Lo que queda del histórico edificio del ISDi en La Habana
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No hay rastro alrededor de las máquinas que realizaron la demolición, así que no se sabe si las autoridades piensan dejar los restos
La Habana/Sillares, columnas rotas, piedras, arena y polvo. Una gigantesca montaña blanca que se desborda por cuatro calles –Belascoaín, Enrique Barnet, Maloja y San Carlos– es todo lo que queda del histórico edificio que ocupaba el Instituto Superior de Diseño Industrial (ISDi) en La Habana, que fue en un principio, en el siglo XIX, hotel militar y club de oficiales del Ejército español, y pasó por ser sede de la Escuela de Cadetes, Asilo de Viudas y Huérfanos, cuartel del Estado Mayor durante la Primera Ocupación Estadounidense y hasta Ministerio de Salubridad, antes de la Revolución.
Eso, y las palmeras que adornaban el patio central de la escuela, que no fueron taladas y sobresalen entre los escombros como sobrevivientes de un naufragio.
No hay rastro alrededor de las máquinas que realizaron la demolición del inmueble, a principios de este mes, así que no se sabe si las autoridades piensan dejar los restos, como un recuerdo más de La Habana que dejó de existir.
Aquella destrucción era la oficial, pero lo cierto es que el ISDi había estado muriendo poco a poco desde hacía mucho. Las excavadoras solamente tumbaron lo que quedaba del edificio, luego de cuatro años de cierre, derrumbes parciales, saqueos y absoluta desidia institucional.
Los residentes llevaban soportando la degradación de las ruinas del ISDi desde marzo de 2022, cuando el edificio fue cerrado tras detectarse un “fallo arquitectónico” que ponía en peligro a estudiantes y trabajadores. Sin que el Estado hiciera nada por resolver esos “fallos”, en julio de 2024 se desplomó una parte de la fachada interior y, medio año más tarde, en enero de 2025, otro derrumbe parcial dejó a una anciana herida y a cuatro familias sin acceso a sus viviendas.
En octubre del año pasado, las autoridades tuvieron que poner vigilancia, luego de que el diseñador gráfico Esteban Aquino, antiguo alumno del Instituto, denunciara en sus redes sociales, ilustrando su mensaje con fotos, que numerosos documentos de la institución, entre ellos tesis, libros y catálogos, estaban regados en el cercano parque Carlos J. Finlay. De la vieja escuela no solamente se robaron papeles, sino puertas y ventanas, tal y como contaron en su momento a 14ymedio los vecinos.
Que usaran sus huecos de baño y basurero, con las consecuencias de salubridad para el barrio en plena epidemia de arbovirosis, había sido el episodio más reciente de su agonía, antes de que las máquinas terminaran de hacer su trabajo.