Ante el alza de precios del calzado, los cubanos 'resuelven' con los zapateros remendones

Ahora como arrendados y "con los recursos que aparecen", al menos la ganancia va a parar a sus bolsillos y no al Estado

Los remendones suelen trabajar con el cliente delante. Para ellos, es garantía de calidad y de que no hacen trampas con el material. (Girón)
Los remendones suelen trabajar con el cliente delante. Para ellos, es garantía de calidad y de que no hacen trampas con el material. (Girón)

Las paredes del taller están carcomidas por la humedad. Un tubo de luz fría ilumina la mesa de trabajo, pero no es suficiente. Tres hombres, encorvados sobre suelas y cordones, tratan de no interrumpir su faena mientras la prensa oficial los interroga. Son zapateros remendones de Matanzas, se parten la cabeza tratando de encontrar los materiales y la vida se les hace cada vez más difícil, pero el reportaje que les dedicó Girón este jueves prefiere silenciar esas "nimiedades".

"Antes del triunfo revolucionario, el zapatero remendón era un oficio pobre. La actualidad demuestra todo lo contrario", asevera, triunfal, el diario. Las pocas veces que el texto les da la palabra, directamente, a los trabajadores del taller –ubicado en la calle Manzaneda, entre Milanés y Contreras–, sale a relucir su preocupación por un futuro en que no saben, por la carencia de repuestos, si el oficio sobrevivirá.

En las antípodas de la escena que describe el diario del Partido Comunista en Matanzas, los zapateros cuentan su verdadera historia: "Muchas personas piensan que nos hacemos ricos, y no es real. Los materiales son caros, además del costo de la vida cotidiana en estos tiempos", dice, casi al final del texto, Alexis, uno de los integrantes del taller junto a los hermanos Saidel y Laureano.

Las condiciones del local de Manzaneda son, a juzgar por las imágenes publicadas en el propio diario, sumamente precarias. El mobiliario está destartalado, las cáscaras de pintura caen sobre el suelo, la electricidad depende de los cables empatados varias veces y los aparatos son anticuados y necesitan mantenimiento.

"Muchas personas piensan que nos hacemos ricos, y no es real. Los materiales son caros, además del costo de la vida cotidiana en estos tiempos"

Girón atribuye a los remendones una utilidad "fantástica", pero no se refiere al contraste entre el salario de los cubanos y la imposibilidad de acceder a un calzado nuevo y de calidad. La causa de que el remiendo sea cada vez más popular reside en el "alza constante de los precios" que colocan los particulares a los zapatos "de estreno".

Un par de tenis –el calzado por antonomasia del cubano– puede costar actualmente hasta 5.000 pesos, si es de imitación. Un adorno o una mejor apariencia del calzado aumenta el precio hasta los 6.000. Pero si es de marca, la cifra se dispara hasta los 25.000 pesos. En cuanto a los reparadores, un trabajo sencillo –pegar una suela, por ejemplo– cuesta alrededor de 200 pesos.

"No abusamos, el precio es adecuado", insiste Alexis, que trabaja, como admite el periódico, en un cuarto "semioscuro". La mayoría de los remendones aprendió el oficio en talleres de zapatos ortopédicos. Allí se entrenaron para elaborar un tipo de calzado que se ajuste a los requerimientos de personas con discapacidad, en colaboración con el Ministerio de Salud Pública.

"No siempre el cliente queda satisfecho. A veces regresan, se quejan de que el trabajo no quedó como deseaban"

Sin embargo, como lamenta Laureano, tuvieron que abandonar el trabajo y comenzar a trabajar el remiendo "común", como lo llama. Ahora como arrendados y "con los recursos que aparecen", al menos la ganancia va a parar a sus bolsillos y no al Estado.

El propio taller de Manzaneda comenzó con el arreglo de ortopédicos, pero pronto se acabaron los materiales. "Esta especialidad en nada se parece a la del zapato común, sin restarle importancia a este último, que también debemos repararlo con rigor y calidad", aseguran. No obstante, desde hace seis meses ganan más dinero dedicándose al calzado regular.

Los remendones suelen trabajar con el cliente delante. Para ellos, es garantía de calidad y de que no hacen trampas con el material. A menudo, afirman, ni siquiera eso basta. "No siempre el cliente queda satisfecho. A veces regresan, se quejan de que el trabajo no quedó como deseaban. De la insatisfacción pasan a la incomodidad", lamentan. Entonces no queda otra opción que devolver el dinero.

Con la pobreza absoluta de la Isla, ha habido un repunte de solicitudes en el taller. Nadie puede darse el lujo de comprar zapatos nuevos y vienen a hacer el tercer o cuarto arreglo en pares que ya tienen muchos años de uso. "Decenas y decenas de personas solicitan nuestros conocimientos para que sus calzados extiendan su vida útil, a pesar de que se dificulta obtener materiales para hacerlo", dicen, mientras el periódico señala el culpable: la "galopante crisis mundial".

Amplias naves, cámaras de seguridad y ningún obstáculo en el suministro caracterizan a los talleres de Camajuaní, la meca del calzado cubano

El taller de Manzaneda no puede ser más distinto de las eficientes zapaterías privadas de Villa Clara, donde el Gobierno cubano ha dado el visto bueno a una serie de "nuevos ricos" dedicados al calzado. Amplias naves, cámaras de seguridad y ningún obstáculo en el suministro caracterizan a los talleres de Camajuaní, la meca del calzado cubano.

El propio Miguel Díaz-Canel, además de varios ministros y funcionarios de la cúpula, han dado su bendición a los negociantes afiliados al Fondo Cubano de Bienes Culturales. Una red de intercambios que se extiende de Villa Clara a La Habana, y de ahí a México y Estados Unidos, cuenta con el visto bueno de inspectores y miembros del Partido.

Estos zapateros, muy distintos de los remendones de Matanzas, también aparecen en el periódico. Son los adalides del "emprendimiento" que lava la cara al régimen y sí facturan en dólares y MLC (moneda libremente convertible), en cantidades con las que solo sueñan los obreros del taller de Manzaneda.

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