La quema ilegal de basura comienza a ahogar a La Habana
Salubridad
Desesperados por la falta de camiones que recojan los desperdicios, los vecinos les prenden fuego
La Habana/Así como han proliferado las montañas de basura en cada esquina de La Habana en los últimos meses, se multiplica ahora su quema ilegal. Al amanecer o al atardecer, de día o de noche, los vecinos prenden fuego a los desperdicios sin ningún recato. Comienzan a ser habituales el humo sobre la capital y briznas negras que caen sobre las cabezas como negativos de copos de nieve, con el consiguiente riesgo para la salud.
“La gente creo que no es consciente de lo peligroso de quemar desechos sólidos”, dice una enfermera residente en Centro Habana. “Pero tampoco tienen otra alternativa. Hay basureros quemándose al lado de casas, de parques, de áreas deportivas, donde sea”.
Otro habanero de Guanabacoa cuenta a 14ymedio que el sábado, regresando de noche a su casa, veía una cortina de humo en todo su recorrido por Vía Blanca. “En algunos momentos del día el olor a quemado es constante”, dice. No solamente en su municipio, cuenta, sino en toda la ciudad, quemar la basura “ya es una práctica generalizada porque los camiones se demoran en pasar o directamente ya no pasan”.
“Mejor el olor a quemado que el hedor de toda esa porquería”, asevera una vecina de Plaza de la Revolución. No hay más remedio que prender candela, dice, para eliminar las moscas.
Desde su alto edificio ve lo que califica de “anillo de Sauron del desperdicio”, en referencia al personaje malvado de El señor de los anillos: distintos basureros que, a falta de camiones para recogerlos por la escasez crítica de combustible, agudizada por el bloqueo petrolero de Estados Unidos desde principios de enero, han llegado a unirse. “El que va desde Factor y Conill se une al de Estancia y Conill, que a su vez se une al de Santa Ana y Estancia, que completa el círculo con el de Factor y Santa Ana”, enumera, y lamenta que desde que las temperaturas comenzaron a subir, el olor es insoportable. Ironizando con el argumento de la novela de J.R.R. Tolkien concluye: “Un anillo para asfixiarlos a todos”.
Hace dos semanas, el diario oficial Cubadebate exponía en un reportaje algunas cifras de la debacle de la recogida de desperdicios: La Habana tiene 10.000 contenedores de basura pero necesita entre 20.000 y 30.000, y tan solo se están recogiendo entre 16.000 y 17.000 metros cúbicos diarios, cuando se llegó a recoger en el pasado entre 25.000 y 30.000.
Uno de los principales problemas, decía el medio citando a funcionarios, no solamente es la falta de combustible sino el mal estado de los equipos: de 106 camiones colectores, solamente trabajan 44. “Estamos entre un 37% y un 44% de disponibilidad técnica, muy por debajo de lo que se necesita”, reconocía Alexis González Inclán, funcionario de Servicios Comunales.
Otro inconveniente es la falta de mano de obra. Hay escaso interés en ser barrendero pues el salario básico que recibían, que hace unos años era atractivo, hoy según González Inclán, “es poco más de 2.000 pesos”, mientras un cartón de 30 huevos cuesta entre 2.000 y 3.000 pesos o 300 una libra de arroz en el mercado informal.
En una reunión sobre el tema, el mandatario Miguel Díaz-Canel criticó a sus cuadros por no haber actuado con mayor celeridad antes de que el problema alcanzara los niveles actuales. El gobierno de La Habana presentó 49 medidas para enfrentar los montones de basura acumulados, pero hasta el momento la realidad es que no se ha visto que se concrete ninguna, ni en papel ni en la realidad.