada en esas situaciones tan extremas.

Los últimos datos oficiales de muertes por ahogamiento en Cuba son de 2019, cuando la Organización Mundial de la Salud recopiló cifras de todo el mundo para un informe que difundió en el marco de un congreso internacional destinado a abordar los ahogamientos como causa importante y prevenible de mortalidad. Aquel año murieron en Cuba 262 personas, una tasa de defunciones del 2,2 por cada 100.000.

Esa cifra queda muy por debajo de países como Rusia (7,8) o Tailandia (7,3), pero también por encima de la mayoría de países de Europa occidental (Reino Unido llega al 0,8 y España al 0,9) y EE UU (1,5). O, más en su ámbito comparativo, de Jamaica (0,7) o Puerto Rico (0,8).

El Gobierno aseguraba en un balance de la situación que entre 1987 y 2014 fallecieron 8.367 personas por ahogamiento en Cuba, una persona cada 19 horas y 41 minutos

El Gobierno aseguraba en un balance de la situación que entre 1987 y 2014 fallecieron 8.367 personas por ahogamiento en Cuba, una persona cada 19 horas y 41 minutos. Sin embargo, a su juicio la cifra era irreprochable y se debía, como todo lo "bueno", al líder de la Revolución.

"A diferencia del resto del mundo, en Cuba hay menos defunciones por la impronta del Comandante en Jefe Fidel Castro que planteó que, como esta es una isla rodeada de agua y además existen muchos espacios acuáticos como ríos, lagunas, y presas, cada cubano debía aprender a nadar desde edades tempranas", decía un artículo de 2019 publicado por la Agencia Cubana de Noticias que contrasta con la realidad, según cuentan los padres.

"Esto tiene que ser como aprender a caminar o aprender a cruzar la calle. En una Isla debería estar incluida la natación como una asignatura en todas las escuelas primarias y secundarias", añade la madre del pequeño atleta de triatlón. "Aquí no se sabe cuándo hay una inundación o cuándo un hijo se te monta en una balsa para emigrar, yo quiero dormir un poco más tranquila y al menos saber que sabe nadar".

Pero la mujer es escéptica. "Yo misma no sé y no creo que vaya a poder aprender ¿En cuál piscina? ¿Pagando para entrar a la de un hotel con la mitad de mi salario mensual?". En unos días, su hijo volverá a los entrenamientos cerca de los yaquis de Miramar. Ella lo mirará desde la orilla, junto a otros tantos padres que tampoco saben dar una brazada entre las olas.

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