El fin de los precios topados trae en Matanzas más inflación que liberalización

Cuba

Los comercios privados tienen tarifas distintas para un mismo producto y los clientes recorren varios establecimientos antes de decidir qué comprar

"Los clientes solo vemos que el litro de aceite ayer estaba en 1.300 pesos y hoy cuesta 1.500. Pero no sabemos cuánto le cuesta al dueño del negocio poner ese pomo ahí".
"Los clientes solo vemos que el litro de aceite ayer estaba en 1.300 pesos y hoy cuesta 1.500. Pero no sabemos cuánto le cuesta al dueño del negocio poner ese pomo ahí". / 14ymedio
Julio César Contreras

08 de julio 2026 - 11:48

Matanzas/"La semana pasada compré la mortadella aquí mismo a 550 pesos. Ya hoy la están vendiendo a 680, y cuando yo venga de nuevo es posible que ya esté por encima de los 700", protesta Silvia sin apartar la vista del refrigerador donde descansan los embutidos. Los cubanos se habían acostumbrado al tope de precios, decretado en 2024 para seis productos de primera necesidad, y ahora asisten atónitos a un baile de cifras más propio de la elevada inflación que del libre mercado. 

Con 500 pesos más en la cartera de lo habitual, Silvia salió este martes de su casa en Pueblo Nuevo (Matanzas) decidida a enfrentar una nueva jornada de compras. No era optimismo lo que la empujaba, sino prevención. "Los precios se han descontrolado por completo al permitir que todo el mundo imponga su ley. Cada vez que ponen o quitan una medida, quien sale perdiendo es el pueblo, aunque en los discursos digan lo contrario", lamenta.

La primera parada en su ruta por conseguir el mejor precio antes de que cambie fue un establecimiento de la zona en el que las estanterías se veían bien abastecidas de galletas, conservas, aseo personal y bebidas. Sin embargo, las pequeñas etiquetas escritas a mano que exhibían mostraban cifras que parecían haber cambiado apenas unas horas antes. Detrás del mostrador, una joven dependienta aguardaba a los clientes mientras una larga hilera de paquetes de salchichas colgaba junto a las confituras y los detergentes. 

La rutina se repite en numerosos barrios matanceros: el cliente pregunta, escucha el precio, hace una pausa, calcula mentalmente y, muchas veces, continúa caminando hacia el siguiente negocio

Tras salir sin comprar, Silvia entra en otro pequeño comercio apenas cruzando la calle. Desde la acera puede verse un mostrador sencillo, varias cajas de huevos apiladas junto a la entrada y los estantes cargados de productos importados. La rutina se repite una y otra vez en numerosos barrios matanceros: el cliente pregunta, escucha el precio, hace una pausa, calcula mentalmente y, muchas veces, continúa caminando hacia el siguiente negocio.

"El problema es que a cada producto le suben 50 o 100 pesos y cuando uno va sumando, tiene que elegir entre comprar medio cartón de huevos o tres libras de arroz. Esto así no hay quien lo aguante", resume Silvia mientras guarda nuevamente el dinero en la cartera.

Donde los precios de los cárnicos refrigerados se mantienen relativamente estables es en aquellos comercios que todavía sufren de lleno los apagones y no disponen de paneles solares ni plantas eléctricas. La necesidad de vender rápido mercancías que pueden echarse a perder obliga, en ocasiones, a contener los aumentos.

"Acabo de comprar un paquete de salchichas en 680 pesos. En el local de al lado estaban a 640, pero según la dependienta llevaban más de 48 horas sin corriente", cuenta Ignacio después de salir de una mipyme donde apenas funcionaba un ventilador alimentado por una pequeña batería. Desde hace semanas, reconoce, antes de preguntar por un producto observa si el establecimiento tiene las luces encendidas. "Eso ya te dice mucho sobre cómo pueden estar manejando la mercancía".

Para este matancero, responsabilizar exclusivamente a los emprendedores de la nueva escalada de precios simplifica demasiado una realidad mucho más compleja. "Los clientes solo vemos que el litro de aceite ayer estaba en 1.300 pesos y hoy cuesta 1.500. Pero no sabemos cuánto le cuesta al dueño del negocio poner ese pomo ahí, con apagones, transporte caro, combustible escaso y un dólar que no deja de subir", reflexiona.

Ignacio tampoco absuelve completamente al sector privado. Cree que algunos comerciantes aprovechan el nuevo escenario para aumentar sus márgenes de ganancia, pero insiste en que hacerlo es apenas una parte del problema. "El Gobierno es el primer factor que le produce pérdidas a los particulares, directa o indirectamente. Aunque muchos emprendedores quisieran mantener precios competitivos, terminarían quebrando".

"Me cuesta trabajo entender que un paquete de galletas tenga distintos precios en cuestión de pocos días"

La eliminación de los topes a los seis productos hasta ahora protegidos –las salchichas, la leche en polvo, las pastas alimenticias y el aceite– ha contagiado al resto, provocando que también suban los que no tenían tope estatal, como las bebidas, las galletas, las confituras y otros artículos de consumo cotidiano.

"Me cuesta trabajo entender que un paquete de galletas tenga distintos precios en cuestión de pocos días", comenta Damaris frente a un kiosco de la Calzada de Tirry, evidenciando las carencias del cubano de a pie en lo que a la ley de oferta y la demanda se refiere. Desde la ventana protegida por gruesas rejas observa los estantes bien surtidos, pero también las etiquetas cambiantes. "Vivo al lado de una mipyme y veo cómo todo sigue subiendo, incluso cuando no ha llegado mercancía nueva. Me parece que algunos mipymeros están contribuyendo de alguna manera a este desorden por miedo a perder sus inversiones".

Su hija, de seis años, le había pedido unas galletas dulces antes de salir de casa. Damaris vuelve a mirar el precio, suspira y decide dejarlos para otra ocasión.

"Tengo que estirar la comida al máximo y dejar el pedacito de carne o el huevo para la niña", confiesa. "Me parte el alma cuando me pide cualquier chuchería y no puedo darle el gusto. Con esta inflación imparable, los ricos se hacen más ricos y los pobres somos más pobres. Ya ni recuerdo cuándo fue la última vez que me tomé un refresco de cola porque comprarlo significa descompletar el dinero para algo más importante".

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