Con precios de 20 a 50 dólares el bote, Cimex vende en divisas la pintura fabricada en Cuba

Matanzas

La tienda estatal de Matanzas ofrece todos los colores que necesitan las fachadas descascaradas de la ciudad; solo faltan los clientes

Tienda La Casa del Pintor, conocida popularmente como El Fuego, en la ciudad de Matanzas.
Tienda La Casa del Pintor, conocida popularmente como El Fuego, en la ciudad de Matanzas. / 14ymedio
Julio César Contreras

17 de agosto 2026 - 07:11

Matanzas/La dependienta extiende el brazo hacia los anaqueles repletos de cubetas de pintura como quien muestra una colección de piezas valiosas. Blanco, negro, terracota, amarillo. En la tienda La Casa del Pintor, conocida popularmente como El Fuego, en la ciudad de Matanzas, hay colores suficientes para imaginar una urbe distinta a la que espera apenas se cruza la puerta: fachadas descascaradas, paredes comidas por la humedad y viviendas a las que hace años no se les pasa una brocha. El establecimiento, perteneciente a la Corporación Cimex, vinculada al conglomerado militar Gaesa, parece más un museo de la pintura que una tienda destinada a venderla.

"Aceptamos pago en dólares en efectivo y por transferencia", explica la empleada, un tanto sorprendida por la llegada de un cliente, cuando atender compradores debería formar parte de su rutina. "Sí puedo garantizarle la óptima calidad y buen rendimiento del producto", añade. Después confiesa, sin embargo, que ella tampoco ha podido comprar una cubeta para darle aunque sea una mano a la fachada de su casa.

La explicación está en unas pequeñas pegatinas colocadas en los estantes. Los precios oscilan entre 20 y 50 dólares, según el color y el tamaño del recipiente. Una cifra que ayuda a entender por qué, durante las ocho horas que permanece abierto, el local está prácticamente vacío.

El establecimiento, perteneciente a la corporación Cimex, vinculada a Gaesa, parece más un museo de la pintura que una tienda destinada a venderla.
El establecimiento, perteneciente a la corporación Cimex, vinculada a Gaesa, parece más un museo de la pintura que una tienda destinada a venderla. / 14ymedio

"Quienes han podido comprarla me han confirmado que fija muy bien en las paredes. Yo tendría que reunir cuatro salarios para poder probar la más barata", lamenta la trabajadora.

La escena tiene algo de surrealista. Decenas de cubetas perfectamente alineadas, con sus tapas rojas y sus etiquetas intactas, esperan a compradores que casi nunca llegan. Afuera, Matanzas exhibe una paleta muy diferente: gris de desconchados, verde de humedad y ese tono indefinible que adquieren las paredes después de años sin mantenimiento.

A los clientes tampoco se les permite abrir los recipientes para comprobar el producto antes de llevárselo. Deben confiar en el número de lote, la fecha de vencimiento y la información de la etiqueta. "Es una lástima que, siendo un producto hecho en Cuba, se comercialice en dólares americanos", comenta una clienta que, sorprendentemente, llega a media mañana.  

Desde la calle, El Fuego parece una tienda destinada a los nuevos ricos, aunque dentro el aire acondicionado poco puede hacer durante los apagones. La puerta permanece abierta, pero muchos transeúntes ni siquiera giran la cabeza. Saben de antemano que lo que se vende detrás de los cristales no está pensado para sus bolsillos.

"Quienes han podido comprarla me han confirmado que fija muy bien en las paredes. Yo tendría que reunir cuatro salarios para poder probar la más barata"

"Ciertamente es una falta de respeto a la población, sobre todo en este barrio de La Marina, que se está cayendo a pedazos", protesta Argelio, vecino de la zona. "Ahí nada más puede comprar la gente que tiene familia en el extranjero o los que manejan negocios gordos. Mientras tanto, los pobres tenemos que seguir con las paredes negras de churre".

Jubilado del sector estatal de Comercio y con 67 años, Argelio señala otra peculiaridad. A menos de dos cuadras se vende pintura de vinil en un negocio particular. "El otro día tuve la curiosidad de fijarme y en los dos lugares tienen casi los mismos colores. La diferencia está en que el particular vende la pintura a 3.500 pesos el litro y, como es de suponerse, algo le echan para que rinda más el producto".

También critica que una tienda especializada en pinturas no tenga brochas de distintos tipos ni otros accesorios necesarios para completar el trabajo. La ironía llega al punto de que fue la propia dependienta quien le indicó dónde podía encontrar pintura más barata.

"Como yo vivo de mi jubilación, no tengo dinero para darme el lujo de pintar mi casa con productos en dólares", admite. No obstante, si pudiera hacerlo, asegura, preferiría comprar el recipiente sellado en El Fuego antes que arriesgarse con un producto rebajado o adulterado de los que abundan en el mercado informal.

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